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lunes, 22 de agosto de 2016

Mármol de vainilla y fresa

¡Ya tocaba una entrada de comida! Aunque a decir verdad, no sé por qué las hago si luego siempre me da hambre y no tengo eso de lo que hablo para poder saciarla. Ays...

En fin, que un día me dio por innovar y busqué una nueva receta para hacer algo que nunca me había propuesto hacer: un mármol. El mármol para el que no lo sepa, aparte de ser una piedra muy apreciada por su alto valor económico pero que no se come, también es una especie de bizcocho -marble cake en inglés- con betas que se logra mezclando ingredientes con diferente contraste de color.
Aquí está mi masa recién hecha y lista para meter en el horno

Normalmente los mármoles son de chocolate y vainilla o algo similar, por lo que la diferencia entre colores es bastante notable, pero en mi caso al no poder comer apenas nada que contenga chocolate, decidí hacer algunos cambios. 
Buena pinta tiene, otra cosa es el sabor...
Tomé una receta original de un bizcocho marmolado que no me pareció muy complicada y cambié las partes de chocolate por partes de fresa. Donde ponía echar chocolate derretido, natillas de chocolate o chocolate en polvo, yo echaba yogurt de fresa y ya que estábamos experimentando, que estábamos también en época y que yo acepto trazas, metí algunas fresas naturales trituradas. No muchas, por si acaso, las suficientes para darle color a la cosa y que el mármol fuese más eso, mármol.

El resultado fue algo así como un bizcocho de color radiactivo (no, es broma, tenía buena pinta a pesar de que no haya mucha diferencia entre colores) y que al parecer gustó a todo el mundo, incluida a mí. Repartimos entre familia y amigos y aunque para potenciar el color podía haber echado un poco de colorante rojo, tampoco quería ponerme a echarle colorantes después de lo natural que me había quedado echando las fresas trituradas.

En foto no se aprecia tanto, pero al natural se diferenciaban mejor los colores, amarillento para la parte de vainilla (esa parte la dejé como en la receta original) y rosita para la de las fresas.

Y el sabor... Era como de fresa natural y un toque avainillado, lógicamente. Pero predominaba la fresa, lo cual a mí en particular me gustó más aún. 

Como veis, probé y salió bien, no tengáis miedo de probar cosas nuevas en la cocina, a veces no funcionan, pero otras veces podemos llegar a sorprendernos. De hecho, tengo ganas de que vuelva a ser época de fresas para poder probar a hacer otro bizcocho de nuevo. Espero que me salga algo similar al menos, porque vete tú a saber dónde eché la receta...

miércoles, 17 de agosto de 2016

Cómo arreglar una ventana corredera que no cierra

Hoy os voy a intentar ayudar con algo que me vino muy bien aprender al mudarme a mi nueva casa: ajustar las ventanas correderas que no cierran bien. 

Las ventanas correderas, al igual que pasa con los armarios correderos o con las bisagras de los mismos armarios, por poner unos cuántos ejemplos, se van desajustando con el tiempo y puede llegar un momento en el que nos den problemas más graves como el no cerrar bien a la primera o el rozar por alguna de sus partes. 

Que un armario no cierre bien o que se abra solo no es un problema excesivamente grave (si es corredero, si no, podrías rebanarte la cabeza), pero siempre va a ser mejor intentar solucionarlo y, por supuesto, siempre va a ser mucho más placentero -y barato- hacerlo por nosotros mismos. 

Al igual que me pasó en su día con el que bauticé como el armario fantasma (pinchad aquí para saber cómo arreglarlo) el cual se abría sólo por arte de magia, esta vez surgió un problema con dos de las seis ventanas de la casa. 

La primera, la de la cocina, parecía haberse desajustado en estos siete meses que llevamos aquí viviendo y al intentar cerrarla, parecía hacerlo más o menos bien; pero cuando tirabas un poco de ella, se abría sola sin apenas dificultad. La segunda ventana, la del cuarto de la música/invitados/estudio/loquesea, directamente no cerraba desde el día en el que nos mudamos. El problema de esta segunda es que parecía que tenía alguna pieza defectuosa, por lo que tenía la impresión de que no iba a poder arreglarla e iba a tener que llamar a un técnico. 

Lógicamente empecé por la que parecía más sencilla de arreglar, la de la cocina. ¿Y qué necesitamos para ajustarla? Una llave allen. 

Seguramente las llaves allen serán de sobra conocidas para vosotros, especialmente si compráis en aquella famosa tienda sueca; pero por si no las conocéis por el nombre, son estas. 
Llaves allen.

No se necesita nada más. Ahora vamos a buscar la pieza de la foto de más abajo y la vamos a aflojar (no quitar, sólo aflojar) hasta que podáis moverla hacia arriba y hacia abajo sin demasiada dificultad. 
Pieza para aflojar y mover de arriba a abajo. 

Se podría considerar esta como la parte más difícil del ajuste, aunque no tiene mayor complejidad que ajustar el gancho de la ventana corredera (en la foto de abajo). Este ganchito tiene forma de garfio y simplemente tenéis que subir y bajar la pieza de la foto anterior hasta que el gancho encaje. Que no quede muy forzado para no dejaros el dedo al querer abrirla y que tampoco quede muy flojo y se abra la ventana con un tirón sin necesidad de usar el cierre. Es un poco aburrido pero igual que con la ventana de la cocina yo tarde, no sé si llegó a un minuto... La ventana del cuarto, la cual aparte estaba más inaccesible, me dio algo más de trabajo. No llegó a diez minutos, las dos están arregladas y yo, casi esperando que se rompa otra cosa para tener que arreglarla, porque al paso que voy... Finalmente descubrí que esta última ventana no tenía ningún problema con las piezas, sino que se habían olvidado completamente de ajustar la pieza y estaba en otro lugar que no le correspondía, por eso no había manera de cerrarla. Lo normal, especialmente teniendo doble ventana es que cierren estas, tanto por preservar el calor en invierno y así ahorrar, como por los mismo ruidos, que como en la zona no son nada escandalosos...
Gancho que debe encajar con la otra pieza. 

