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domingo, 20 de noviembre de 2011

Mañana será otro día

Hoy, el día en que he descubierto que la chica guapa es una Choni camuflada y con cara de pan; en que me he dado cuenta de que la que creía una antipatía encubierta es realmente una mala hostia del copón; hoy… Ha sido el día de las señales.

Bueno, realmente ese día comenzó antes de ayer. Llamé por fin a la peluquería para cortarme estas greñas que tengo. El caso es que dije que nunca me volvería a dejar el pelo tan largo porque antes, cuando era pequeña, lo tenía siempre por debajo del trasero. Pero de vez en cuando me dan ticks a la cabeza y una locura transitoria hace que haga cosas muy sorprendentes. ¡Hoy variaré el sabor del chicle! Muerte a la fresa, ¡viva la menta! Uy, pica… En fin, como iba diciendo… Que a veces me da por tomar decisiones estúpidas o sin venir a cuento y decidí que a los 18 años me cortaría por fin el pelo. Así lo hice. Y lo mantenía más o menos en el mismo largo, pero entre las vacaciones, los viajes de una casa a la otra, las cosas que hacer, la pereza que hago para estas cosas y que mi peluquera ha estado enfermita, tengo una coleta de dimensiones épicas. De hecho, cuando llegamos ayer a casa, inmortalicé tal acontecimiento haciéndome una foto con el iPhone para despedirme de ella. Esta mañana, tal y como pronostiqué hace semanas, estaba mala. Sí, lo veía venir, tantos nervios no pueden ser buenos para nadie, pero especialmente a mí me hacen trizas. No pude ir a la peluquería y mi coleta sigue ahí.

He de decir que esa ha sido otra de las señales. El típico día frío, de viento, de mucha lluvia, nublado… ¿Sabéis ese típico día que no te levantarías de la cama ni para comer? Pues no me he levantado de la cama. Ni para comer. Apenas he comido. Ni he cenado, pero eso ya es otra historia. Uno de los viajes relámpago más desaprovechados y desastrosos de mi vida al menos ha servido para que mi madre sí pudiera ir a la peluquería y aprovechásemos el día. Mientras tanto, yo he aprovechado para discutir sobre cosas que no me importan, darme cuenta de que al no importarme se vuelven en mi contra y a quedarme dormida entre mareo, discusión y dolor infernal.

Mientras tanto, mi madre ha venido muy sofocada de la peluquería. Yo sabía que algo raro pasaba, pero estaba como si me hubiesen dado una paliza, así que sólo he podido mirarla con ojitos de: "Mami, m'han matau, ¡defiéndeme!"

- Se ha roto en cristal del coche. Se ha metido para dentro, lo he ido a sacar y se ha reventado.




Luego dice que es mi abuela quien lo suelta siempre todo nada más sucede aunque sea algo que, se supone, no se puede contar... Pero mira, el cristal como yo, otro reventado en la familia… Reventado. Analizando los planes desde la cama, yo lo veía todo muy negro, pero como bien dice Facebook, el negro combina con todo. Así que probaríamos a ir enferma en el coche en un viaje de una hora con apenas grados a 120 km./h. (ya, 120 km./h. Ni en triciclo va mi padre a 120) con una gran tarde de mochila a mis espaldas y con la ventanilla de mi lado abierta.

Bueno… Mi madre se ha currado la pobre un invento muy chulo. Ha cogido una especie de papel como de material plástico del que se pone debajo de la tarima del suelo para que ajusten bien las baldas de tarima entre ellas y lo ha pegado con celo a la ventanilla por un lado, a las dos puertas de ese lado del coche por el otro y también, para reforzar, lo ha pillado cerrando la puerta con el plástico a presión. Mi madre iba para arquitecta, pero… Sin menospreciar a los pobres asiáticos de los bazares -como diría Silvia, "los chinos" quizá mal bautizados para el resto del mundo-, su pseudo celo podría pasar perfectamente por lazo de raso. Eso no pega y sumado a la velocidad del pie de mi padre en el acelerador y las jodidas curvitas que tan bien me venían para el mareo y la flojera, a menos de un tercio de camino el plástico a petado y ha empezado a salir un chorro de frío que ni en el Dragón Khan cuesta abajo. He corrido el riesgo de morir asfixiada por el segundo abrigo de mi madre -su segunda equitación xD- entre lo que me tapaba ella y lo que me tapaba yo por el biruji. Al rato hemos parado para ver qué leches podíamos hacer y mientras tanto, yo no tenía ganas ni de hablar. Me dolía la tripa, la cabeza, tenía frío y estaba pensando en lo que no tenía que pensar, en las discusiones de esa misma tarde. Entonces mi madre ha sacado del maletero el parasol de la luna delantera del coche para pillarlo con la puerta a ver si funcionaba -invento final, ¿nos os he dicho que mi madre es una artista?- y yo me he quedado en shock. A mi izquierda, en el muro de cemento que separa las dos autopistas, había una frase con letras mayúsculas en spray verde que ponía:

"MAÑANA SERÁ OTRO DÍA"

Sí, podríamos haber parado un metro más adelante donde ya no había mediana u otro por detrás donde, con un árbol, no la habría visto; pero hemos parado justo ahí, justo al lado de esa frase. Y es cierto, mañana será otro día. Lo que pasa es que nadie me ha puesto otra frase al continuación para asegurarme que ese otro día que es mañana, vaya a ser un día mejor.

sábado, 19 de noviembre de 2011

He vuelto a coger la guitarra.

Sí, así es. Suena bien, pero por muy bien que suene, no es algo bueno. He vuelto a coger todos mis bártulos y por primera vez desde hace bastante tengo y también por primera vez desde que tengo el Mac, me he puesto a grabar sonidos con la guitarra. Hacía tanto que no la tocaba que, al poco tiempo, el dolor era insoportable en los dedos, pero a pesar de todo, he seguido tocando. Es… Como una forma masoquista que tengo de empezar de cero. Lo había dejado de hacer porque creía que me iba bien y me despejaba la mente de otras maneras. La verdad es que, cada vez que cojo la guitarra después de mucho tiempo, siento que comienzo de cero. Otra vez. De nuevo. Y una vez más. Y continuo sintiendo que no será la última vez. La realidad es que empecé a tocar en una época de mi vida en la que estaba hundida, supongo que por eso el paralelismo. Mis amigas durante 16 años habían decidido que nuestra amistad no valía nada en tan poco tiempo que yo no fui capaz de darme ni cuenta. Normalmente lo que hago en estos casos es arrastrarme y permitir que me pisen con tal de recuperar lo perdido a pesar de que lo perdido no valga nada. A pesar también de que yo no haya tenido la culpa y a pesar de todo. No me gusta perder lo que tengo hasta esos momentos puesto que "lo tengo" y me gusta cuidarlo, sea bueno o sea contraproducente para mí. Pero en ese momento ni siquiera estaba para pensar en mí, así que supuse que la amistad duradera era un paso y que quizá podrían ser ellas las que por una vez en la vida me ayudasen a mí. Me equivoqué.

Aún así no escarmiento y sigue pasándome. Ahora, supongo que por no confiar en nadie -y además continuo comprobando que con razón aunque me duela- rebajo las edades de pérdida de la amistad. De los 16 a los 6, de los 6 al año, del año…

Más o menos con unos 22-23 años, estaba tan en el fondo en lo que se refiere a mi vida amistosa, nula académica y en la que a la familiar se refiere, pasándola en un hospital -no sé si decir que de visita era "afortunadamente"- que decidí comprarme la guitarra. Tendría una amiga, me haría lesbiana y pasaría de enamorarme de sentimientos a ser una ameba enamorada del sonido que emitía una simple madera. No la había dejado hasta ahora. Supongo que, más que cogerla con fuerza, se podría decir que los demás me habían dejado con fuerza a mí.




