Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta Recetas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recetas. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de abril de 2017

El libro de recetas de la abuela

Mi madre siempre me ha contado que, cuando empezó a salir con mi padre e iba a comer a casa de su suegra, ella cocinaba platos diferentes y muy ricos en los que además se esmeraba dándoles una perfecta presentación. Por ejemplo, si hacía una ensaladilla rusa, la adornaba con zanahoria cortada en forma de flor o de corazón o si el plato era de cuchara e iba bien con el plato podía echar un poco de perejil para darle un poco de color; etc.

Yo creo que mi abuela debería haber sido cocinera, pero claro; en los años veinte, años en los que nació; eso no se estilaba y terminó siendo lo que eran todas: ama de casa. Es cierto que el haber sido ama de casa le ha dado una buena oportunidad para practicar (y mejorar) en la cocina, si es que esto último le hacía falta, pero claramente no es lo mismo.

Cuando sus nietos ya habíamos nacido y éramos relativamente mayores (la nieta más pequeña tiene dos años y pico menos que yo y la más mayor, dos y pico más), siempre nos ofrecía meriendas diferentes: palomitas, cortezas (todo hecho de forma casera, claro), tortitas con azúcar, bizcocho de limón... Y esto ocurría principalmente todos los Domingos, que era el día oficial en el que la familia paterna se reunía a comer paella. Paella de mi abuela, claro...

Creo que todos, grandes y pequeños, teníamos nuestras comidas favoritas del recetario de mi abuela. Las mías sin duda eran: las croquetas de jamón (¡siempre! No habrá unas como las de mi abuela), las migas (con torreznos, chorizo y boquerones), por supuesto la paella y como postre o para merendar, el bizcocho de limón (el cual por cierto es apto). Mi madre era más fan de los pimientos asados, el calabacín relleno y, sobre todo, las patatas alioli.

Mi prima mayor siempre le pedía las recetas a mi abuela para intentar hacer sus comidas, pero hasta donde tengo entendido, nunca llegó a intentar hacer nada. Yo siempre he sido una miedosa a la que además le metían más miedo aún diciéndole que la cocina era muy peligrosa, que te podías quemar, que te lo podías dejar encendido y liarla y que como fallase el gas... En fin, ni ganas de intentarlo. Hasta que empecé a ser cada vez más alérgica y tuve que eliminar unos cuántos ingredientes de mi dieta. Fue entonces cuando vi en internet la receta más sencilla del mundo (palmeritas de azúcar) y que además era apta. Fue la primera vez que usaba un horno y para mi satisfacción, fue un éxito. A mi tía la encantaron, a mi padre también (y esto no suele ser común), lo mismo pasó con mi madre y yo me volvía loca con ellas. Desgraciadamente la única marca apta que utilizaba para hacerlas ha debido dejar de producir el hojaldre y hace muchísimo tiempo que no las como. Después de probar diferentes recetas siempre con hojaldre, me animé a pedirle la receta del bizcocho de limón a mi abuela porque sabía que era relativamente sencillo de hacer y yo sí lo intenté. Sorprendentemente salió muy parecido tanto en textura como en sabor y no pude ser más feliz en aquellos momentos con el primer bizcocho de mi abuela... ¡Pero mío!

Desde entonces he ido probando a cocinar tanto cosas nuevas como alguna receta de mi abuela, aunque estas ya no me han salido tan ricas como a ella. He de admitir que mis croquetas no están mal teniendo en cuenta la poca experiencia que tengo tanto cocinando como haciendo croquetas en sí, pero... No son como las de mi abuela. Las de mi abuela tienen ese no sé qué que qué sé yo y que las hacen inimitables. Aún así estoy esperando las vacaciones como agua de Mayo para hacer unas cuántas cosas que, cuando trabajo, no tengo tiempo a intentar como son: el mojo verde (¡sí, el canario, gracias a Mr Blogger!), alguna recetilla sencilla de pan y por fin, el bizcocho de limón, que ya va tocando.

Y como ya dije en su día, como homenaje póstumo (porque mi abuela ya tiene una edad y yo en la actualidad no tengo ni el tiempo, ni la suficiente información para hacerlo), dentro de unos cuántos años me gustaría escribir un libro recetarío con las recetas de mi abuela y con algunas mías, siempre como digo, en forma de recordatorio de lo que significó ella para mí y también para sus otros nietos.

El recetario tendría al menos tres partes entre las que tendrían un lugar fijo las recetas del famoso bizcocho de limón, sus migas, las tortitas que nos hacía para merendar, las patatas alioli que tanto le gustan a mi madre, sus mejillones, los pimientos asados, el calabacín relleno, por supuesto las croquetas, la paella, su potaje, las empanadillas (sobre todo la de atún), sus manzanas asadas, también la tarta de manzana, los garbanzos con arroz, el puré de verduras con su toque personal...