¡Ventanas arregladas! 

jueves, 11 de agosto de 2016

Jueves musicales IV - The Corrs

Última entrada, al menos por ahora, de los Jueves musicales de The Corrs. Estas son las doce restantes que tenía programadas y que quería mostraros. Tengo alguna que otra partitura publicada en la misma web aunque son de otros cantantes o grupos. Por si os apetece mirar o revisar incluso alguna de The Corrs, aquí os dejo en enlace con todas las que he podido publicar hasta ahora:



Mientras tanto aquí os dejo como viene siendo ya costumbre, las restantes que quedaban por publicar.  Como ya os dije en la primera entrada, si queréis añadir alguna que tenéis suelta y no queréis abrir una cuenta sólo para eso, si tenéis cualquier mejora, si existe cualquier duda, si queréis pedirme matrimonio (xDD), no dudéis en preguntar, ¿de acuerdo? 

Y también como siempre...

  • En las canciones largas, se omiten las partes repetidas para no hacer la partitura enooooorme con las mismas notas en bucle (sobre todo se nota en principios y finales, al ser en Guitar Pro, los parones repentinos os van a chirriar bastante) pero tenéis todas las variantes y adornos alternativos, simplemente jugad con todos ellos.
  • La mayoría son partituras que Maag publicó en la web de Disfrutaloscorrs, aunque hay alguna que otra mía, la mayoría son de su autoría. 
  • Todas las partituras están abierta a cambios. Si veis que he puesto cualquier burrada, que no suenan del todo bien o que simplemente se podrían mejorar de alguna forma, no dudéis en comentármelo.

Para ver las primeras once partituras, pincha aquí.
Para ver las siguientes doce partituras, pincha aquí. 
Y las siguientes... Pincha aquí.




¡Hasta aquí la cuarta entrega! Ahora sólo falta que The Corrs siga componiendo, porque nosotros siempre estaremos aquí para trasladar su música a papel. 

domingo, 7 de agosto de 2016

Mi "primer" viaje en avión, destino: Islas Canarias

Tal día como hoy pero de hace justo dos años, yo cogía un avión por primera vez en unos... ¿20 años? Me atrevería a decir que quizá fuesen algunos más. Hacía también unos doce que no viajaba a ningún lugar de vacaciones, así que podéis imaginar cómo se encontraba una persona como yo en una situación como esa. 
La primera foto que tomé en todo el viaje: un avión en el aeropuerto. :)

Creo recordar que salimos de casa en plena madrugada, sobre las cuatro o las seis de la mañana. Aquella noche no dormí. Normalmente me cuesta bastante conciliar el sueño, aquellos que ya me conozcáis desde hace tiempo lo sabréis bien. Me cuesta más aún si me tengo que acostar pronto y levantarme temprano, así que me vestí y traté de, al menos, relajarme un poco. 
Ese sería "nuestro" avión.

Entre que era bastante temprano y que siempre había escuchado a los demás decir que en los aviones solían poner el aire acondicionado muy fuerte y el ambiente era más bien fresco, decidí ponerme unos pantalones largos, cogí también una sudadera a pesar de ser pleno Agosto, me lavé los dientes y partimos rumbo al aeropuerto Madrid Barajas - Adolfo Suárez llevados por un amigo de mi padre. 
Una vez en el aeropuerto me sentí como la típica persona de pueblo que ve por primera vez la capital, vamos, lo que yo soy. No sé qué es embarcar, no tenía el placer de saber que podías desplazarte por skate en pleno aeropuerto, tampoco sé lo que es una terminal y ni de broma recordaba cómo era o cómo sonaba un avión.

Ese año me había planteado que, ya de puestos a tirar un poco de la cuerda y salir de vacaciones después de tanto tiempo, podríamos intentar darla de sí un poco más y tratar de montar en un avión. Siempre es más fácil (supongo, porque no lo he vuelto a hacer) irte acostumbrando a viajar en él yendo poco a poco y tratando de normalizar esa práctica, que si no has viajado nunca en uno y te proyectas un viaje a Los Ángeles, lo cual serían unos 10.000 kilómetros y con escalas, yeah!

Yo ya empezaba a delirar, ¿vacas en el aeropuerto? ¡Pues foto!
Pues sí, eran vacas en el aeropuerto...

Y... Sonará extraño, pero hubo algo que me decepcionó un poco del impetuoso avión al que estábamos a punto de subir y es que... ¡Me pareció pequeño! Sí yo, a lo mejor por tener por aquel entonces la perspectiva de una niña de unos... Seis o siete años... Lo imaginaba más grande y esta vez lo sentí más tipo autobús. Sí, ya sé que un avión y un autobús se parecen como el huevo y la castaña, pero no me impresionó tanto, al menos en el tamaño, como creía que me iba a impresionar.

Perfecto, asientos de tres: papá, mamá y yo y además me tocó ventanilla (yujuuuuuu). A pesar de ser una de las personas más miedosas que podríais llegar a conocer, no le tenía miedo a mirar por la ventana en mi pseudo primer viaje en este trasto, más bien al contrario, quería ver todo y no perderme detalle, aunque sabía que gran parte del viaje sería muy aburrida, demasiado charco de por medio.

¡Ah! ¿Pero que no os había dicho dónde viajábamos aún? Nuestro destino era, ¡Tenerife!


El vuelo resultó ser más largo de lo que me había planteado, unas tres horas y media más cerca de las cuatro. No sé si el que te vayan indicando por dónde vas y cuánto queda para finalizar consigue hacerte el viaje más ameno o por el contrario, te irrita más; pero en los últimos momentos del vuelo, este empezaba a hacerse un poco cansino y hasta aparentemente mareante. No suelo ser una persona que se marea en los viajes, pero supongo que el estrés, el nerviosismo y ese ruido de los motores que tampoco recordaba de la otra vez debieron hacerme algo de mella.