He vuelto a coger la guitarra.

Sí, así es. Suena bien, pero...

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cosas que no se recuperan

Últimamente siento un especial interés por los cuentos para niños que hacen pensar a los adultos. O los cuentos para adultos expresados desde la mirada de un niño. O los cuentos con metáfora, infantiles, con moraleja... Bueno, da igual, leedlo. :)


"Una chica estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un aeropuerto y como debía esperar un largo rato decidió comprar un libro y también un paquete de galletitas­.

Se sentó para descansar y poder leer. En el asiento de enfrente se sentó un hombre que abrió una revista y empezó a leerla.

Entre ellos quedaron las galletitas.

Cuando ella tomó la primera, el hombre también tomó una.

Ella se sintió indignada, pero no dijo nada y pensó: "Qué descarado, me dan ganas de darle una bofetada para que nunca más se le olvide".

Cada vez que ella tomaba una galletita, el hombre también tomaba una. Aquello la enfurecía tanto que no conseguía concentrarse en la lectura ni reaccionar.

Cuando apenas quedaba una galletita pensó: "¿Qué hará ahora este abusón?"

Entonces, el hombre dividió la última y dejó una mitad para ella.

¡No! Aquello le pareció demasiado… Se puso a bufar de rabia, le lanzó una mirada asesina, cerró su libro y se dirigió al sector de embarque.

Cuando se sentó en el avión, miró en su bolso y para sorpresa suya… ¡Ahí estaba su paquete de galletitas, intacto!

Sintió una gran vergüenza al percibir cuán equivocada estaba. ¡Había olvidado que sus galletitas estaban guardadas en su bolso! El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso, consternado ni alterado y ya no había tiempo ni posibilidades para explicarlo o pedir disculpas.

Pero sí había tiempo para razonar: ¿Cuántas veces en nuestra vida deberíamos observar mejor? ¿Cuántas cosas no son exactamente como pensamos acerca de las personas?

Y recordó que existen cuatro cosas en la vida que no se recuperan:
Una piedra después de haber sido lanzada.
Una palabra después de haber sido proferida.
Una oportunidad después de haberla perdido.
El tiempo después de haber pasado."

domingo, 13 de noviembre de 2011

Como papel arrugado


Mi carácter impulsivo, cuando era niña, me hacía reventar de cólera a la menor provocación que sufría. La mayor parte de las veces, después de uno de éstos incidentes, me sentía avergonzada y me esforzaba por consolar a quien había dañado tan duramente con mi comportamiento y mis palabras. Una vez de adulta, ya con valores y principios de vida, reventaba en cólera ante la mentira, la intriga, la conspiración, el egoísmo, las ofensas...  

Un día un maestro, que me vio sola y triste en un rincón, me preguntó:
- ¿Qué te ocurre?

Yo le expliqué que alguien me había herido fuertemente y que, cuando me pidió perdón, no le acepté sus disculpas, ya no quería ser su amiga, pero que mi actitud me hacía sentir mal.

Mi maestro me llevó a su despacho, me entregó una hoja de papel liso y me dijo:
– Toma este papel y estrújalo todo lo fuerte que puedas hasta formar una pelota de papel.

– Asombrada, obedecí e hice con la hoja de papel una bola apretada.

– Ahora, estíralo y vuelve a dejarlo como estaba.

Por supuesto, no pude hacerlo. Por más que lo intenté alisar, el papel quedó lleno de arrugas y pliegues.

– El corazón de las personas -me dijo mi maestro-, es como este papel. La impresión que dejan en ellos tras heridas fuertes te queda tan grabada que es difícil volver a dejar el corazón como estaba. Perdonas dejas pasar pero no olvidas.

Desde entonces, cuando lo necesito, arrugo un papel.

Cuentos para crecer

viernes, 28 de octubre de 2011

Terremoto

Hace unos años, vi una película en la tele. Sin más importancia, una simple película de las que ves un Domingo aburrido por la tarde sentada en el sofá con una mantita y que tienes la suerte de no haber visto aún en cualquier otra tarde aburrida de Domingo. En realidad sólo recuerdo una ciudad -estadounidense, esto no lo recuerdo, pero todo el mundo sabe que todas las películas que emiten los Domingos están grabadas en Estados Unidos por Copyright xD- que estaba destrozada por cualquier desastre increíble acontecido; léase ciclón, terremoto, maremoto, tsunami, tornado, etc.; a un niño colgando de una puerta con el vacío a sus pies y un metro que descarrilaba.

La semana pasada, para ser exactos el fin de semana pasado, volvieron a emitir esa misma película en la tele. Como no era Domingo sino Sábado, no la vi.



Hoy soy y el tren que descarrila. O al que hacen descarrilar.

Ahora hay dos opciones: volverlo a encarrilar o dejarlo como está y seguir adelante. Lo malo es que… No sé como termina la película, porque como dije, no la vi el pasado fin de semana. La emitieron un Sábado y eso va en contra de mi visión común de ver pelis aburridas en un día que no sea Domingo. Sólo recuerdo que salía Jennifer Garner, a quien mi madre llama cariñosamente orejillas porque tiene unos pies muy grandes -no, joé, las orejas, creo que estaba claro-. Pero vamos, siendo una peli estadounidense -ya se me ha metido en la cabeza- seguramente terminará con un final escandalosamente bueno y feliz, con algún que otro disgustillo porque si no, ¡vaya tomadura de pelo! y con la estación de Metro completamente repuesta a los pocos meses. Y digo meses porque no eran asiáticos, sino les bastaba con un par de días, ¡eso es organización y progreso!

Por cierto, la película se llamaba: Aftershock: Earthquake in New York, o lo que es lo mismo en España, Terremoto en New York.

Está realizada en Estados Unidos y evidentemente trata sobre un terremoto. Aún no sé cómo termina.

martes, 11 de octubre de 2011

"Neometrosexual"

Después de lo que voy a escribir ahora va a parecer que no es así, pero me encantan esos vídeos que circulan por internet en los que las chicas -y algún que otro chico- hablan sobre sus básicos en cuidado facial. He de reconocer, que no comprendo del todo su acepción exacta de "básicos" con eso de: "…primero me echo un agua termal que hace que el maquillaje se fije mejor, después me pongo la crema hidratante justo antes de echarme la prebase para después darme la base de maquillaje y justo encima, el maquillaje corrector que…" WTF! Espera, espera porque creo que me he perdido. Repite a partir de agua termal. U "…Hoy he salido de compras y me he comprado esta sombra de ojos dorada. Porque tenía otra de otra marca pero esta tiene más matices…" Entonces se dan un poco de ambas en una mano, enfocan a cámara y… ¡Tachán! Soy daltónica. Las veo iguales. Voy a por las otras gafas (gafapasta xD). Nah, siguen siendo iguales. Serán mis gafas… Entre eso y que temo que con mi experiencia con respecto al maquillaje si me comprase una sombra de ojos parecería Drack Lady Gaga de resaca en un Lunes, como que no me animo.