Una segunda parte hablaría de las recetas típicas de su lugar de nacimiento, Jaén, aunque más que de la provincia, de su pueblo, Pegalajar. Pondría todas las recetas típicas que ellos hacían y comían cuando eran pequeños.

Y por último, la tercera parte podría ser una sección más actual con las recetas sencillas, aptas y que he hecho yo que me hayan gustado: las trenzas de azúcar, las palmeritas, la cheesecake con una receta original que encontré en internet (¡sabía extrañamente rica!), crepes o panqueques, croissants (sí, hay mucha receta con hojaldre, a veces es casi un básico), las magdalenas (no he probado unas compradas tan ricas como las caseras y eso es porque es una versión de la receta del bizcocho hecho magdalenas), el lagarto (especial para los más peques), las napolitanas, la bomba, el lomo con pan de molde, saladitos, el mármol de fresa y el pan torta. Es a cada cual más sencilla y, como digo, todas aptas, aunque de aquí a escribir realmente el libro (si es que eso pasa), añadiría bastante recetas más siempre y cuando no me salga de esa parte básica y casera -de abuela- que quiero que tengan todas.

La estética del libro estaría basada de nuevo en la sencillez. Al igual que las recetas son todas fáciles de llevar a cabo y con ingredientes que cualquiera puede tener en su cocina o encontrar en cualquier supermercado, me gustaría que cada receta tuviera los ingredientes bien enumerados, la forma de hacerlo todo en un claro paso a paso y una foto (o dibujo) final. Y por pedir... Me gustaría currarme un dibujo bonito de mi abuela para la portada, aunque eso lo veo más complicado. Tengo claro que, lejos de ser un best seller, podría ser un libro interesante para comprar, leer y sobre todo probar.

Algún día...

domingo, 16 de octubre de 2016

"Lagarto" relleno de pollo

No sé si puede haber una receta más sencilla, pero a la vez más vistosa que la que os voy a enseñar hoy. Para que veáis lo sencilla que es, basta con tres ingredientes e incluso uno es prescindible (aunque cuando más añadas, más rico estará, claro está). 

Los ingredientes son: hojaldre y algo para rellenar. Si quieres puedes echar un huevo batido para pintar, pero igualmente puedes prescindir de él si por casualidad no tienes uno en casa y la receta será la misma. De hecho... Yo el día que lo hice me encontraba bastante mal y se me olvidó pintar el lagarto con el huevo, así que simplemente me baso en hechos propios. Aún me quedó bastante decente, ¿verdad?

La receta es muy básica, sólo hay que ir a comprar un paquete de hojaldre, da igual que sea el rectangular o el redondo, pero yo siempre aconsejo que sea del fresco y no del congelado (para mí tiene un sabor mucho mejor el refrigerado) y tener en mente el "bicho" que quieres hacer. Yo hice un lagarto porque era lo que más había visto hacer en internet, pero evidentemente puedes hacer lo que te venga a la mente en ese momento: un oso, una trenza, un pez...

¿Quién dijo que con la comida no se podía jugar?
¿Soy yo o me está poniendo ojitos? Estrábicos por cierto. xD

Con el relleno ocurre más o menos lo mismo, lo dejo a vuestra elección. Yo metí un par de filetes de pollo y, para que pudiésemos comerlo mi madre y yo (al ser yo alérgica) no eché nada más. Estaba bastante bueno, pero se le puede echar cualquier cosa: carne picada, el mismo pollo, jamón y queso...

Dejé algunos trozos sobrantes de hojaldre para hacer el par de ojos y alguna que otra patita (creo recordar que aproveché lo que corté de la cola al ir minimizando su tamaño).

Y bueno, a poder ser intentad hacerlo cuando os encontréis mejor que yo aquel día para así acordaros de que queda mejor pintando la superficie con un huevo batido. También he visto gente que le echa mantequilla, eso ya va en gustos.
Filetito de pollo...

Más o menos como escribí en su día en la entrada interior de la receta de la bomba, si el interior os gusta poco hecho, podéis meter los ingredientes crudos y dejar que se hagan en el horno. Si por el contrario sois como mi madre y os gusta un poquito pasado, podéis probar a hacerlo un poco antes en una sartén y dejar que se termine de cocinar en el horno.
¡Ay esa patita! El resultado es tipo borde de la pizza, lo cual me encanta.

¿Os animáis? ;)


PD: Si no os gusta este estilo para la comida o la cena y os apetece más tomarlo para merendar, podéis cambiar los ingredientes del interior por ingredientes dulces como trozos de chocolate con frutos secos, crema de cacao, mermelada etc. Echad un poco de azúcar también en el hojaldre (si no sabe raro) y, ¡a disfrutar!

sábado, 8 de octubre de 2016

Bomba de carne

¡¡¡¡¡BOOOOOOOOMBAAAAAA!!!!!