Todo se disipó al llegar. ¡Por fin en tierra! E incluso en el mismo aeropuerto (Tenerife Norte) empezamos a sentir esa 'pegajosidad' que en Madrid no tenemos y que indica que estamos ya cerca de la costa. Eso sí, no tenía muy claro si era por la hora (aunque tampoco estaba segura de qué hora era, ¿a qué hora salió el avión? ¿cuánto habíamos tardado? ¿y la hora menos de Canarias?), por el día o porque Canarias era así, allí no podían hacer mucha gala del típico calor de Agosto.

Da igual, ¿quién necesita el calor de Madrid en Agosto estando en una isla canaria? Yo no. ¡Maletas intactas! Que sepáis que estaba acojonada, ¿por qué a todo el mundo le pierden las maletas en el aeropuerto? Eso sí, en lo del aire acondicionado de los aviones teníais razón, yo me tuve que poner la sudadera y fui la única que no pasó frío en el avión. Con deciros que agotamos las mantas... ¿Y lo del aire acondicionado en los aviones? Yo ni lo sabía. Mención aparte tiene que puedas conectarte a internet desde allí arriba...

Vinieron a recogernos en autobús para ir a Tenerife sur y con ello llegó el primer problema: la conexión de los móviles. Nosotros somos muy cívicos a la hora de respetar las normas y cuando en un avión te dicen que apagues el móvil porque puedes interferir en los mandos del vuelo, aunque te suene igual de extraño que un bocadillo de Nocilla con chorizo, tú apagas el móvil. Luego sólo debes revivirlo y no debería existir mayor problema, excepto si eres como mi madre, tienes un móvil nuevo y no recuerdas el pin. Sobrevivimos con el mío, tampoco fue mayor problema.

El guía del autobús por fin aclaró mi duda con respecto al tiempo en la región:

   - Ustedes verán que aquí hace mucho frío (que nooooo, que no dicen 'muyayo' por mucho que a nosotros nos parezca que un poquito sí...), pero cuando lleguemos a Tenerife sur, verán un gran contraste en las temperaturas, puesto que allí hace muchísimo calor, ¡podemos llegar incluso hasta a los 30 grados!

Bueeeeeenooooo, cuidao', que venimos casi de los 50 a la sombra en Madrid. Así, ¿cómo no me van a parecer adorables los canarios?
Así fue mi primera visión de Tenerife (zona norte), nublado; pero bonito. :)

El viaje fue largo. Además nuestro hotel era el último del recorrido y nosotros tres éramos los únicos que íbamos a parar allí, pero de nuevo en ventanilla, pude ver todo aquello que por fin, era justo como me había imaginado. Que no se ofendan los canarios (en especial los tinerfeños) con lo que voy a decir, pero Tenerife más que una islota turística, me parece un pueblo pequeñito. No hablo de ese pueblo de tus abuelos o tus padres en el que te mueres del asco en verano porque sólo tienes calor y mala conexión a internet, sino ese pueblo al que estás deseando ir cada vez que te dan vacaciones. Tienes mar (eso es evidente, es una isla...), tienes montaña, tienes paisajes verdes que parecen sacados de la propia Galicia. Un cactus por aquí, un aloe por allá (y por allí, y por aquí, y ahora mismo estáis pisando uno, seguro), palmeras con sus plátanos, una casita baja y pintada de un color llamativo separada de todo... ¡Tenéis una puñetera isla paradisíaca malditos! El paisaje es totalmente diferente a lo que yo había visto hasta ahora, aunque eso también es fácil teniendo en cuenta que apenas he viajado. España sí la tengo algo más vista, de norte a sur, aunque del sur me quedan partes muy bonitas por descubrir. Francia con nueve años y Portugal siendo tan pequeña que ni recuerdo cuál era la edad. Prácticamente no habíamos llegado aún y ya me estaba enamorando. No saqué fotos del recorrido más que nada porque en el cristal del autobús probablemente habitaban tribus desconocidas aún para el hombre. Vamos, que aquel cristal tenía mierda por un tubo, todo sea dicho, jajajajaja.

Aún nos quedaba por ver el hotel. Habíamos escogido un hotel que respetaba el aspecto y la estética de la isla y que además estaba situado en una reserva natural. Visto lo visto y escuchada esta descripción, lo raro sería que nos hubiese decepcionado.

Tampoco hice fotos del exterior ese primer día (salió a recogerlos las maletas un botones y me dio bastante corte ponerme a hacer fotos en ese momento). Otro día saqué la GOPRO y la cámara digital vieja de paseo e hice algunas.
Así era el aspecto de la entrada por la zona derecha.
 
A mí y aunque parezca tonto, el ver palmeras y plataneras ya me enamora. Da igual que no tengan frutos, donde yo vivo también hay palmeras (meramente decorativas que esto es Madrid, tampoco le pidamos peras al olmo) y al verlas, me enamoré un poquito del pueblo cuando aún no lo conocía.

Esta zona estaba llena de barrancos y era una zona árida y seca que contrastaba con un campo de golf cercano, el cual por supuesto, resaltaba en color verde. A los lados del hotel había dos fuentes con agüita y unos bancos excelentes para sentarte por la noche a la fresca o para esperar el autobús que te llevaba a la playa por las mañanas. Probablemente el autobús, perdón, la guagua que se ve de fondo amarilla y azul, sea una de esas que hiciera el recorrido del que os hablo. Si no me equivoco, al no estar permitido el baño en la playa que estaba justo en frente del hotel (mucha piedra y un oleaje bastante violento lo hacían bastante complicado) nos llevaban de forma gratuita a la playa de las Américas (¿o era a los Cristianos? Ya no recuerdo...), que era una playa cercana, algo más turística y por supuesto, donde se permitía el baño.
Una fuente en la entrada del hotel.
Y también había un aparcamiento tanto para los canarios que llegasen el coche, como para gente como nosotros, que alquilaba un coche a la llegada. Puede ser incluso que hasta aparezca el coche en la foto, pero he de confesar que no me acuerdo demasiado bien de qué modelo era. Estuvimos barajando tantos que al final nos quedamos uno de gama media color oscuro. No pensábamos salir demasiado del hotel (eran vacaciones de playa, descanso y piscina), pero como este hotel en concreto se suponía que estaba alejado de todo, nos quedábamos más tranquilos si teníamos un medio de transporte para poder visitar algún día el Teide, por ejemplo. ¡Visita obligada!