Vamos a exponer la situación. Soy pálida, tengo ojeras, siempre tengo cara de Lunes -aunque no de Lady Gaga. Desafortunadamente-. Con esto nos hacemos una idea de cómo soy- y además la alergia, culpable de todo lo anterior, me obsequia también con unos preciosos picores provocados por alergias varias, por ejemplo, al agua. Pica. Pica mucho. Y una -yo- se aguanta. Se aguanta. Y se rasca. Y eso aún dejando a un lado alguna enfermedad más que tuve que sufrir en mis carnes, nunca mejor dicho. Este año me decidí a probar cosas nuevas por si alguna resultaba ser eficaz y podía dejar de lado el botecito de crema de Polaramine -para las picaduras de mosquito y similares-.

Hoy presento mis ¿básicos?

El primer maquillaje que utilicé en mi vida fue este:

Maquillaje Astor perfect finish powder



Según la dependienta, parecía una crema pero quedaba como efecto polvos. Según mi madre y yo, como si no me hubiese echado nada porque en ocasiones me dejaba más pálida de lo que ya estaba. Justo lo contrario de lo que pretendía. ¿Solución? Comprar uno más oscuro. Con el paso del tiempo y las diferentes pruebas, me pasé a los fluidos y cambié de marca, aunque me quedé con una cosa de Astor que me encanta.

Pintalabios Astor soft sensation



Vi un pintalabios en el neceser de mi madre que me gustó mucho porque, aunque aparentemente era marrón muy oscuro, al dártelo parecía simplemente brillo. Fui a la tienda y le dije a la dependienta -la misma-: "Quiero un color parecido a este". Debío ser la única vez que acertamos a la primera. Bueno, con el Astor y también con este otro:

Pintalabios Russian red de Mac



No sé si será un instinto natural que tengo a la hora de elegir pintalabios (jajajajajaj) o que con este último ya sabía claramente a por lo que iba. En fin, me encantan ambos y los intercambio según el día. Normalmente en plan discreto uso el Astor y en los días en los que me da igual el mundo -¿dónde va una chica de 16 -ejem, 26 en Marzo- con esos morros tan coloraos'?, me llevo el Mac en el bolsillo del pantalón.

***Un apunte, ayer vi en la tele que se llevan las coletas muy tirantes y los labios muy rojos. Ays, si es que voy a la moda y yo sin saberlo…***

Veo que empecé la casa por el tejado, como es costumbre en mí… Primero los toques extras y ahora, lo realmente básico. Veamos… En la tienda me dijeron que, aunque es conveniente que todo el mundo se de una crema hidratante adecuada para su tipo de piel cada día -sí, ya, cada día, a veces se me olvida que he comido y vuelvo a comer, me voy a acordar yo…- o incluso dos veces al día -que sí…- no es realmente necesario si eres joven. Claro, que también me dijo que era recomendable empezar a darse cremas antiarrugas a los 24 y que a mí me faltaban al menos diez años aún cuando supero esta edad por casi dos años xD Bueno, a lo que iba, que me despistáis… Yo por si acaso y aunque había tenido otras cremas muy buenas que me daba cuando me parecía, me decidí a probar algo nuevo, bajé al Mercadona ahora que lo tengo casi al lado de casa y me compré esto:

Fluido hidratante para pieles grasas de Deliplús



Bueno, ¿bonito? y barato, no testan en animales, huele bien y es iol free (sin aceites).

Viendo que la marca parecía estar bien en cuanto a calidad-precio al menos en este producto facial que me había comprado y que tenía más productos oil free me tiré a la piscina -¡eh! Que aún sigo con la paga de 15 euros de mi abuela, para mí comprar tres cosas aunque sean baratas es tirarse a la piscina…- y me compré:

Exfoliante desincrustante pieles grasas de Deliplús (oil free)






















Mascarilla facial para pieles grasas de Deliplús (oil free)



De alérgica que se cuida poco-nada a neometrosexual, debo decir que, parece que no, pero el cambio se nota. Me pica mucho menos la cara, aunque siempre seré alérgica y me seguirá picando. Pero bueno, para eso tengo que dar aún el paso de convertirme en conejillo de Indias de algun@ alergólog@ que se anime a meterme mano… con esto de las alergias, claro.

El exfoliante mola. Es blanco con bolitas azules que se te meten en las uñas de los dedos de la mano. Es… Como restregarte la cara con arena de la playa pero pagando como si fueras estúpida xD No soy estúpida, soy madrileña, ¿vale? xD

La mascarilla aún me gusta más. Es blanca y me encanta el efecto Cásper de verme sólo los ojos y la boca de "mi color", que tampoco es que sea mucho más moreno. Sí, me la doy de madrugada, antes de irme a la cama. Como algún día haya que salir corriendo por algo, los de mi edificio lo iban a flipar. O lo mismo me encuentro con más de un@ así y nos ponemos a comentar otras marcas mientras masticamos afanadamente el pepino de los ojos. xD

Hay otra cosa más que me gustaría aclarar. Tengo ojeras, pero también tengo bolsas. La gente no suele distinguir ambos términos y todo el mundo tiene ojeras. Dejémoslo claro, las bolsas suelen ser esos surcos de piel que salen debajo de los ojos. Como piel sobrante con forma de U que no hace nada ahí, tan sólo ese efecto antiestético de arruga como si de una viejecita se tratase. Las ojeras son el color que rodea tu ojo que, cuando es más oscuro que tu piel, se marca más y hace que se vean tus ojos como si te hubieses dado mal la sombra negra o si te acabases de despertar sin haberte desmaquillado la noche anterior. Pueden ser de color negro, marrón, violeta… Y también pueden ser producidas por varias causas como: dormir poco, herencia, alergias -la madre que las…-

Yo había estado utilizando un antiojeras de la marca Comodynes, pero era bastante trabajoso para lo vaga que soy yo para estas cosas. Cuando venía mi profesor de autoescuela a buscarme dos horas antes, me acababa de levantar y se me juntaban mis ojeras naturales con las del madrugón, no me podía poner a darme el antiojeras, esperar a que se secase y luego darme el maquillaje que venía con el antiojeras. Además, es lo de siempre, los antiojeras no tapan las ojeras sin más, necesitas un maquillaje y si te das maquillaje solamente en los ojos siendo muy pálida y no te das nada en la cara, serás la misma mapache que si no te das absolutamente nada. El segundo que me compré fue el famoso roll-on antiojeras con cafeína de Garnier:



Volvemos a lo de antes, era un liquidito como agua espesa pero no quitaba las ojeras.

Fui a la tienda -a otra- y la chica, muy maja ella, muy joven, muy guapa y muy todo, me aconsejó un contorno de ojos que era drenante muy bueno. "¿Cuánto vale?" 176 euros. Vale, mañana vengo, bonita. o_O A ver, que si no te digo mi edad, piensas que estoy en la E.S.O., no lo flipes. Me fui -otra vez- al Mercadona:



Debo decir que este no me ha gustado nada. Es como darte una crema hidratante. Pero para darme eso, ya me doy yo mi crema hidratante normal… Escucho consejos, pronto se me gastará y tengo que buscar más opciones que no impliquen empezar a trabajar para quitarme las bolsas y las ojeras.

Por ahora lo mejor que tengo es:


Antiojeras Forget it de Biotherm


Es caro, pero tapa las ojeras ya que es maquillaje y además parece que cunde bastante. Es lo único que he podido encontrar.