"Sensual, ¡un movimiento sensual!
Sensual, ¡un movimiento muy sexy!"

Os aseguro que normalmente no soy así (bueno, quizá un poco) esto es todo fruto del estrés de no haber tenido vacaciones. Por eso hoy vengo con una entrada sobre comida, a falta de pan, buenas son tortas, intentemos olvidarlo con unas pocas calorías. 

No recuerdo bien de dónde saqué esta receta, pero mi método para buscar recetas en internet podría denominarse como el método Joey. ¿Recordáis el capítulo de Friends en el que Rachel hace un triffle por primera vez y se dan cuenta de que, por error, ha mezclado dos recetas en una? A nadie parece gustarle la extraña mezcla, lo cual es lógico porque el resultado es un pastel de carne con mermelada y otros ingredientes con una extraña combinación (según Ross, sabía a pies). En cambio a Joey le encanta, porque...

Joey: "¿Cómo no iba a gustarme? La nata, me gusta; la mermelada, me gusta; la carne, ¡me encanta!"

Yo tengo la misma teoría, aunque evidentemente no soy tan extrema. El hojaldre, me gusta; la carne, ¡me encanta! ¿Una receta con ambos ingredientes? 

Y eso fue la receta de bomba de carne. Las patatas son un extra... Es facilísimo de hacer. Simplemente debes aliñar carne picada a tu gusto (yo la hago con ajo, perejil, huevo, un poco de pan rallado y sal al gusto) y, tienes dos opciones: O cocinas la carne un poco antes de meterla en el hojaldre, si no te gusta muy cruda; o la metes directamente en crudo y esperas a que se cocine en el horno. A mí no me importa que esté un poco cruda, pero mi madre no soporta que la carne quede rosita una vez cocinada y mucho menos que expulse algo de sangre, así que cocinamos un poco los dos filetes de carne antes de meterlos al horno (el suyo un poco más hecho que el mío).

Luego simplemente tienes que cortar dos trozos de hojaldre redondos que recubran la carne (también en la base, unid bien ambas partes para que no se abra cuando se esté cocinando), pintarla con huevo y cocinar en el horno hasta que esté dorada. En nuestro caso, como la carne ya estaba cocinada, no teníamos miedo de que saliese cruda, pero si la sacáis y veis que no está para comer, simplemente metedla otra vez al horno. Gran consejo, ¿verdad?

Como último consejo después de haber probado a hacer varias recetas con hojaldre, os aconsejaría comprar el hojaldre fresco, el que está en refrigerados y no el que viene congelado. El fresco tiene tanto un mejor sabor como un tacto más flexible, más blando... No sé, para mi gusto, mucho mejor el fresco.

Rico, rico y con fundamento. :D

lunes, 22 de agosto de 2016

Mármol de vainilla y fresa

¡Ya tocaba una entrada de comida! Aunque a decir verdad, no sé por qué las hago si luego siempre me da hambre y no tengo eso de lo que hablo para poder saciarla. Ays...

En fin, que un día me dio por innovar y busqué una nueva receta para hacer algo que nunca me había propuesto hacer: un mármol. El mármol para el que no lo sepa, aparte de ser una piedra muy apreciada por su alto valor económico pero que no se come, también es una especie de bizcocho -marble cake en inglés- con betas que se logra mezclando ingredientes con diferente contraste de color.
Aquí está mi masa recién hecha y lista para meter en el horno

Normalmente los mármoles son de chocolate y vainilla o algo similar, por lo que la diferencia entre colores es bastante notable, pero en mi caso al no poder comer apenas nada que contenga chocolate, decidí hacer algunos cambios. 
Buena pinta tiene, otra cosa es el sabor...
Tomé una receta original de un bizcocho marmolado que no me pareció muy complicada y cambié las partes de chocolate por partes de fresa. Donde ponía echar chocolate derretido, natillas de chocolate o chocolate en polvo, yo echaba yogurt de fresa y ya que estábamos experimentando, que estábamos también en época y que yo acepto trazas, metí algunas fresas naturales trituradas. No muchas, por si acaso, las suficientes para darle color a la cosa y que el mármol fuese más eso, mármol.

El resultado fue algo así como un bizcocho de color radiactivo (no, es broma, tenía buena pinta a pesar de que no haya mucha diferencia entre colores) y que al parecer gustó a todo el mundo, incluida a mí. Repartimos entre familia y amigos y aunque para potenciar el color podía haber echado un poco de colorante rojo, tampoco quería ponerme a echarle colorantes después de lo natural que me había quedado echando las fresas trituradas.

