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martes, 17 de septiembre de 2013

Mi jardín

Bueno, digamos que nunca llegará a ser mi jardín de ensueño porque está muy mal situado y porque además ni siquiera es mío, sino de mis padres e irá a su gusto, peeeeeeeeeero... Le voy a intentar poner mi toque personal.

Hace casi 20 años, cuando yo tenía tan sólo 8, mis padres decidieron comprar un chalet nuevo con jardín al que podernos mudar. Mi deseo, yo creo que como el de miles de niños a esa edad, era tener un perro y, por supuesto, la típica frase de madre (o padre, indistintamente) cuando pides tener un perro y vives en un piso es siempre la misma: "No, aquí no se puede tener un perrito, para eso hay que tener una casa con jardín para que el perro pueda correr..."

Está claro que lo que no quieren tus padres es tener un perro, aunque como digo, yo tenía 8 años y ahora iba a tener por fin un chalet con jardín. Era mi oportunidad.

El perro se hizo esperar unos años, pero por fin pude tenerlo. Se llamaba Bobby (qué original era con 8 años, ¿verdad? Me gustaban los nombres de perro típicos, qué le vamos a hacer) y era una mezcla de mastín y pastor alemán que, aun siendo cachorro, cuando se ponía a dos patas era muchísimo más alto que yo y eso que yo era una niña bastante alta. Digamos que cuando tanto su estatura como su perímetro fueron aumentando el paso de los meses, mi perro dejó de ser mi perro y se convirtió en mi caballo. :)

Nos queríamos, pero los tríos son muy difíciles de manejar y son multitud. Estábamos Bobby, yo... ¡Y mi vecino cascarrabias! No le gustaba tener un perro cerca, así que al final nos tuvimos que separar. El jardín quedó vacío entonces (como mi corazón, porque yo sigo queriendo otro perrito...) y mi abuelo, un albañil retirado, se puso manos a la obra a arreglar nuestro jardín. Gracias a él, los árboles plantados en su totalidad por semillas o ramitas (almendro, olivas, paraíso, laurel, limonero, higuera, rosales, etc.) han terminado siendo grandes árboles que además dan unos frutos riquísimos. Tenemos cantidades indecentes de almendras en casa, en la época de higos mi familia se pone morada y uno de mis vecinos se salta a nuestro patio -tiene nuestro permiso- y recoge las aceitunas para luego tratarlas y comerlas.

Pero mi abuelo al tiempo se puso enfermo y el jardín quedó en stand by.

Hasta hoy...

Desde hoy y hasta que termine en Septiembre de 2378 (y encima sin contar los 10 meses de invierno que tenemos en aquella casa. Porque sí, son aproximadamente 10 meses de frío de ese que hace que se te caiga el moquillo y lluvias varias contra las que no se puede hacer nada), os iré contando los avances que me gustaría hacer, fotos incluidas.

Aquí tenéis el plano a día 15 de Septiembre de 2013.