Por último, otra cosa que dijeron el otro día que está de moda y que también se me está agotando y quiero cambiar. La mujer de la tienda -una tercera, soy una chica de mundo xD- me lo debió dar medio seco, porque si no yo no me lo explico…:

Máscara de pestañas hypo gloss de Essence



Antes usaba esas de dos colores con las que primero te maquillas las pestañas de blanco que parece que te ha nevado encima y luego el negro y le hacía aire a mi madre en la cara con las pestañas. Ahora esto me las deja raras. Se me ha metido en la cabeza el Colossal volum express de Maybelline…

domingo, 18 de septiembre de 2011

Transformando tres cuartos y otras chapucillas

Creo que el título de la entrada ya da bastante miedo de por sí, pero me he decidido a explicarlo para poder alcanzar el punto álgido del acojone. xD

Trataré de hacerme entender... Tenemos dos casas: una en la que vivimos cuatro días a la semana que es nueva pero que no nos pertenece y en la que puedo liarla porque el arreglo del destrozo me saldría casi gratis y sin consecuencias (aaaahhh, ahí te apañes, la casa no es mía, si me la regalas ya la arreglo yo xD) y otra en la que vivimos los otros tres días restantes de semana que sí es nuestra -ejem, de mis padres...- aunque es un poco vieja ya y en la que si la lío, mi madre me matará. Pero no es grave, yo creo que mientras no tire un muro de carga con la taladradora -lo cual no tendría que ser poco probable necesariamente xD-, todavía podría perdonarme en qué, ¿dos o tres décadas? Y no, yo tampoco entiendo eso de vivir tres días en una casa y cuatro en la otra cuando las casas están a una distancia de una hora en coche, pero en fin, es lo que hay, así puedo compaginarme los líos sin necesidad de verlos durante mucho tiempo seguido.

En fin, a lo que iba, comenzaremos por la casa número dos, que al ser más vieja, es la que necesita más arreglos.

Por 5 pesetas la respuesta -yo sigo con mi amor a los años ochenta-, que alguien me diga qué cosas extrañas pueden verse en esta fila de cajones. Tic-tac, tic-tac, tic-tac...


Vale, una pequeña pista, los cuatro primeros estaban en el suelo antes del arreglo. xD Podemos decir que han quedado algo mejor, ¿no? Les faltan tantos trozos por dentro, que me las vi negra para dejarlos más o menos decentes. La barrita "arreglatodo" no está mal, pero un consejo y una advertencia, no la dejéis en vuestra mano más de un minuto o tendréis un dedo extra y... Huele raro, espero que no se ofenda.

Así se quedan hasta que cambiemos la cocina -está en mente- y parece que se abren y cierran bien después de 20 días de secado.

Ahora me toca cambiar los interruptores de la luz de toda la casa y pintar todas las puertas. o_O


Siguiente punto: Quitar todos los tacos de dos habitaciones. Y parecía fácil... Nueve tacos en una y ocho en otra. ¡Bah! A mí que no me engañen, esos tacos venían de serie con las pareces, no había manera de sacarlos.

Tres tacos de la antigua cama nido -ahora cambiada por un tatami, gracias a Dios-; dos de cada lado de la cortina por las dos habitaciones, once; dos más de los "sujetacortinasocomosellamaseesoquehabía", trece y otros cuatro de los cabeceros. Ya tenemos los 17.

Entre el polvillo de sacar los tacos que iba directo a mi nariz y el cansancio, yo aquí ya veía el símbolo de la trilogía de Millennium.
























Veamos ahora un taco prácticamente desintegrado ya en el recogedor -y el joío' seguía dentro por más que tiraba encima de la escalera xD-. Hice esta foto mientras me daba la vuelta y decía "muajuajuajuajua" a sus espaldas. xDD


Bien, ahora para no dejar múltiples agujeros del tamaño del pulgar en las habitaciones, vamos a dejarlo todo mucho más bonito lleno de parches blancos encima de la pintura azul y verde. Precioso todo. Sí, me tocará pintar. No sé cómo quedará el efecto "pared de gotelé, parche liso de Aquaplast" pero... Mi madre me dice que pase de hacer gotelé en los parches y yo que soy muy obediente... La habitación azul pasará a ser gris y la verde, roja, por lo que me tocará dar al menos dos capas. Por supuesto pondré fotos del despiporre, vosotr@s tranquilos xD


Precioso... xD
















Lo mejor de todo era que, según dabas una capa de Aquaplast, el agujero la absorbía (¡chof!) y voilà, ahí estaba el agujero otra vez, ¡qué lindo! xD


Pasemos ahora a la segunda casa. Por suerte o por desgracia, aquí sólo tengo una habitación y a la otra, la de mis padres, no le meto mano siendo nueva a no ser que tenga que arreglar algo -véanse las últimas dos fotos o similares xD-.

La habitación es bonita, pero a decir verdad, no me cabe todo lo que tengo, así que con los arreglos voy a tratar de que se vea un pelín más alegre y que a la vez sea algo práctico. Más adelante veréis cómo le voy dando forma a mis ideas y la voy cagando poco a poco, jajajajajaja.

Las paredes son lisas, de un tono amarillo y tengo el frente con un papel muy chulo gris oscuro con una ojas pequeñitas como doradas. En las fotos no se ve el detalle, pero es bonito.

En la pared de esta foto voy a tratar de hacer un dibujo que vi por internet de un monstruo tocando el violín. Como veis y aunque esté lejos, siempre me acuesto y me despierto mirando a Estados Unidos (parece una versión yanki de "te voy a poner mirando pa' Cuenca xD), con mi Piper Paulie, mi Gizmo, el libro de "Cuentos para pensar" de Jorge Bucay, las llaves del coche -que hay que esconder en mi habitación para que no las pierda mi padre- y mi lámpara aún a medias. Se ve también la pata de Pochita, mi súper osa de peluche.

- Mamá: ¿Cómo la vas a llamar?
- Yo: No sé aún...
- Po' chita (pues Chita...)
- ¿Pochita? xDDDD

Al bebito le iba a poner Potarzán, pero ya va a ser mucho rizar el rizo xD


Y en esta pared, quiero hacer un vinilo raro que a la vez va a ser muy práctico. Yo me entiendo... Ya lo veréis. Voy a comprar unos percheros en Ikea para los cascos -ahí en la silla quedan un poco raros- y voy a intentar hacer otro invento para poder tener también todos los cables colocados y que no estorben y estén por ahí colgando, porque en la foto no se ven muchos, pero... Los dos cascos, el cargador del iPhone, el del P.C., dos cables para el micro, el de la UX2 -una cosa de grabar-, los dos de la mesa de mezclas, el cable del ampli, los altavoces, los cables de internet, del flexo... Por cierto, si alguien sabe qué es ese muñequito que tengo encima del flexo, le agradecería que me lo dijese. ¡Qué monas mis "flagonetas"! :)



Y bueno, este es el agujero/destrozotetirolaparedenunchantiamén que nos hicieron los vecinos con la taladradora. xD Y porque salió mi madre a decirle que nos estaba tirando media pared, que si no nos la deja como un colador. xD Sí, ahora me río, pero me parece que le va a tocar pintar aquí a la doña ¬¬

Nos puso otro parche y a tirar...

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mis queridos años '80



Sí, porque aunque pueda parecerle increíble a alguien que vea mi apariencia física en estos momentos, prácticamente he vivido toda la segunda mitad de la década de los '80 y… No nos engañemos, sin llegar a vivir las dos primeras décadas, creo que los años '50, '70 y '80 han sido las tres mejores épocas en las que se podrían haber vivido. A lo mejor en un futuro vendrán décadas mejores, pero si nos paramos a pensarlo con algo de detenimiento, del reggaeton no creo que pueda salir nada bueno… Por mucho que evolucione, como les gusta decir a Dani y Carles.

Como digo, viví los años '80 y sólo puedo recordar esta época como los mejores años de mi vida. Quizá esté un poco influenciada porque era una niña y, como tal, por aquel entonces era feliz en mi mundo sin tener que poner demasiada atención a los problemas de "los mayores" por eso mismo, porque eran problemas de "los mayores".