En foto no se aprecia tanto, pero al natural se diferenciaban mejor los colores, amarillento para la parte de vainilla (esa parte la dejé como en la receta original) y rosita para la de las fresas.

Y el sabor... Era como de fresa natural y un toque avainillado, lógicamente. Pero predominaba la fresa, lo cual a mí en particular me gustó más aún. 

Como veis, probé y salió bien, no tengáis miedo de probar cosas nuevas en la cocina, a veces no funcionan, pero otras veces podemos llegar a sorprendernos. De hecho, tengo ganas de que vuelva a ser época de fresas para poder probar a hacer otro bizcocho de nuevo. Espero que me salga algo similar al menos, porque vete tú a saber dónde eché la receta...

sábado, 21 de mayo de 2016

El bizcocho de limón de mi abuela

Cómo es este Mayo... Después de unas mini vacaciones (el día del trabajador y el día de la comunidad de Madrid), el día de la madre, el aniversario de mis padres, papeleo para la casa, San Isidro (y de nuevo otras mini vacaciones de cuatro días), papeleo para Hacienda, más papeleo esta vez para el trabajo, renovación del carnet de identidad, reunión con la junta vecinal (ahora me toca ir a mí) y el cumpleaños tanto de mi madre como de mi abuela el mismo día (ayer, mi abuela cumplió 83 años muy bien llevados y mi madre... Mi madre 35. (o.O), creo que por fin tengo tiempo para hacer una nueva entrada para el blog.

Con tanta fiesta y tanta celebración, mi cuerpo tiene antojo de algo que solíamos tomar en casa cuando había algo que celebrar cuando, a veces, ese algo que celebrar era simplemente un día en el que nos juntábamos todos los primos para jugar o una tarde de lluvia en la que no se podía salir de casa y le pedíamos a mi abuela que nos hiciera algo rico de merendar, como por ejemplo: el bizcocho de limón. Y digo el y no un porque la importancia entre el artículo determinado y el indeterminado posee mucha importancia. Era EL bizcocho de limón, porque a pesar de que he probado muchos bizcochos a lo largo de mi vida, más cuando antes podía consumir bollería industrial sin problemas de alergias, nunca he probado ninguno con ese toque que le daba mi abuela.

Mi prima mayor (un par de años) y yo siempre la pedíamos la receta para poder hacerlo en casa, pero en lo personal, antes me daba bastante miedo intentar hacer algo en la cocina y que no se viniera a mi mente mi propia imagen intentando cocinar y quemando la cocina por completo, así que nunca lo intentaba. Un día, mientras mi madre estaba en el hospital con mi abuelo, recolecté todos los ingredientes necesarios y me puse a ello. Quizá las fotos no sean las mejores (están hechas con un ladrillomóvil que tenía por aquella época), pero son las que tomé de aquel primer pastel.

Con respecto a la receta... Mi abuela era una gran cocinera que además poseía una forma única para emplatar y presentar los platos que, en aquella época, no eran tan popular como podría serlo ahora (y de hecho, el emplatado acurado es algo común hoy en día, no diré nada nuevo si afirmo que también se come con los ojos, pero esto en otras épocas no se tenía tanto en cuenta como el sabor del plato). Me gustaría poder conservar algunas de sus recetas originales, al menos las más conocidas por sus nietos, para algún día, si puede ser, publicar un libro en su nombre. Quizá ella no pueda llegar a conocer estos planes míos para, en cierto modo, homenajearla y no es por ser agorera, pero a sus 87 años hay que sumarle que yo no tengo planes ni tiempo como para ponerme a escribir ahora. Todo se andará, pero espero que esta pueda ser una de las recetas incluidas en ese futuro libro.

PD: ¡Y con el mismo molde con agujero! Justo como lo hacía mi abuela. :)

miércoles, 27 de abril de 2016

Trenzas de azúcar

La lista de recetas a llevar a cabo es cada vez más extensa y el tiempo del que dispongo, cada vez más escaso. Tengo planeadas hacer mil cosas (muchas recetas entre ellas) para cuando lleguen las vacaciones, pero aunque visibles, todavía son lejanas. 

Entre los proyectos a llevar a cabo pronto, están estas trenzas de azúcar. Las hice ya hace bastante tiempo, pero me recordaron tanto a un sabor concreto (¿un receta de mi abuela para la merienda? ¿un bollo comprado en la pastelería de mi pueblo cuando era pequeña?) que me quedé con las ganas de repetir y hasta ahora y aún no sé cuándo, no he podido poner mis manos en la masa de nuevo. 

Fue una receta encontrada por internet, así que no os puedo poner medidas o pesos concretos, tan sólo las fotos del "making off", pero si tenéis muchas ganas de hacer algo similar, siempre puedo buscar la receta original o una parecida ya que yo, como digo, también tengo pensado repetirlas algún día. 