Probablemente en mi vídeo sobre el viaje a Canarias (ese sí lo subí en concordancia a las fechas en las que fui) podéis ver una imagen similar a la de esta foto. A veces me salía a la entrada a grabar cómo aterrizaban los aviones, ya que estábamos justo al lado del aeropuerto de Tenerife Sur.

Una vez dentro del hotel y camino de nuestra habitación, me di cuenta de que medio de refilón podía ver el mar desde una de las ventanas del hotel, desde donde también podía ser arrastrada por uno de esos vendavales tan comunes por allá. ¿Viento en el sur Tenerife? ¡Qué dices, muyayo...!

Sólo de pensar lo que tiene que ser vivir en una de esas casas que se ven al fondo... Que a ver, mi casa tiene su encanto, pero...
Vista desde la ventana del pasillo del hotel.
Desde esta ventanita mirábamos el tiempo que iba a hacer ese día, cogíamos el bikini y nos íbamos directas a la piscina. Piscina climatizada, eso no era ni medio normal. Como alérgica al agua y ser de los que tienen tiritera nada más meter el pulgar en una piscina, debo admitir y admito que no recuerdo habérmelo pasado tan bien y haber estado tanto tiempo metida en una piscina desde... ¡Nunca!

Si seguías esta misma carretera hasta el final, podías ver toda la cara izquierda del hotel y llegar a la playa de la que os hablé antes, que no permitía el baño; pero sí permitía la belleza y no se sonrojaba si la capturabas en algunas fotos y, quizá, en un par o tres de vídeos cortos. 

La habitación por dentro estaba bastante bien, aunque no saqué fotos de ella hasta el final de nuestra estancia. Lo más destacable, y aunque no era la mejor en este aspecto, eran las vistas. La pequeña terraza estaba entre el sol y la sombra que permitía el enorme árbol situado justo delante y aunque podías ver las piscinas e incluso la playa si te asomabas con ganas, estaba lo suficientemente lejos para no oír el alboroto de la gente y a su vez también, cerca del nacimiento del agua de éstas.

Como veis, había una especie de charca artificial que le daba un toque muy bonito al paisaje y hacía que el ambiente fuese algo más fresco. Se dormía de vicio incluso con las puertas de la terraza cerradas, a pesar de estar ya en el mes de Agosto; pero eso en Canarias no importa. La temperatura es más o menos constante y parecida a lo largo del año, no se dan las dos estaciones que por ejemplo vivimos los madrileños (o un calor que te cagas o un frío que te cagas, ¿acaso hay alguna más?).

Yo, mientras mis padres se dormían la siesta, me sentaba en una de las tumbonas a relajarme, a escuchar los pájaros, a pensar en la vida en plan ducha relajante... A visualizar la piscina de agua climatizada en la que me metería después...

Como veis, la fachada del hotel y de las habitaciones parecía imitar el barro y además tenía algunas zonas redondas por las que se dejaba pasar la luz para que pudieras ver mientras atravesabas los túneles para ir a desayunar. La verdad es que era un hotel curioso cuanto menos, pero a mí era lo que más me gustaba. Además, el hotel fue una elección mía y yo, chicos, como mujer que soy, siempre tengo razón...

Justo a la derecha de la foto había una peluquería, por si te apetecía hacerte algún arreglillo, especialmente se ibas a visitar el segundo restaurante, que era algo más selecto. Más arriba, en otra de las plantas y también a la derecha, teníamos el bar, que alguna que otra noche iríamos a visitar.

Minipunto para quien consiga ver la playa. Y otro más para el que consiga ver la primera piscina, la de agua salada.
Vista que ofrecía nuestra habitación. 

Y si el hotel por el día era relajante, tranquilo y silencioso, por la noche era igual pero con un ambiente de luces muy acogedor. Si salías a caminar fuera y lo mirabas, a lo lejos podías identificarlo como aquel montoncito de salpicaduras de luces ambientales. Yo, no me preguntéis por qué, tengo una admiración especial por las luces de todo tipo (me gustan mucho las luces, las estrellas y similares) y, aunque quizá para otros podría ser demasiado oscuro, era muy agradable a la vista para mí.

Algunas noches salíamos a caminar por los alrededores, otras íbamos rodeándolo y viendo algunas tiendas y bares de alrededor (aunque a decir verdad no había mucho ambiente, lo cual ayudaba a que fuese tan tranquilo) y otras noches íbamos a dar una vuelta con el coche a algún paraje cercano. Una vez allí lo aparcábamos y visitábamos la zona.

Volviendo al hotel, era lo suficientemente grande como para darte algunos paseos, bajar la cena del buffet (muy buena) e incluso entretenerte jugando a algo. Tenía varias plantas y algunas zonas estaban adornadas con pequeñas esculturas.

Tened en cuenta que las fotos están hechas con un iPhone 3, que evidentemente no tenía la calidad fotográfica que podría tener ahora mi iPhone 6 y por supuesto, carecía de flash... Aún así, creo que podéis haceros una idea.
El hotel por dentro. 

El agua también era protagonista, ¡estábamos en Canarias! Además el hotel estaba situado en una reserva natural, era atravesado por un lago natural navegable, tenía ocho piscinas, agua, agua y agua. Y a pesar del viento que comúnmente hacía, como veis, las zonas con agua estaban bastante cuidadas y limpias.

Esta es la entrada. Admito que quizá para los huéspedes que pudiesen llegar por la noche, da una impresión bastante tétrica al asunto, con únicamente algunos puntos y árboles iluminados, pero como en la mayoría de los casos te llevaban a la puerta del hotel, tampoco hay mucho problema. A mí es que ya digo, me encanta...
Oscura y tenebrosa entrada el hotel (por la noche).

¿Ves lo que os decía del salpicón de luces?
El lago navegable. 