Los '80, aún se utilizaban vinilos… Recuerdo tener el tocadiscos en el salón de casa, justo al lado de donde poníamos el árbol por Navidad. Mi madre ponía sus vinilos -que creo, aún conservamos- mientras limpiaba, quizá de ahí me viene el gusto por la música antigua; pero algunos fines de semana, cuando yo estaba en casa jugando o no se podía salir porque hacía mal tiempo, mi madre me ponía el vinilo de los payasos de la tele. Y yo le pedía que lo pusiese una y otra vez, una y otra vez hasta que ella se cansaba y me pedía cambiarlo por otro. Entonces yo le decía que lo poníamos una vez más y luego ya pondríamos otro diferente. Algunas veces me ofrecía a ponerlo yo misma -¿rebobinar un vinilo en un tocadiscos? Suena interesante…- y en ocasiones me lo permitía siempre y cuando tuviera cuidado de colocar bien la aguja.


Pero como todo en esta vida -o después del primer párrafo mejor diremos casi todo- el vinilo evolucionó y entonces llegaron las cintas de cassette. Sí, esas que ahora los modernos consideran retro y adornan algunas camisetas, mochilas, complementos… Seguro que mi casa no era la única en la que algunos radio cassettes iban con pilas y te tocaba rebobinar la cinta con un boli -siempre Bic, que si no, no enganchaba- para no gastar todas las pilas. Recuerdo también mi primer Walkman. La gente trató de loco a Akio Morita -aunque el inventor "real" fue Andreas Pavel- cuando trató de crear un radio cassette portátil para poder escuchar música mientras caminabas por la calle. ¿Quién va a querer escuchar música por la calle? Mi primer Walkman era rojo. Aún lo tengo. Y funciona. Yo era muy pequeña y mis padres, no recuerdo muy bien si por mi cumpleaños, por Reyes o porque sí, decidieron comprarme uno. Un día era muy tarde por la noche cuando mi padre llegó con él. Yo abrí el envoltorio y vi mi Walkman.

- ¿Sabes lo que es?
- Para escuchar cintas de música donde quiera.


Nunca había visto ninguno. Nadie que conociese tenía uno, pero yo sabía que servía para eso porque dentro tenía esas dos ruedecitas que me pareció que encajaban con la forma de una cinta de cassette. Me dijeron que debía tratarlo con mucho cuidado -no hacía falta, ya me conocían- porque era muy caro y muy delicado. Sobre todo, había que intentar que no se cayese al suelo. A la mañana siguiente debía ser fin de semana porque yo bajé corriendo a explicarle a mi mejor amiga lo que tenía en casa. Subimos y después de una breve explicación, nos pusimos con la práctica. Nuestra canción favorita era la de palmitas con palmitas -palmitas con palmitas, palmitas con palmitas, dar una vuelta entera, volvamos a empezar-. Le puse los cascos a ella y…. ¿A que no sabéis lo que pasó en el momento de dar una vuelta entera? La falta de costumbre, mi amiga estrenó el Walkman estampándolo contra el suelo. Como habréis leído antes, sobrevivió… Gracias a mi Walkman, prácticamente desde mi nacimiento hasta la actualidad fui y seguramente seguiré siendo fan de Mecano, el mejor grupo de España de los años '80 y para mí, el mejor grupo español de la historia de este país, con todo mi respeto hacia los otros. Es poner una de sus canciones y, oyendo las primeras notas, transportarte automáticamente a aquella década. Automáticamente o literalmente, porque estuve en uno de sus conciertos en el año '89. Una nena que midió 52 centímetros al nacer encima de los hombros de un señor de 1'86… Una vista privilegiada.


Más tarde, nosotras también evolucionamos. ¿Quién de mi época no recuerda a Xuxa? ¡Yo tenía las zapatillas de Xuxa! Y me encantaba su pelo tan liso y tan rubio, pero yo lo tenía más largo aún. Tenía una amiga a la que veía de vez en cuando, que siempre me preguntaba si alguna vez me iba a cortar el pelo. Y yo siempre le tenía que explicar que me lo cortaba a veces, igual que ella, pero que me gustaba más así de largo. Por aquel entonces mis rizos también habían evolucionado -perdón por la repetición de la palabra, pero con el ritmo de la vida todo tiende a… ¿Evolucionar?- y se habían convertido en una melena indomable y lisa a la altura de mi trasero.

Pero volviendo a la más tierna infancia… Mama Chicho me tocaaaaa, me toca cada vez más… Vale, unas décadas después suena bastante porno, pero… Anda que no triunfaban las Mama Chicho entre los hombres de la época. A decir verdad, ahora seguirían triunfando, pero también es cierto que hay gente que no evoluciona… Esto… ¡1, 2, 3, aquí estamos con usted otra vez! Si no conoces a Ruperta -y no, no es tu médica de cabecera- o eres demasiado joven o definitivamente NO has tenido infancia. ¿El juego de la oca quizá? ¿Beso o tortazo? Yo me sé de memoria las músicas de las aperturas de las series y dibujos de televisión que veía en mi infancia.


En el terreno de los dibujos animados y descartando Pocoyo -o Pocoyó-, ¿qué series/dibujos/lo que sea hay especialmente dedicadas a los niños hoy en día? No sería tan descabellado decir que pasan directamente de Pocoyo a Hannah Montana y los Jonas brothers. Lo único que no me gustaba de ver series de dibujos de los '80 era que siempre te tenías que tragar un rato a Leticia Sabater gritando: "¡Con muuuucha maaaarcha!" entre serie y serie. Tengo su autógrafo. Pero era aguantable dada la recompensa final. Yo en mi década, tenía donde elegir. De muy pequeñita, me encantaba ver los Osos amorosos -y al que me llame pastelosa, le doy en toda la cara con uno de los peluches que aún conservo de la serie-, los Fruittis, Fraggle rock, Oliver y Benji -como buena "futbolera" que era-, los Pitufos, los Trotamúsicos -también tengo libros, aunque para leerlos tuve que esperar un poquito más-… Y lo flipaba con las Tortugas ninja y Bola de dragón Z.


De hecho, incluso fui capaz de terminar la colección de fichas de esta última serie. Son Goku y Son Gohan fueron míticos hasta que mi madre decidió tirar las fichas con todo el dolor de mi corazón argumentando que "ya era muy mayor para tener cromos". ¿Por qué? Venían cromos en los Bollycao, en las Panteras rosas, en los Bony, en su primo Tigretón -somos Bony y Tigretón, desayuno o merienda, qué más da, Bimbo va…- en los Phoskitos… Y no te veían cromos en el pan con chocolate de pura casualidad. No puedo imaginarme un recreo de pequeña si no había alguien cambiando cromos. ¡Hasta los chicles -de Boomer, por supuesto- tenían pegatinas! Anda que no habré luchado veces por completar el álbum de las Barbies para conseguir la muñeca rubia que tenía el pelo más largo. Pero a mí ya no me engañan, he crecido y sé que hay pegatinas que NO EXISTEN. Así no había manera… Bah, al fin y al cabo, a mí me gustaban mucho más las barriguitas.

Y aún con todo esto, tenías la opción de coger una cinta beta, las de los años '80 que más tarde se convirtieron en VHS y ponerte El libro gordo de Petete, Trapito o alguna peli de Disney. Si alguien es tan amable de indicarme en sencillos pasos cómo pasar una cinta beta a VHS y de VHS a cd o directamente de beta a cd, podré ver por fin cómo una mini Álex de cuatro añitos bailaba La lambada y la Bilirrubina. Las fotos, y aunque sigo siendo fan de las Polaroid de por aquel entonces, no son lo mismo.