Como casi cada bollo o similar, todo empieza con una masa hecha de una mezcla de ingredientes diferentes. Así ya tiene buena pinta, ¿no?

Luego simplemente las di forma y aunque a mí me salieron cuatro, eran bastante grandes, siempre se podían haber hecho con esas mismas medidas seis e incluso más; pero como las mías eran para repartir (dos para mí y una para cada una de mis abuelas) el reparto estaba más o menos claro. 

No recuerdo el proceso del todo bien, pero el mecanismo para realizar la forma de la trenza es sencillo y se parece bastante a las trenzas del pelo con, evidentemente, ciertas limitaciones. Aquí si te pasas estirando, rompes la trenza, en cambio si el tirón es en el pelo tu conejillo de indias simplemente sufrirá un tirón de entre leve y moderado. Y se cagará en...

En fin, luego simplemente le echas un poco de huevo para "pintarlas", un poco de azúcar por encima (ahí está la gracia de la trenza, aunque también te lo puedes ahorrar) y cuando se empiezan a dorar son una preciosidad a la vista, pero también una delicia para el olfato, no veáis cómo olía la cocina cuando las hice...

Está mal que yo lo diga pero estaban buenísimas. Aunque bueno, el mérito no es del todo mío, yo simplemente puse la mano de obra, la receta como digo, era sacada de internet. Ahora me gustaría hacer, sino estas, otra cosa que me parece un tanto similar: pretzels. Todo es ponerse a ello, quizá no salgan como me gustaría o a lo mejor son una delicia para el paladar. Aún no sé qué tal nos llevaremos el nuevo horno de casa y yo, tenemos pendiente desde que me vine a vivir aquí estrechar un poco más nuestra relación por si las moscas... 

Aquí tenéis la textura del interior. Ya digo, ¡muy ricas! :)

viernes, 4 de marzo de 2016

¿Apetecen unas magdalenas?

¿Qué entrada podría ser mejor para un Viernes, preludio de un gran fin de semana, que la de unas apetitosas magdalenas?

Esta vez no voy a poner ingredientes porque normalmente las hago con una receta secreta de familia (bueno, en realidad las hago con una receta secreta para un bizcocho, pero pobré a usarla para las magdalenas y...). 

He probado a hacerlas de colores y la verdad es que quedan MUY vistosas, pero no me llaman tanto la atención comparadas con la pinta que se les ve a estas otras. Mi consejo para hacer unas buenas magdalenas es buscar la receta más sencilla y seguro que finalmente son las que más os gustan. Nada de un poquito de ralladura de la cáscara de un limón, con ralladura de la cáscara de media naranja, que si un chorrito de extracto de vainilla... La receta que yo hago, si no recuerdo mal, lleva cuatro ingredientes principales y un sobrecito de levadura. Sin más. Os puedo asegurar que saben más ricas que las compradas, aunque para cuando queráis comprobarlo casualmente no me quedaría ninguna, que ya me conozco yo a mí misma y lo que me pasa cuando hago repostería rica. 

Magdalena rica...

Hace un tiempo, antes de que Milka decidiera dejar de producir sus gotitas de chocolate para derretir (al menos yo no las encuentro ya ni vivas, ni muertas) probé a hacer la misma receta pero echándole dentro estas chispitas. Mala elección, yo creía que me iba a dar un parraque de comer tantas seguidas, ¡pero qué buenas estaban! El chocolate se derrite al meter las magdalenas al horno y cuando muerdes la masa, aaaarrrggg... 



Desgraciadamente como digo, Milka ha dejado de fabricar, o yo he dejado de encontrar, gotitas de chocolate para fundir, así que ya no podré volver a hacer magdalenas caseras con chocolate -para el que no lo sepa, soy alérgica a los frutos secos y a los cacahuetes y no existe ningún chocolate apto para poder hacer algo similar-.

Ahora he encontrado unas magdalenas que son nuevas, de La Bella Easo y que se llaman Weikis (sí, igual que los bollitos) y que saben prácticamente igual a las que yo hacía en su día, aunque también tienen bastante más grasa. Bollería industrial, qué le vamos a hacer... Supongo que las dejarán de fabricar pronto, siempre pasa, cosa que podemos comer los alérgicos, cosa que quitan. Además, son algo carillas, así que voy a aprovechar a empacharme bien ahora que las puedo comer y, ¡que quiten lo bailao'!

domingo, 14 de febrero de 2016

Mis primeros mini croissants

Visto lo que sucedió con las palmeras, decidí darle otra oportunidad tanto al hojaldre como al horno, pero esta vez me apetecía probar algo diferente, poco a poco hay que ir innovando… Los elegidos para para a formar parte de mi recetario de cocinilla aprendiz fueron los mini croissants. También son de hojaldre, también van al horno y tampoco tienen una gran elaboración, no distan mucho de las palmeras aunque sí necesitan un pelín más de elaboración. 