* ¡Otro extra de fotos del hotel cedidas por un tal... Chenchito, o algo así... ;)
Gracias.

Parece la foto del catálogo. :O 
Nubes amenazantes...


Una de las cosas que más miedo me daban de viajar (aparte del avión, el salir de mi zona de confort, etc., etc., etc.) era la comida. El no saber hasta qué punto iban o no iban a respetar mis alergias era algo que me asustaba lo suficiente como para estar intranquila cada vez que comía algo. Os pondré el mejor ejemplo práctico de la última vez que tuve que ir a un restaurante... Me pusieron diez platos en la mesa exclusivamente (y cuidadosamente, se supone) preparados para mí. Soy alérgica a frutos secos, verduras, hortalizas y frutas. Pues bien, entre esos platos tuve: Sopa de verduras, ensalada, gazpacho, marisco (plato apto), sirope (con frutas), carne a la plancha (segundo plato apto), tarta (todas llevan frutos secos), un cuenco de frutas especialmente hecho para mí y helado (también todos llevan frutos secos). Me dejo alguna que otra cosa que me ofrecieron y que tampoco podía comer. En serio, si alguien te dice que es alérgico a la fruta y le traes un cuenco de fruta (y como veis no es el único ejemplo en el que literalmente me traían el alérgeno a la mesa), además preparado específicamente, esa persona se acojona. Ahora me lo tomo con humor, pero en ese momento yo creo que me salió algo de urticaria de sólo pensarlo...

En el hotel cada camarero conocía mis alergias y me informaban de todo lo que llevaba cada plato para ver si podía o no podía comerlo. Literal. Cada vez que me veían llegar y sin que yo dijera nada, ya tenían preparado mi pan de alérgica. ¡No sabéis lo que significa para mí poder comer pan acompañando las comidas en un restaurante! El cocinero, Pepe, además de ser un encanto siempre salía a informarme de todo por pequeña tontería que fuese y me contó además que estaban haciendo cada vez más cursos sobre alergias alimentarias y el cuidado que deben tener con ellas y con la posible contaminación cruzada. El día que libraba, dejó de encargado a su segundo y el trato fue exacto. Para que veáis hasta qué punto llegó el cuidado, aún con la de gente que trabaja allí, la cual es mucha, en una ocasión que fui a coger una fajita del buffet, uno de los camareros me avisó de que las fajitas llevaban gluten, por si también era alérgica a él. Conocían todos a las personas alérgicas (éramos dos, aunque el otro era un niño y supongo que se encargarían los propios padres de su cuidado alimenticio) y cualquiera de ellos te advertía de los ingredientes. Incluso se ofrecieron a hacerme la comida que yo quisiese si era necesario porque no hubiese nada en el buffet que me gustase y/o pudiese comer. Y de hecho... Así fue, no es que no me gustase nada de lo que había, pero me dijo tantas veces que si quería una pizza, que al final me picó y uno de los días probé su pizza. Riquísima y tan generosa que comimos los tres con ella. Ahora que lo pienso, me está recordando un poco a una abuela, en el buen sentido, claro. "Cariño, ¿te has quedado con hambre? Espera que te frío un huevo..." Quizá me debería haber quedado allí unos días -meses- más.

Pero lo mejor, lo mejor de todas las comidas eran los desayunos. Todas las mañanas para ir a desayunar, tenías que atravesar unos túneles que hay en el hotel y que me encantaban y después del camino, llegabas al restaurante. Bueno, quien dice después del camino del túnel, dice después del olor embriagador del bacon, para mí es lo mismo.
Túneles dentro del hotel

Yo, sí, yo, ¡podía comer tortitas para desayunar! Y entre lo ricas que estaban y lo poco que a mí me gusta comer, siempre caía mínimo: un zumo de limón que me hacían expresamente porque es la única fruta que puedo comer, unas cuántas tortitas y uno o dos bocadillos de bacon. El primer día no caí en la cuenta, pero el segundo y ya que no podía comer ningún tipo de bollo, me pedía mi pan de alérgica que además estaba recién horneado, metía dentro el bacon y... Me está dando hambre sólo de contarlo.
Desayuno del buffet

Cuando yo y mis cuarenta y tres kilos de peso sorprendentemente teníamos más hambre, me cogía un yogurt de fresa y hacía mi mezcla mágica. Yogurt y sirope de fresa del que todo el mundo echa en los helados o en los postres. Yo como no podía echarlo en un helado, me lo echaba en el yogurt y está buenísimo. Yo y mis mezclas, si para beber me echaba siempre Sprite con Coca-Cola... Ya os digo, si no llego a ser alérgica, con tanto bollo y tantas cosas con buena pinta, yo había engordado. Bueno, no, yo creo que ni con esas. Pero lo habría intentando a base de bien, todo sea por la línea...

Y debido a la oferta de tés supongo que convenientemente ofrecidos para los numerosos huéspedes ingleses, me hice con una pequeña colección que metí en una cajita de tés y que cada vez que abres huele... No me gustan para tomarlos, pero sí me encantan para olerlos.

Siempre había máquinas con agua caliente y cestitas de té, manzanilla, poleo, para que pudieras hacerte uno o llevártelo a cualquier lugar.
Mi colección de bolsitas de té y similares.

Los pájaros (y otros animales) también aprovechaban para ponerse las botas sobre todo en los desayunos y las meriendas. Fuera del restaurante había unas cuántas mesas para que pudieras sentarte al sol -con una sombrilla, por supuesto- y alguna gente solía dejarse los restos de la comida en la mesa, por lo que los pájaros aprovechaban para hacer también su propio tentempié.

De hecho un día una paloma no dudó en meterse en pleno restaurante a ver si conseguía alguna buena pieza. Mi madre y yo cerrábamos puertas por un lado para ayudar a los camareros y ellos mientras, corrían de un lado para otro intentando espantarla. No había manera.
La paloma glotona. 