Una última opción para los días de lluvia era la Nintendo. Bueno, no, la NES -Nintendo Entertainment System-, que sin dar tanto detalle no suena tan potente. Super Mario Bros y su amiguito Luigi, que tenían que salvar a la princesa y bla, bla, bla…


Pero en realidad, lo que de verdad, de verdad molaba de esta década, era que podías jugar en la calle hasta que anochecía. Entonces tu madre se asomaba a la ventana y te decía que debías subir ya a casa porque era de noche y ya no se veía. "Sí, mamá, hay farolas…" Vale, sí, a veces le pedías que te dejase cinco minutitos más, pero como tú no entendías cómo se miraba la hora, tu madre podía engañarte a su antojo, "cuando esta agujita esté aquí." Hmmmmm, no sé si fiarme. Lo bueno era que tu madre se ponía a hacer otra cosa mientras tanto y con la tontería solía pasar algo más de cinco minutos. Entonces te tocaba subir a casa -y cuando se iba uno, se iban todos- a ducharte y cenar para ir al colegio al día siguiente. Mi abuelo tenía mucha afición por las vueltas ciclistas, así que los camareros nos guardaban las chapas de las cervezas y los refrescos de cuando salíamos a tomar algo por la noche y nosotros nos encargábamos de pegar un papel en la chapa y ponerle el nombre de algún ciclista o futbolista -del Real Madrid, por supuesto- para jugar luego en la arena a las carreras ciclistas o al fútbol. Y claro, de tanto andar raspando los pantalones por el suelo a la altura de las rodillas, a aquello le terminaba saliendo un tomate que todas las madres solucionaban de la misma manera: rodilleras. Ahora ya nadie lleva rodilleras, las madres prefieren comprar unos pantalones nuevos que andar cosiendo o pegando con la plancha las dichosas rodilleras que, o se terminaba despegando o ya te encargabas tú de despegar para volver a recordar aquel agujero tan mono que decoraba tu rodilla. Y luego estaba la versión dos, las coderas, pero esas solían ser propiedad de los más profesionales en la materia de romper la ropa. Por eso cuando era pequeña y mis abuelos pudieron llevarme a ver el Giro que pasaba por su pueblo y vi a Induráin, fui la chica más feliz del mundo. Pasó TAN cerca de mí… La gente al verme -y como nos conocían a mi abuelo y a mí- nos empezó a dejar pasar para que yo lo viese más de cerca y mi abuelo y yo terminamos en primera fila, sentados en las gradas y a pie de meta. Lógico que luego no me quisiera ir a casa otra vez y llamase a mis padres desde el teléfono de góndola de mis abuelos, que prácticamente utilizamos en esa casa hasta hace nada, para decirles que viniesen tarde, que yo no tenía ninguna prisa por irme a casa.


Evidentemente, los juegos con las chicas eran diferentes, con ellas no solía jugar al fútbol o a subirme en los árboles y hacer cabañas -bueno, había con un par que sí, cómo las echo de menos-. Con las chicas siempre podías jugar con tu Nenuco o tu muñeco de Baby Feber -pelirrojo… Nunca me gustó la gente pelirroja hasta que…-. Los Nenuco y los Feber no hacían nada. No llevaban pilas. No hacían pis -bueno, tenían un agujerito y si les bañabas, salía agua, pero era un poco ortopédico. También salían pompas de la boca si le apretabas un brazo- pero eran los mejores muñecos del mundo aún metiéndolos contigo en la bañera y consiguiendo con esto ese pelo estropajoso que ya le quedaría de por vida en la cabeza a tu pobre muñeco. También teníamos los trolls, duendes, lo que fuese, esos que tenían un "brillante" en el ombligo y, se suponía, daban suerte. Estos no es que los conserve, es que van a pasar a formar parte de la decoración de mi futuro estudio de grabación. También teníamos tres pins, que no sé de dónde salieron -y que tengo, sííí- uno con el pelo rubio, otro con el pelo verde y otro con el pelo rosa. En principio el rosa debería haber sido para mí, pero daba mi afición por ese color, el rosa era el de mi madre, el verde el de mi padre y yo tenía el del pelo amarillo. Mi abuela se quedó con mis ponys. My little pony, de Hasbro. Todavía no puedo creerme que tenga tantas cosas de los '80 y en tan buenas condiciones.


Pero aún me queda un clásico para jugar en la calle y este es unisex. ¡La bici! daba igual que no te dejasen salir del patio de tu urbanización, yo era feliz con mi bici BXM que además compartía con mi mejor amiga -la del Walkman- porque a ella no podían comprarle una. Unas cuantas vueltas cada una y le tocaba a la otra que esperaba pacientemente como si fuera lo más épico del mundo. Cuando me iba con mis padres a algún sitio, siempre se la dejaba con la condición de que me la guardase bien en el trastero para que no me la robasen.

De todas maneras, un chicle tan sólo costaba cinco pesetas. A veces en el mismo día podías encontrarte un par de rubias -ejem, una rubia era una moneda de peseta- y eras la persona más feliz del mundo porque eso significaba que tan sólo te faltaban tres pesetas más para poder comparte un chicle. Ahora ya, si tu abuela te daba veinte duros, te daba para comprar una buena bolsa de golosinas yyyyyyyyyy… Para irte a los recreativos. Una partida en la máquina, veinticinco pesetas. La misma moneda con la que te hacías collares pasando una cuerda por el agujero que tenías y que a la semana siguiente como mucho tardar, sacabas para poder echar de nuevo una partida con tus primos en el futbolín o en la máquina de coches, mi favorita. Mi tío era generoso y siempre me daba alguna monedita de más porque sabía que a veces mis primos jugaban ellos solos en el Bubble y tenían para dos partidas cuando yo sólo tenía para una.


A ver, apuntemos si tenemos para todo: Chicles Boomer, una cantimplora que has de beberte antes de que te pille tu padre porque dice que eso es una porquería, un regaliz que me robará la vecina, unas frutas que se comerá mi madre, dos tizas porque una se la comerá mi padre, una nube para mi tía y un chupachup de los que te pintan la lengua de azul o verde. ¿Qué más? Me sobra dinero… ¡Ah! ya sé… Unos caramelos Drácula, unos verdes de melón y un helado Boomy, que hoy voy de sobrada. Estaba claro que la fruta más rica de las tres, era la naranja, la que estaba la última y siempre te acababa dejando un surquito de helado desecho por todo el palo y parte de la mano. Entonces tocaba lamer un poquito y de vez en cuando la naranja. Bueno, no sé, de niño eso resultaba complicado. Y con todo el dinero que sobraba de estos viajes a las tiendas de chuches, a los recreativos y poco más, si eras ahorrador, podrías comparte el tan deseado reloj Casio. Yo tengo dos… Algún desalmado que no sabía lo que hacía se lo quitó y se le cayó por la calle. Estaría jugando al fútbol con él o intentando cambiar de canal -¿es un rumor extendido o realmente se podía hacer eso con un reloj?-. Yo me lo encontré.