Para los mini croissants es preferible comprar la masa redonda, para mí es mucho más sencilla de cortar para darles la forma a los croissants y de nuevo como la otra vez, yo siempre aconsejo que la masa sea la fresca y no la congelada. Extiendes la masa, le echas azúcar igual que hicimos con las palmeras y la cortas en forma triangular justo como se ve en las fotos (esta vez he puesto fotos para explicarlo mejor). Yo normalmente hago ocho croissants, aunque dependiendo de si los quieres hacer más grandes o más pequeños, cortarás más o menos trozos. Para mí ocho son perfectos.

Luego haz un pequeño corte donde se muestra en la foto. Esto es simplemente para darle más facilidad al enrollado del croissant. Si quieres croissants rellenos (puedes meterles lo que quieras, pero el chocolate siempre es la mejor opción para los golosos como yo, jejejejeje) ahora es el momento de rellenarlos. 

Enrollamos…

Podéis doblarlos un poco para darles forma de croissants o dejarlos rectos y hacer cuernos, lo único que cambia es el nombre, el orden de factores no altera el producto como se dice en matemáticas. Luego tan sólo hay que batir un huevo y pintarlos, para que se doren en el horno. Yo no calculo tiempo ni grados, simplemente los meto y los dejo que se doren hasta mi gusto (me gustan blanquitos, inspirados en mi tez, blanca donde las haya). 


No hay más, la pintaza que tienen me parece que habla por sí sola. Yo los he hecho rellenos de chocolate negro (el favorito de mi madre), de chocolate con leche (para mí) y también de chocolate blanco para una amiga, que es muy golosa. :P


Con una masa salen los que queráis, si queréis podéis hacer cuatro, seis, los ocho que suelo hacer yo… Solucionan la merienda de un par de tardes seguro, están buenísimos y como pasaba con las palmeras, son viciosos, cualquier momento es bueno para comerte uno. Y ya rellenos, ¡una delicia! 

lunes, 1 de febrero de 2016

Mi primeras palmeritas de hojaldre

No se podría decir que soy una experta cocinera ni mucho menos. Desde pequeña, en mi casa siempre me habían dicho que la cocina (lo que es el electrodoméstico, no la estancia en general) era cosa de mayores y encenderla era peligrosa porque existía gas que podía explotar si no sabías utilizarlo bien, y además era fuego y también te podías quemar. Era más o menos lógico que mis padres me advirtieran de los peligros que conllevaba trastear en la cocina siendo pequeña, pero a decir verdad y no siendo ya tan pequeña, las cocinas de gas siempre me han asustado bastante. Se oyen tantas cosas hoy en día que… De hecho y sin ir más lejos,  en casa de mis abuelos hubo un gran escape de gas hace tan sólo unos meses con el susto que ello conlleva. Por ello, mi primer contacto con la cocina fue a través de mi amigo el horno. No es que el horno de casa sea muy moderno, pero al menos no funciona con gas y me daba algo más de confianza. Curiosamente en casa nunca se cocina con el horno excepto en contadas ocasiones, así que decidí que si él y yo podíamos ser amigos, le daría una oportunidad. Me decidí a empezar por algo sencillo, una reducción de merluza con salsa disecada de setas y bañada con espuma de castañas. No, es coña. xD Me dispuse a hacer unas palmeritas de hojaldre. No tienen apenas preparación, ni siquiera tienen ingredientes que añadirles y simplemente tendría que vigilar un poco el horno para que no se me quemasen las palmeras. Cuento además con que a mí me gustan más bien blanquitas, así que menos tiempo de vigilancia y menos probabilidades de que acabasen chamuscadas, que creo que era lo peor que podría sucederme con esta receta. Todo lo que hay que hacer es comprar la masa de hojaldre (la mía de La Cocinera, que etiqueta bien) y echarle azúcar al gusto. Como recomendación, no echéis demasiado si no os gustan excesivamente azucaradas, pero echad en ambos lados de la masa u os quedarán algunas partes con sabores mezcla de entre salados e insípidos. También se puede hacer el hojaldre casero, pero creo que es una masa un tanto pesada de hacer y por el precio que tiene en la tienda, no compensa todo el lío de ponerte a hacerla.  