Casi siempre había animación de algún tipo, especialmente deportiva, en la piscina o para los niños. Una mañana, después del desayuno, nos encontramos a un grupo de niños dando vueltas por el hotel montados en unos ponys.
Paseos en pony

Aquí podéis ver el lago navegable. Saqué algunas fotos en los paseos que hacíamos por las mañanas después del desayuno. Había algunas habitaciones que daban a él. A mí me apetecía mucho surcarlo, pero en mi familia no estaban muy por la labor, desafortunadamente.

Decidme que tanto el hotel como las vistas no son bonitas...
El lago

Este era el bonito segundo restaurante, donde por cada siete días de estancia (justo lo que nos quedamos nosotros) te regalaban una cena. Peeeroo mi familia tampoco quiso ir. Desde fuera se veía bastante bonito y elegante, más aún con el mini lago a los pies, la playa justo enfrente y las lucecitas que lo iluminaban por la noche. Una pena que seamos tan rancios, aunque quizá aquí no habrían sido tan cuidadosos con mis alergias. Nunca lo sabré.
Segundo restaurante

Y por si todo esto fuera poco, dentro del hotel también había un pequeño museo que no vi visitar a nadie nunca excepto a mi madre y a mí y donde te explicaban la vida canaria, sus costumbres, sus antepasados -momia incluida- sus comidas... Aunque fuera pequeño, a mí me gustó bastante. Además tenían televisiones interactivas táctiles en las que podías buscar lo que quisieras, ver los vídeos de las islas...
El museo
Mi amiga la momia.

Otra de las noches nos obsequiaron con un espectáculo de sevillanas bailadas con un caballo que, supongo, haría las delicias de los extranjeros que había allí. También pusieron un mercadillo, trajeron una serpiente... Como he dicho antes, siempre había algo que ver, hacer o algo que llamaba tu atención.
Espectáculo de baile de sevillanas con un caballo.
Mi madre casi se sube otra vez al avión al ver esto...

Luego tenías una biblioteca, aunque había pocos libros en castellano. Algunos en inglés, alemán, ruso... Además yo también había llevado alguno mío que me encargué de devorar en las tardes en la terraza mientras mis padres dormían. Y si te aburrías mucho y tenías algo de dinero suelto, podías usar los ordenadores o la XBOX.

Convencí a mi madre para que jugara contra mí en uno de los juegos de fútbol que había para elegir. Yo nunca había jugado con la XBOX, tengo la PS (la normal, la mítica, la única), la NES (soy vieja...) y la Wii. Fue extraño, pero en seguida le cogí el tranquillo y le empecé a meter goles por doquier a mi pobre madre, que siempre alegaba que el mando ese no le iba bien.
Jugando con la XBOX

Mirad mi dedo, por favor, ¡yo estaba -algo- morena!

Gol de Cristiano. :P

Luego y aunque somos abstemias, íbamos al bar con mi padre a tomar algún refresco sin alcohol o a por 100 Pipers. o.O Si a mí con una...

Yo lo tengo complicado a la hora de experimentar con cócteles, ya que entre mis alergias y que no bebo alcohol, suelo tener pocas opciones. Allí me ofrecieron un mojito sin alcohol, que por el sabor, diría que llevaba limón, lima, Sprite o 7Up, algo de hierbabuena y azúcar. No es que sea el mejor mojito del mundo, pero para mi gusto, mucho mejor que el original, a mí el ron... Además, viene bien para cuando los niños quieren tomar lo mismo que los mayores. Mi madre se pidió un San Francisco, que tampoco lleva alcohol, pero sí lleva fruta. Yo lo probé (admito trazas) pero sabía demasiado a piña para mi gusto. 
Mojito sin alcohol.

San Francisco.

Aquel primer día de vacaciones de Agosto amaneció algo frío en la costa, por lo que condujimos el coche hasta el bonito pueblo de El Médano. Lo pudimos ver un poco por encima, echamos gasolina, vimos algunas tiendas y de paso dimos un pequeño paseo. El pueblo estaba tan cerca que se podía intuir desde el hotel. Detrás de La Tejita (o La Montaña Roja) desde nuestra vista, si no recuerdo mal. A decir verdad, me apasionó tanto aquella montañita que me traje una postal de recuerdo que aún decora mi escritorio. 
Un bar cercano al que le saqué una foto más que nada, por el nombre. 


También nos dio tiempo de ir a ver la zona de la Playa de las Américas, en Arona, antes de ir a comer al buffet de nuevo. Si pudiera haber evitado ir a este lugar, lo habría hecho, no puede ser que en tan sólo una mañana encontrase todo lo habido y por haber relacionado con las Volkswagen. Entraba a una tienda, cosas de Volkswagen, entraba a otra, también... Caí, caí mucho y me compré el llavero que ahora utilizo para las llaves de casa, un separapáginas, una réplica mini... Y ya de paso me compré también una camiseta, que tenía yo ganas de comprarme una allí, un boomerang (muy típico a la venta para los turistas por lo que vi) y las postales de las que os acabo de hablar, que estaban en el paseo marítimo. Algunas me las quedé yo y alguna que otra también viajaron hasta vuestras casas.
Tiendas en Arona, Tenerife.
Playa de las Américas, Arona, Tenerife.


Otro de los días perdonamos el día de piscina y relax para poder ir a ver algo de la geografía tinerfeña y ya que no conocíamos nada, fuimos en plan descubridores. Yo propuse ir a La Caleta. Había leído que era bonita y ya que no íbamos a bañarnos, podía ser interesante verla. Mi padre se perdió -cosa que no suele pasar- y yo (sí, yo) hice de guía sin internet y sin conocer la zona. Entre eso y las indicaciones de los lugareños (e ingleses y alemanes, que seguro que algunos se lo conocen casi mejor que los canarios) llegamos a nuestro destino.  Aparcamos en la calle de La Enramada, enfrente del Hotel Sheraton. Me suena que cerca de esa calle o en ella misma, haciendo esquina, había una zona de juego. O quizá lo he soñado. Lo que sí es bastante preocupante es que, después de dos años me acuerde de todas las calles, nombres de hoteles, zonas y momentos de los lugares que visito. No sé si alegrarme o asustarme, la verdad.