Mi infancia, los años '80, los tazos, los colgantes de chupetes, el cubo de Rubik, las zapatillas con luces, la Magic screen -esa pantallita para dibujar con un par de botones a los lados-, los tamagochi, los cuadernos Rubio, las manos de goma que se tiraban y se pegaban en todos lados, los bolis con varios colores dentro del mismo boli, Playmobil, Lego, Pin&Pon, las tabas, el Tragabolas, las canicas, la peonza, las hombreras… Todo murió el día en el que me di cuenta de que no podría recuperar ninguno de los párrafos que he escrito.

sábado, 27 de agosto de 2011

¿Tienes miedo?

He querido escribir esto justo antes de publicar los vídeos y no de otra forma, porque sé que muy poca gente verá el primer vídeo que voy a publicar. Dentro de la poca gente que puede que lo haga, dudo que alguna llegue a ver el segundo completo y si alguien es capaz de darle al play en el tercero, nunca llegará al noveno.

En mi opinión personal y por supuesto subjetiva, hay dos tipos de transtornos psicológicos, síndromes o fobias: las que son comprendidas y las que no.

Siempre quise estudiar psicología y especializarme en fobias, transtornos y síndromes, pero nunca lo haré porque tengo miedo de tenerle miedo al miedo y no seré capaz de ir a clases. Nunca he entendido esa poca comprensión de la gente -allegada o no, da igual- hacia los enfermos y eso que me tenía a mí misma por una persona comprensiva. Será que a veces nos equivocamos... Entiendo que una fobia sea denominada como "irracional" cuando no hay razón -aparente, que siempre la hay aunque a veces esté escondida- para tener determinados miedos. Pero que sea irracional, no implica que las demás personas no tengan que intentar entenderla, sino más bien todo lo contrario.

Cualquier persona puede comprender a una persona que tiene depresión. Incluso sin saber a qué se debe, pero a todos nos pasan cosas malas -a algunos más que otros-. La depresión puede ser provocada por la muerte de una persona querida, el fin del amor de pareja, las discusiones fuertes y duraderas con la gente a quien aprecias, la pérdida de un trabajo, una enfermedad, etc.

Uno de cada seis niños estadounidenses sufre de autismo. Todo el mundo comprende a una persona con autismo y evidentemente sabe que no es autista porque esa persona lo desee. No lo hace porque quiere al igual que no lo hace un Asperger.

Incluso en fobias aparentemente tontas como lo son la aracnofobia (miedo a las arañas) o la ofidiofobia (miedo a las serpientes) -aparentemente porque prácticamente el 100% de las arañas que te encuentres a lo largo de tu vida son inofensivas y porque culebras veremos pocas en nuestro día a día- son bastante comprendidas e incluso compartidas por un gran porcetaje de la población.

El resumen es: "Ya que 'tú eliges' debes dar con la fobia adecuada".

Si eres fóbico social, agorafóbico -transtorno del que tratan los vídeos, por si llegáis a ellos-, sufres de T.O.C. (transtorno obsesivo compulsivo), T.P.E. (transtorno por evitación) o similares, siempre será porque quieres. Y todo esto a pesar de que fobias como la agorafóbia o la fobia social estén entre las diez fobias más comunes.

Y digo yo... ¿Una persona agorafóbica lo es porque quiera? No lo preguntéis. Yo cometí el error de hacerlo y la respuesta en 9 de cada 10 casos fue que sí. El décimo no se había enterado de la pregunta...

Os pondré en situación.

Los expertos han determinado que un 5% de la población mundial sufre algún tipo de fobia. Esto significa que una de cada veinte personas sufre algún tipo de fobia siendo más frecuentes en la mujeres.

Hasta un 22% de la población (atención al dato) sufre, ha sufrido o sufrirá algún tipo de ansiedad o depresión en algún momento de su vida.

Un 15% de la población (el porcentaje también es importante) sufre alguna variedad de agorafobia (miedo a los ataques de pánico sufridos en un lugar del que no se pueda huir y no exactamente el miedo a salir de casa como se tiene entendido comúnmente como agorafobia).

Los estudios demuestran que alrededor de un 13% de la población mundial sufre fobia social (miedo a estar con gente y a determinados comportamientos en público) en algún momento de su vida. En un año, al menos 5.3 millones de personas en los Estados Unidos tienen fobia social. Aproximadamente el 3% de la población norteamericana sufre este transtorno.

En México, un 16% de la población sufre hipocondría (miedo a caer enfermo), porcentaje que en la población mundial desciende a un 9%.

Entre un dos y un cuatro por ciento de la población padece T.O.C.

Un 1% tiene el síndrome de Guilles Tourette (ticks crónicos múltiples).

Erotofobia (temor al sexo), acrofobia (temor a las alturas), algofobia (al dolor), amaxofobia (a conducir un vehículo), atratofobia/brontofobia (temor a las tormentas), autofobia (a estar solo), catagelofobia (a hacer el ridículo), dentofobia (a los dentistas), homofobia (a los homosexuales), euretrofobia (a ponerse rojo), fonofobia (a los ruidos fuertes), genofobia (al acto sexual), glossofobia (a hablar en público), hemofobia (a la sangre)...

Aquí tenéis una lista de las 10 fobias más comunes.
Fuente: http://www.fobias.net/fobias-comunes.php

Aracnofobia: Se trata del miedo a las arañas. Se calcula que la mitad de las mujeres y el 10% de los hombres padecen esta fobia en algún grado. Las reacciones de estas personas resultan exageradas para los demás, e incluso para los mismos afectados. Éstos procuran mantenerse apartados de los sitios en donde pueden encontrarse arañas, o donde han visto telas de araña. En los casos más serios, el pánico puede ser detonado incluso al ver una fotografía.

Sociofobia: Se trata de un persistente e intenso miedo a ser juzgado negativamente en situaciones sociales. Es una fobia de las más comunes entre adolescentes y jóvenes, se calcula que cerca de un 4% de las personas entre 18 y 55 años la padecen. A diferencia de lo que sucede en la mayoría de las fobias, esta fobia social es igualmente común en hombres y mujeres.

Aerofobia: Se trata del tan común miedo a viajar en avión (de hecho, se calcula que sólo el 5% de los pasajeros abordan el avión sin temores de ningún tipo). Sin embargo, las personas que padecen de esta fobia no experimentan sólo una ligera inquietud en el momento del aterrizaje y del despegue, sino que en ocasiones las fobias les impiden planear siquiera un viaje de este tipo, o les ocasionan trastornos de ansiedad ante la perspectiva de un futuro viaje, incluso meses antes de llevarlo a cabo.

Agorafobia: Se trata del miedo a los espacios abiertos, y es un trastorno más común entre las mujeres que entre los hombres. El agorafóbico teme todo aquel lugar donde no se sienta “seguro” o no pueda “recibir ayuda”. El que presenta este tipo de trastorno suele refugiarse en su hogar y rara vez sale, ya que en esas ocasiones experimenta una gran ansiedad. Es la fobia que motiva más a menudo consultas a especialistas.

Claustrofobia: Al contrario que la agorafobia, este trastorno implica el temor a quedar confinado a espacios cerrados. Se estima que entre un 2 y un 5% de la población padece esta fobia. Estas personas suelen evitar los ascensores, el metro, los túneles, las habitaciones pequeñas, hasta las puertas giratorias les pueden presentar dificultades, así como también el uso de equipos para técnicas de diagnóstico médico como el TAC.

Acrofobia: Se trata del miedo a las alturas, no simple vértigo sino un temor que ocasiona ansiedad a quienes lo padecen. La fobia suele manifestarse en situaciones tales como las de asomarse a un balcón, estar en un mirador elevado o junto a un precipicio. Al igual que sucede en otras fobias, aquellos individuos que la sufren buscarán evitar la situación temida.