Extendéis la masa en la mesa (es más sencillo si  la masa es cuadrada y mucho mejor si es de las frescas, las congeladas no dejan el mismo sabor, os lo aseguro). Echáis azúcar y si queréis, pasáis el rodillo para que se incruste el azúcar un poco en la masa y no se caiga todo cada vez que trabajáis con ella. Coges una esquina y la doblas hacia la mitad. Luego coges la otra esquina y haces lo mismo. Repites el proceso hasta que tengas las palmeras del tamaño que te gusten. No he puesto fotos del proceso porque hay un montón de fotos e incluso vídeos por internet, no tiene nada que hacer. Os quedará una especie de barra en la que sólo debéis ir cortando las palmeras del grosor que queráis, cada uno tiene sus gustos. Por cada masa salen bastantes, basta con ver cuántas queréis hacer y comprar un par de masas o tres si tenéis muchos invitados. Tened cuidado porque son viciosas… 

Las ya elaboradas están muy ricas, pero las caseras, para mi gusto, están mucho más ricas todavía. Además, cada uno puede escoger echarles un poco más de azúcar o menos, o tostarlas más o menos, las de la caja… Vienen como están en la caja y punto. Incluso las caseras las noto algo más blanditas, no sé si será cosa mía o realmente lo están.

Y si sois muy golosos, muy golosos, lo que he hecho alguna vez es echarles por encima un poco de chocolate fundido, para que cuando espese un poco, además de dejarlas deliciosas, las deja aún más blanditas. Están buenísimas, no tienen nada que hacer y para empezar, juzgad vosotros mismos.


jueves, 19 de marzo de 2015

Receta de mis (primeras) croquetas paso a paso

Por fin he logrado encontrar algo de tiempo en mi ajetreada agenda -que parece de coña, pero tengo agenda y es bastante ajetreada- y os puedo poner la receta que yo uso para hacer las croquetas (o "cocretas", aquí cada uno...).

Antes de nada, debo advertir que son muchísimo más fáciles de preparar de lo que parece, pero también es cierto que son bastante entretenidas. Desde que tengo uso de razón me gustan las croquetas, eso sí, de jamón, por favor. Las de atún no me hacen demasiada gracia, de pollo no están mal, de marisco y pescado están riquísimas (¡cuidado con las espinas!); pero las de jamón son mi perdición. Y me ha salido un pareado...

Cuando era pequeña, era mi abuela paterna quien las preparaba y esas croquetas tenían un no sé qué que qué sé yo y que aún con una receta del más profesional croquetero, no serían posibles de igualar. Cuando crecí lo suficiente como para poder ponerme al mando de los fogones, siempre pensé que era una receta muy complicada de hacer, y entre eso y que mi abuela nunca se guió por medidas sino por simple intuición con respecto a los ingredientes, yo no me envalentonaba a probar. 

Un día me decidí a probar por fin, junté todos los ingredientes y... ¡Salieron! E incluso tenían un sabor parecido al de las croquetas de mi abuela, lo cual me hizo mucha más ilusión. No hay mejor homenaje a mi abuela -andaluza- que hacer unas croquetas que quitan el sentío'. Guiño, guiño. 

Los ingredientes que uso para hacerlas son:

30 gramos de mantequilla (o un chorrito de aceite, es para freír el relleno)
1/2 cebolla (opcional)
2 huevos cocidos
105 gramos de harina
1 litro de leche
2 ó 3 huevos
Jamón al gusto (pollo, atún, marisco, lo que queráis)
Pan rallado
Sal


¡A cocinar!


PD. Perdonad si las fotos no son muy buenas, pero es lo que tiene el invierno, te pones a hacer unas croquetas a las ocho de la tarde y es noche cerrada, así que las fotos hechas con el iPhone, no son una maravilla...

Yo lo primero que hago es cortar el jamón en taquitos lo suficientemente grandes como para que te puedas encontrar los tropezones al comerte las croquetas y lo suficientemente pequeños como para no ahogarte... O para no hacer jamón de croqueta, sino croquetas de jamón, ya me entendéis... He tenido la suerte de tener siempre que he hecho croquetas, una pata de jamón, así que directamente corto unos trozos y los hago taquitos. Si no lo tenéis, basta con comprar algo de jamón (en un taco grande) que sea bueno, ya que es lo que le da el sabor a la croqueta. Tampoco hay que gastarse un dineral, pero se nota mucha diferencia en las croquetas dependiendo del jamón. Además, cuanto mejor sea el jamón, mejor sabrá si añadimos algo de tocino del propio jamón en los tacos, que ese tocino rosa del jamón no puede estar mejor. Sano no será, pero rico... Yo siempre pongo la cantidad a boleo, más vale que sobre que no que falte...

El procedimiento es el mismo si las hacéis de carne de cocido, de pollo, de marisco... Con el pescado y sobre todo si las hacéis para niños, tened cuidado con las espinas, que yo he ido varias veces a bares en los que he pedido croquetas y me he encontrado las espinas dentro, lo cual es bastante molesto... También podéis triturar el relleno y así no habrá problemas, aunque personalmente me gusta encontrarme los trocitos en medio de las croquetas. 