Una vez aparcado nuestro coche de alquiler, bajamos por el Barranco del Agua (¿¡veis lo que os digo!?) dejando el Hotel Sheraton a nuestra derecha y el majestuoso Rui Palace Tenerife y sus cúpulas a la izquierda.
Hotel Rui Palace Tenerife


La playa era un conjunto de rocas puestas unas sobre las otras intentando -y consiguiendo- mantener el equilibrio. Era extraño, pero muy bonito de ver y sobre todo, de fotografiar. Por lo visto, esta expresión artística se llama Stone/Rock Balance y es una curiosa forma para jugar con las piedras y a la vez rebajar el estrés. El secreto está en buscar una buena piedra que haga de trípode y continuar poniendo piedras encima formando una torre. Está relacionado con la meditación y la búsqueda del equilibrio dentro de ti. 

Parecerá una tontería, pero el verlo te anima a intentarlo. Mi madre y yo pusimos unas cuántas y las dejamos allí para el recuerdo. El visitar esta caleta a la hora del atardecer, lo hizo aún más vistoso si cabe. 
Balance rock en La Caleta, Tenerife.

Una de nuestras pequeñas creaciones...
Las olas rompiendo contra las rocas.

Preciosas vistas desde La Caleta.


Por la noche decidimos volver a la Playa de las Américas. Parecía un lugar bastante turístico (quizá demasiado), estaba lleno de gente de fuera que estaba de fiesta y cada dos metros salía música de algún garito. La luna estaba preciosa ese día, aunque era difícil fotografiarla con mi móvil. Aún así, estas imágenes tampoco están del todo mal, sirven al menos para que os hagáis una idea.

Si no me equivoco (y creo que no es así), estas fotos están hechas en la Calle Francisco Andrade Fumero, en la zona del Metrópolis Center. Allí había un espacio un poco metido en la playa, haciendo de mirador a ésta, con unos bancos y desde allí tomé estas fotos con las luces al fondo.
Playa de las Américas por la noche, Tenerife

Como ya dije antes, muchas mañanas seguíamos un camino que había saliendo de la puerta trasera del hotel y que tenía unas vistas fantásticas tanto a La Tejita como a algunos barrancos y puntas (Punta del Jurado, Punta de la Carrera...) y a la playa. Una pena no poder traer también su sonido. 
La playa de enfrente desde nuestro hotel.

Es la misma playa que se ve al fondo del hotel 

Íbamos bastante a menudo a la zona de Las Américas (era la zona donde había más opciones para turistas, para qué lo vamos a negar) para comprar los regalos y recuerdos para la familia, porque había cajeros e incluso uno de los días pillamos puesto un mercadillo donde terminé de fundir mis ahorros. Sí, había más cosas de Volkswagen. Canarios, cómo me conocéis, bribones... Normalmente dejábamos el coche aparcado en las inmediaciones del Mare Nostrum Resort (al ser azul nos hacía muy bien de referencia) y salíamos a caminar por la calle que os dije anteriormente, la del paseo marítimo.
El paseo marítimo de la Playa de las Américas

Siguiendo el paseo podías encontrarte con algunas esculturas como esta, a la altura del Hotel Parque Santiago. Los visitantes alquilaban por meses las casas de la zona y vivían allí gran parte del verano. Incluso vi salir a algunos adolescentes con las tablas de surf para intentar coger algunas olas. Supongo que la gente afortunada existe, pero es que a mí nunca me toca.

Y evidentemente, estando en Tenerife y a pesar de ir a "sólo playa", no podíamos dejar pasar la oportunidad de ver el Teide. Para quienes no lo conozcan, lo cual es extraño pero puede suceder, el Teide es un volcán situado en la isla que estábamos, la isla de Tenerife. Es el tercer mayor volcán de la tierra y forma parte del Parque Nacional del Teide.

Le comenté a mi padre unos días antes de visitarlo que había que pedir cita si querías subir a la cumbre en el teleférico, algo que nos confirmaron después en el propio hotel; pero decidimos ir simplemente a verlo y llegar lo más lejos que se pudiera. Seguro que desde allí podían salir buenas fotos sin necesidad de aguantar esas tremendas colas a la espera del medio de transporte. 

Paramos en algunos miradores antes desde los que sacamos varias fotos...
Mirador a los pies del Teide.


Segundo mirador en el que paramos.

Llegamos hasta el teleférico, pero la mayoría de las fotos las hicimos desde un poco más abajo, donde no molestabas a la demás gente y dejabas pasar a los ciclistas y los autobuses. Muchas incluso las hice desde dentro del coche. Lo importante era verlo y que se me quedase en el recuerdo y eso, como veis, os puedo asegurar que así fue.

Además, me había llevado dos pequeños botecitos de cristal (más o menos de un centímetro, nada exagerado) que quería llenar con algo que me recordara a este viaje. El primer bote lo rellené con pequeñas piedras del Teide.
El teleférico que te lleva directo al Teide. 


El Teide


De vuelta al hotel...


Al volver de nuestra visita al Teide en el coche, nos pasó algo muy curioso. De nuevo yo iba haciendo de guía, mapa de papel en mano, y mi padre, parece ser, no se fiaba mucho de mis directrices, así que paró en un bar a preguntar cómo se iba al aeropuerto sur, que era la mejor localización para guiarnos sobre dónde se encontraba nuestro hotel. Total, que al bajar la ventanilla y preguntarle a una chica cómo se iba al aeropuerto sur, nos contestó:

   - ¿Cómo? ¡No! Al aeropuerto sur no, ¡no se vayan ustedes aún! Quédense un poco más, que Tenerife es muy bonito y estamos deseando que se queden.

¿No es para pedirles para Reyes? Si fuera por mí, en ese mismo instante me habría bajado del coche y me haría ido a vivir a la casa de esa amable desconocida, jajajajaja. 

