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domingo, 22 de julio de 2012

¿Quién fue quien dijo que el romanticismo había muerto?

Oh, sí, emmm... Creo que fui yo...


Bueno, sigo manteniendo el mismo pensamiento, no os vayáis a creer, pero supongo que generalicé demasiado. Dejémoslo en que en España no existe el romanticismo, y a poder ser, extendámoslo también a la península completa por si acaso. Quizá ya en la zona de Francia, adentrados en París que es 'el lugar' del romanticismo por excelencia, con la Torre Eiffel iluminada de fondo y tal... Pero nada, seguro que incluso allí, el romanticismo de la gente dura lo equivalente a lo que tardo yo en tapiñarme su baguette rellena de jamón.

Aún con estas, ha tenido que llegar un inglés, (¿y quién fue quien dijo que los ingleses eran unos siesos?) Winston Howes para más datos, que me ha echo recordar con añoranza que sí, en algún lugar no muy lejano de aquí y que también en alguna época -él tiene 70 años en la actualidad- existió esa 'cosa' llamada romanticismo.

Os los presentaré. Estos son Janet Howes y Winston Howes a comienzos de los años '60. Evidentemente yo no viví esos años, aparecí dos décadas después, pero se podría decir que son una pareja cualquiera de aquella época.



Imaginad 33 años de matrimonio después. Sí, imaginadlos, pero imaginad todo: los buenos momentos, los malos, las broncas, los celos, los cumpleaños, las enfermedades, el respeto, la fidelidad, la distancia, el trabajo... Supongo que a pesar de la época, los problemas y los buenos momentos en un matrimonio tienden a ser los mismos, incluyendo eso de 'en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida...'


Estos vuelven a ser Winston y Janet en el año '94.



Yo diría que se les ve felices... Pero un tiempo después, en el año 1995, Janet murió de forma repentina y Winston se quedó sin el amor de su vida. Supongo que es difícil seguir adelante en este tipo de casos y, te quedan dos opciones: o lo aceptas (que no superas) y vives con ello o dejas de vivir. Winston, a mi modo de ver, optó por la primera opción, pero escogió de entre todas ellas, la parte más romántica de aceptar este cambio impuesto. Dos años después de la muerte de su esposa Janet, una vez todo estuvo asimilado, el dolor le daba una pequeña tregua y aún teniendo en mente a su esposa, Winston se marchó en secreto a un bosque localizado en Wickwar, Reino Unido y comenzó a plantar robles dejando en el centro un espacio sin cubrir. Winston estuvo una semana entera plantando robles y dejando ese espacio desprovisto de semillas que era justo el lugar donde estaba la casa en la que Janet había pasado su infancia. Diecisiete años cuidando unos robles que empezarían siendo una mata blandita y que terminarían siendo árboles sólo después de la espera de muchos años.

Este hombre ha estado cuidando esa parcela en aquel bosque durante todos estos años, esperando a que los robles crecieran, dejando y cuidando también ese espacio donde estuvo la casa...

Y tanto sólo hace unos días, saltó la noticia a los medios gracias a Andy Collett, un hombre de negocios de la misma nacionalidad que descubrió la obra de Winston mientras volaba en un globo aerostático. "Ha sido lo más increíble que he visto desde el cielo"- declaró. Y... ¿Por qué es algo tan especial? Son unos robles, con un espacio en el centro sin cubrir donde había vivido una tal Janet a la que poca gente en su país y mucho menos en el mundo, había conocido...

Winston había plantado y dejado crecer un bosque de robles en cuyo centro, sin cubrir de árboles, había dejado un corazón que se podía ver tan sólo desde el aire. Winston sigue llevando a su mujer en su corazón y lo ha querido trasladar de forma metafórica al suelo puesto que es el único lugar desde donde Janet puede contemplarlo. Además, Howes ha declarado también que el corazón apunta en dirección a Wotton Hill, la ciudad de origen de Janet.


¿Sabéis que además se puede ver desde Google Earth? Yo lo he visto desde allí:
Wickar, Reino Unido.

Latitud:      51º36'26.07"N
Longitud:    2º23'11.83"O




miércoles, 11 de julio de 2012

Una serie de catastróficos experimentos: Día 6

Y aquí sigo con el piquetón, paquetón o como se le quiera llamar. El caso es que estos experimentos ya llegan a su fin, más por un fin forzado que por el que era realmente el fin natural, pero espero que aún así sea un regalo esperado. 

Creo recordar que la última vez tenía diez cositas. No las he contado, pero ahora el grupo debe ser de unas veinte o quizá superen la veintena. En realidad ni yo misma me había dado cuenta de que había crecido tanto el número, pero me falta simplemente acabar lo que quedó a medias por falta de dinero, material, imaginación o lo que quiera que fuera en su momento y enviarlo a ser posible este mismo mes, lo más pronto posible. 

En este último paso estaban las cosas que eran compradas. Evidentemente todas no las puedo "crear". Aunque... Dadme tiempo. :P 

Hay algo que hice hace tiempo con materiales primarios: tijeras, papel y pegamento. Hay una cosa que, para mí, tiene uno de los mayores significados afectivos que se le pueden dar algo con los mismos materiales: tijeras, papel y pegamento. Y también hay cosas que sirven para paliar unos deseos tontos. Para ayudar a solucionar cosas insignificantes de la vida que a veces nos molestan y que, al fin y al cabo, son las únicas que soy capaz de solucionar. O simples deseos tontos de los que de vez en cuando se habla sin darles mayor atención. Bueno, yo le pongo atención a todo...

Terminé también una cosa especial y muy personal. Siempre que pienso que el paquete debe llegar a su destino final, pienso en ese regalo en concreto porque si no no tendría sentido. Y ya de paso, mando también a un par de amigos a los que no estaba segura de si debería mandar: Zapa y Rajo. Dentro del daño, tampoco quiero ir a dañar, pero aunque el resultado haya sido este, la intención era otra. Con lo cual, viajarán mis amigos a conocer tierras extrañas.

También mando diez deseos. Vale, quizá yo no los cumpla, pero estoy segura de que finalmente todos se cumplirán. 

Pondré en la lista del día siete las cosas que quedan por acabar. Todo viajará, se recibirá y espero que su destino final sea la estancia aunque no en un sitio de honor, eso ahora no me importa.