Echamos los 30 gramos de mantequilla en una cacerola grande (si lo hacéis en una sartén, os las veréis negr@s a la hora de remover la bechamel) y la dejamos derretir. No tarda mucho. Podéis echar aceite también, pero a mí me gusta más el sabor que le da la mantequilla, las encuentro más suaves así.

Sí, también estábamos cociendo chorizo del pueblo en la otra cacerola. Chorizo de venado, para más señas, típico de Toledo, por si os interesa. Está buenísimo...

Una vez derretida la mantequilla, echamos el jamón...

Y la cebolla. Podéis echar más cantidad de cebolla o no echarla. A mí me gustan con un poco de cebolla, aunque en la tortilla me sobra, cosas de ser yo.

Tenemos que dejar la cebolla bien hecha antes de pasar al siguiente paso porque así tomará mejor su sabor y estará más apetecible a la hora de encontrar los trocitos.

El caso es que... Porque sería un empalago de mantequilla, pero entre la pinta y el olor que suelta, dan ganas de comérselo ya a cucharadas...

Siguiente paso: el/la harina. Son 105 gramos. ¿Por qué? Ni idea, yo leí que son 105 gramos y 105 gramos hecho. ¿Que pueden ser 100 gramos? Pues supongo que sí...

Echad la harina poco a poco, así será más fácil remover puesto que no se apelmazará, ni se harán grumos. Este paso es importante, ya que no podemos dejar que la harina se quede cruda, le daría un sabor y una textura extraña a nuestras croquetas. Echamos...

Removemos...

Volvemos a echar...

Volvemos a remover...

Cuando se gaste la harina tendremos una especie de pasta parecida a esta de la foto. Visto así y siendo sinceros, yo nunca habría pensando que de ahí iban a salir un montón de croquetas y que encima iban a estar hasta buenas.

Empezamos el paso más largo, echar la leche. Necesitaremos un litro de leche, lo que viene a ser un cartón entero que iremos echando poco a poco hasta que se haya evaporado y mezclado bien con el relleno y hasta tener el espesor de la bechamel de las croquetas.

Es el paso que más cansino se hace, ya que cuando parece que va tomando consistencia, tienes que volver a echar más leche, así que se vuelve liquidillo otra vez. Pero lo más cansino de todo es que no puedes dejar de remover en todo el proceso.

¡Otra vez consistencia líquida! A volver a empezar...

Yo remuevo con la izquierda, remuevo con la derecha... Y cuando ya estoy hasta las narices, llamo a mi madre para que me ayude un poco. 

Cuando hayamos terminado de echar el litro de leche y nos quede una consistencia espesita parecida a esta:

Será el momento de echar los huevos duros. Yo echo un par, aunque va en gustos. Hay gente que echa uno y hay gente que no echa. Mis croquetas tienen que tener huevo, que tiene muchas proteínas, calcio, hierro y yo qué sé cuántas cosas. También es el momento perfecto para corregir de sal. Probad la mezcla y si están sosas a pesar de que llevan mucho jamón, echad un poco de sal al gusto.

¡Pa' dentro!

Una vez que tengan el espesor suficiente para ver que se podría hacer la forma de la croqueta con esa masa, las quitamos del fuego, las dejamos enfriar un pelín y las echamos en una bandeja para esperar a que se enfríen del todo. A mí me gusta taparlas con un poco de film transparente mientras las dejo enfriar en la cocina, que aquí las moscas tienen la comunión hecha y hasta carnet de conducir si te descuidas y no me fío.

Lo peor que tienen las croquetas es que, una vez esté fría la masa, la debes meter en el frigorífico y dejarla allí unas horas (yo las dejo un día entero, si las hago una tarde, las preparo ya a la tarde siguiente) antes de poder comértelas. Esto es muy fácil pero también muy pringoso. 

Cada uno tiene su método y todos son buenos. Normalmente se coge la cantidad necesaria para cada croqueta entre las manos, se le da forma, se mete en el pan rallado, se reboza, se mete en huevo batido, se reboza y se vuelve a meter en pan rallado. A mi madre tanto rebozado no le gusta, así que yo le hago la forma, la echo en el huevo batido y después la rebozo en el pan. Con una vez en el pan rallado me salen bastante bien. 

Cuando mi madre les da la forma (el caso de la foto de abajo), yo me encargo de rebozarlas en el huevo y en el pan. Cuando las hago yo, le doy la forma con un par de cucharas y, aparte de salir mucho más estéticas -por así decirlo- me pringo bastante menos y no necesito toquetearlas tanto. Mi madre es que aún tiene que perfeccionar la técnica cuchara versus cuchara, que no la tiene muy controlada.  

¿Cómo están de pinta?

¿¡Y ahora!?