Una vez de camino, pasamos por otra ruta que yo propuse, los Acantilados de los Gigantes. En realidad yo siempre quiero ir a disfrutarlo y no a verlo, pero mi padre no es muy de remojarse, así que... Me quedé con las ganas, igual que me pasó con el Lago Martiánez, la Playa de la Tejita y algunos otros lagos, playas y paisajes que desde internet tenían muy buena pinta. Aún tengo clavada la espinita de otros viajes por no haber podido visitar el Parque Güell (o Park, no sé cuál es la manera correcta de llamarlo o si la hay) y el Cabo de Gata entre otros... Mi padre es que es más de museos, deberíamos ponernos de acuerdo más a menudo. 

Desde esta zona, la Avenida 5º Centenario, pude sacar algunas fotos. Aunque en realidad estuve más tiempo pensando quién tendría el privilegio de poder vivir en ese lugar (en los pisos grises, por ejemplo) y disfrutar de esas vistas, que sacando fotos. Envidia sana lo llaman. 
Vistas del Barranco de los Gigantes.


Estas fotos son del alrededor del hotel. El día que más kilometraje hicimos paseando por los alrededores decidí llevarme la GoPro para ver qué podía encontrar, por eso la gran mayoría de las fotos, aunque arregladas, tienen ese efecto ojo de pez. 

La playa de delante del hotel debía ser la playa de Los Abrigos, o al menos la zona de playa de Los Abrigos, no sé si esta playa en concreto comparte ese nombre. Quizá para el baño era un lugar peligroso, pero para fotos y vídeos era realmente bonita. Era una playa de piedras negras y partes también con arena dorada y estaba rodeada por un montón de montañas y barrancos e incluso en una zona, había una especie de cala donde vi gente bañándose y jugando con sus perros. Había un lugar en medio de uno de los barrancos con una escalera bastante oxidada que, la verdad, no daba ninguna confianza. Supongo -y espero- que ya nadie la usaba hoy en día. 

Mi segundo bote de cristal fue llenado con esa arena de playa color dorado.

Al igual que el recorrido dirección Teide invitaba a hacerlo montando en bici, este camino en concreto invitaba bastante a salir a correr. Si no llega a ser porque yo simplemente iba una semana de visita, seguramente más de un día me habría hecho algún kilómetro a la carrera. Y ya si me pongo morena, no podría pedir más. Con una escasa semana para conocerlo, preferí disfrutarlo con más calma.

Cuando se acababa la zona de hoteles y comenzabas a atisbar la de apartamentos, la envidia empezaba a corroerme muy poco a poco, pero con una corrosión constante... Seguramente dos años después, los pisos que estaban en plena construcción estarán terminados o puede ser que hasta vendidos. Una pena, no me ha dado tiempo a ahorrar aún...

Esta es la piscina de los apartamentos llamados 11 Holiday Homes. Desde fuera no podían ser más bonitos, pero deberíais verlos por dentro. Y la piscina, siempre vacía, esta gente no sabe lo que es bueno. 
Apartamentos 11 Holiday Homes.
¿Puede ser la piscina de El Guincho?

Simple curiosidad, ¿estarán ya terminados?<3 er="" hotel="" otro="" p="">

Gatito escondido


Una lagartija con su "presa".

Estas son las fotos de los alrededores del hotel, tanto por la parte de los barrancos (el hotel lindaba con el Barranco de la Orchilla) como por la parte contraria a la playa. Lo mejor era que al estar construido algo más alto que los alrededores, podías ver todo desde casi cualquier punto, como por ejemplo la playa de fondo o La Tejita, justo en el centro de la foto. 
Vistas del hotel
Mi madre y yo la llamábamos Avenida Reina Mora. xD

Las Villas del propio hotel.
Para saladas, nosotras...

Último día en Canarias, no me apetecía para nada volver, pero había que hacerlo. Medio en serio, medio en broma, me ofrecieron trabajo en el hotel y entre que a mí me apetecía mucho quedarme (de veras) y que allí siempre necesitan gente y eran tan cercanos, a una le provoca incluso proponérselo. Pero son 4 horas de distancia en avión, lejos de mi familia y nunca sabes lo que eso podría depararte a pesar de la buena pinta que tenía. 
Aloe vera y plátanos por doquier, estos son de dentro del propio hotel.

Gran, gran experiencia que aconsejo a cualquier que quiera tener unas vacaciones inolvidables en un sitio de ensueño. Os dejo por último algunas fotos de la habitación y de alguna zona común, aunque de esas me ahorré sacar la gran mayoría, no me gusta hacer fotos cuando hay gente mirando o a gente incluso a quien pueda sacar y molestar.

Otra miradita a la playa, pasará mucho tiempo hasta que vuelva a tener la oportunidad de verla.

Quiero, perdón, TENGO que hacerme una pulsera en recuerdo a la isla sí o sí. Vi algunas que vendían en el hotel y eran bastante llamativos, pero la verdad es que era muy caras para lo que eran y siendo como soy, siempre preferiría poder hacerlas yo con mis propias manos. También vi otras dentro del hotel, pero fuera de la tienda que eran realmente bonitas y, si no me equivoco, estaban hechas a mano, pero tampoco tenía yo el presupuesto en ese momento para muchos bailes. Así que... Quizá algún día me anime. Me gustaría encontrar algún abalorio que recuerde a las pintaderas para que así realmente me pueda recordar de verdad Tenerife y su encanto. Si alguna vez encuentro algo que me inspire y me animo, lo pondré por aquí, ¡seguro!
El lago navegable del hotel.
Un parque para niños.
Y los baños de las zonas comunes.

Y desgraciadamente, tocaba volver a la rutina, empezar el trabajo y dejar los sueños de playa para quizá otro año. 
Foto del aeropuerto.

Panorama de mi -antigua- habitación recién llegados... El desastre. 
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Regalillos para todos.
Mis recuerdos. 


EXTRA: Unas fotos que me ha cedido mi padre que también hizo una tarde en, si no me equivoco, La Tejita o El Médano mientras nosotras disfrutábamos de la piscina del hotel. También hay alguna de la zona del Teide y, por supuesto, del Drago. ¡Que las disfrutéis!