Emetofobia: Se trata de la fobia al vómito o a vomitar. Hay personas que sienten más que una simple aversión hacia el acto de vomitar, y que incluso cambian sus hábitos alimenticios y sociales en consecuencia (por ejemplo, evitar ir a comer a restaurantes por temor a que la comida que le sirvan allí le siente mal al estómago). Si bien sólo en casos extremos se considera fobia, se calcula que el 6% de la población siente temor de vomitar.

Carcinofobia: Se trata del miedo a contraer cáncer. Es uno de los temores más comunes desde el momento en que la mayoría de los adultos siente aprensión ante la posibilidad de manifestar esta enfermedad. Sin embargo, en el caso de los fóbicos, se trata de un miedo muy antinatural, ya que demostrarán temerle a cualquier síntoma físico negativo, asociándolos todos a síntomas de la enfermedad.

Brontofobia: Son comunes las fobias que involucran elementos climáticos o determinados fenómenos meteorológicos, y éste es el caso de la brontofobia. Consiste en el miedo extremo ante los rayos y truenos de las tormentas. Alguien con esta fobia estará alarmado tanto antes como durante las tormentas, y en casos extremos, padecerán los síntomas de la ansiedad. Incluso puede verse afectada su vida social, ya que su planificación de actividades depende del pronóstico meteorológico, y pueden llegar a faltar al trabajo o modificar sus hábitos debido al clima.

Necrofobia: El miedo a la muerte es algo natural e instintivo en el hombre, posiblemente porque la muerte es lo desconocido. Además, se asocia la muerte con los padecimientos que la preceden, dolor, sufrimiento, etc. Sin embargo, algunas personas padecen de una verdadera fobia a la muerte y a los seres muertos. Quienes padecen de esta condición no pueden explicar con claridad el sentimiento escalofriante que experimentan al estar frente a una momia o a un cadáver.


















miércoles, 24 de agosto de 2011

Cosas de niños

Y es que si eres un padre de esos que se lleva la cámara a todos lados para mostrar al mundo lo salao’ que es tu chiquín (y no grabas encima como hizo el mío con todos los vídeos de cuando era pequeña ¬¬) a veces los nenes tienen ciertas caídas que quedan para la posteridad -o en la actualidad para el híper famoso YouTube-.

Este es un claro ejemplo de la imaginación, lógica, razonamiento y perspicacia que demuestran algunos críos y que hacen que los propios adultos nos sorprendamos con frecuencia.


Primer ejemplo: David después de su visita al dentista. Supongo que todos sabéis de qué vídeo estoy hablando (si no lo sabéis es que sois Gremlims, probad a pegaros una ducha), pero por si acaso no es así, os dejo el vídeo con subtítulos en castellano. David fue al dentista donde tuvieron que darle algunos puntos por lo cual, le pusieron anestesia. Se ve que la anestesia no le sentó demasiado bien y este es el resultado grabado por su padre:




Ok, segundo vídeo. Si así de primeras os digo que es un vídeo de ballet seguramente nadie querrá verlo. Pero si os digo que resulta ser una tragedia –la de la primera posición, como “exbailarina” la conozco bien- y que os vais a reír de los calvarios que pasa una pobre niña para mantener indemne esa primera posición quizá queráis echarle un vistazo. Aquí lo tenéis:




Buenísimo, ¿eh? Sigamos con los famosísimos niños parlantes. Por favor, no me pidáis subtítulos, no soy tan buena. Desde luego la conversación tiene que ser interesante, profunda… Y entendible sólo para ellos por lo que se ve. ¿Hablarán del misterio del calcetín desaparecido?




Dejemos paso a una niña que podría perfectamente conversar con los dos gemelos anteriores. Lo malo es que sospecho que no se conocen, así que la pequeña se conforma y “charla” con su padre. ¿Qué remedio?





Sin comentarios. Pero muy bueno xD Al menos el niño toma yogures –de los de Coronado, no unos cualquiera- y es muy limpio.





* A ver… Nadie es nunca como querría. Si tienes el pelo rizado, seguramente lo querrás tener liso. Si tienes los ojos marrones, seguro que te gustan más verdes. Y si eres "blanquinho", puede que quisieras ser “negrinho”. No os preocupéis, hay soluciones para todo (una de las mejores partes, cuando sale la madre chillando: Meu Deus!!):

*Si no lo entendéis, puedo traducirlo, pero creo que se entiende bastante bien el portugués.




Luego hay gente que se lleva mal con sus hermanos (más gemelos. Deben tener una chispa especial para este tipo de vídeos). Viendo este vídeo, yo le guardaría rencor eterno a mi hermano gemelo. *Matou a mina formiguinha! Que dó, que dó. *Mató mi hormiguita. ¡Qué dolor, qué dolor! :( Y encima pone cara de no saber nada… Hmmm… (También se entiende, ¿verdad?)




Si nada de esto funciona, puedes probar a morderle un dedo a ver qué pasa:




¿No te han dicho alguna vez que no te fíes ni de tu sombra? Pues a esta niña le da miedo. Lógico, a ella también se lo habrán dicho alguna vez.




Ays, Justin Bieber. Es TAN mono… Lo queráis o no, levanta pasiones, pero lo de esta niña… El momento en el que suena el teléfono es MÍTICO. xD Por cierto, con subtítulos en castellano.




Mamá, te quiero. Pero que sepas que no te quiero todo el tiempo, sólo cuando me das galletas. xD




Después de un cabezazo jugando con su hermano, este bebé tiene sangre. Blood! BLOOD! ¿Es divertido? ¿¡ES ACASO DIVERTIDO!?




A algunos les rompe el corazón una “mujer”…




Y a otros, ¡los Pumas! (Es un equipo mexicano) ¡No sirven pa’ nada!




¿Un poquito de música? :)

lunes, 22 de agosto de 2011

Fotografía - Clark Little & Natsumi Hayashi

Para comenzar, os voy a presentar a Clark Little, surfista profesional nacido en Napa en 1968. Cuando tan sólo tenía dos años tuvo que trasladarse a vivir a Oahu, Hawaii, con su familia donde comenzó a practicar el que sería su deporte favorito. Mientras practicaba con su tabla, le fascinaba ver los diferentes colores, formas y expresiones que toma el agua, diferentes en cada ola, en cada movimiento... Así que con el tiempo, Clark se decidió a comprar una cámara de fotos y comenzó a fotografiar el mar para mostrarle a su mujer lo que él podía ver mientras robaba las olas.





¿Conocéis a la chica que levita? Se llama Natsumi Hayashi y, según he leído, tiene solamente 17 años. Es japonesa, vive con dos gatos y... Pues eso, que levita. ¿El truco? Mucha paciencia. Una cámara réflex, un trípode, controlar el tiempo en el que quieres que se dispare la foto, ¡y saltar!

Para que os hagáis una idea, aquí os dejo una anécdota que he leído esta tarde escribiendo esta entrada para el blog y buscando las fotos.

Un día, cuando estaba saltando en un lugar muy famoso de Tokio, unos trabajadores de un tienda se asustaron al verla saltar tantas veces de tan extraña forma delante de su cámara. Cuenta Natsumi que les escuchaba decir cosas como: "Debe estar un poco loca" o "¿deberíamos llamar a la policía?". Ella dejó de saltar y se excusó diciendo que estaba haciendo fotos para su boda. Los trabajadores se avergonzaron con tal explicación y la animaron a seguir haciendo fotos ientras le daban la enhorabuena por su próxima boda.




Os dejo algunas fotos de ambos intercaladas:





















Y sus webs:

www.clarklittlephotography.com
http://yowayowacamera.com