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viernes, 23 de marzo de 2012

La tristeza y la furia

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...

En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas...

Había una vez...

un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta aquel estanque mágico y transparente se acercaron la tristeza y la furia para bañarse en mutua compañía.
Las dos se quitaron sus vestidos y, desnudas, entraron al estanque.
La furia, que tenía prisa (como siempre le ocurre a la furia), urgida -sin saber por qué-, se baño rápidamente y, mas rápidamente aun, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que aquel vestido no era el suyo, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.


Muy calma, muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa -o, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo-, con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se dio cuenta de que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo. Así que se puso la única ropa que había junto al estanque: la ropa de la furia.

Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada. Pero si nos damos tiempo para mirar bien, nos damos cuenta de que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza.




Cuentos para pensar, Jorge Bucay. :)

martes, 20 de marzo de 2012

Más pequeños proyectos...

Más o menos desde que tengo uso de razón me ha gustado darle un toque de color y divertido a todo y… Me temo que, aún con los tiempos que corren, sigo haciéndolo. Me gusta combinar cosas que nunca pegarían entre sí y es que seguir las modas es un auténtico coñazo. Combinar una americana negra con unas Converse de colores chillones mola. O un traje muy serio con un broche de El Monstruo de las Galletas. Ayer escuché en la tele que ahora está de moda que los hombres combinen los calcetines con el color de la corbata y que cuántos más dibujitos tuvieran y más divertidos fueran estos, mejor. Las gafas de pasta que tanta gente lleva ahora siempre dan ese toque serio del típico empollón de la clase, pero también implican que estás a la última. Cuanto más grandotas, más divertidas. Y yo pues… ¿Qué le vamos a hacer? Hago broches de galletas de jengibre, nubes sonrientes y Angry Birds -pájaros enfadados-, uso Converse con americanas y vaqueros rotos, no convino las corbatas con calcetines divertidos pero uso ambos y las gafas de pasta son incondicionales en mi vida desde el año '88. Si, tenía dos años para tres…

Y si no fuera así de loca, ¿por qué iba a llevar el anillo que siempre llevo en el dedo índice de mi mano derecha? Es rosa y le salió a mi abuela en un roscón de Reyes de hace unos cuántos años, con eso os lo digo todo. En principio ese anillo iba destinado a la otra sobrina de mi tío. La de cinco años… Pero era demasiado pequeña y como va pegado como va pegado y tenían miedo de que se lo pudiese llevar a la boca, quién mejor que yo para aprovecharlo.

Este pasado verano, el primer día que salí a la calle, me di cuenta de que el brazo con mi pulsera de cuero y mi reloj quedaba muy raro. Desde el instituto estaba acostumbrada a que mis brazos fueran algo así:



Entonces empecé a revolver mis cosas y me di cuenta de que había regalado todas las pulseras que tenía. La verdad es que eran baratas y fáciles de hacer, así que tenía tantas que cada vez que alguien me decía que le gustaba una, se la regalaba. Mi amiga y yo llevábamos siempre los brazos llenos. Echando de menos aquella moda, una tarde pasé por delante de una joyería donde me sorprendió bastante ver que vendían pulseras de esas de abalorios y cordones. Bueno, realmente aquí ya no me sorprende ver nada, cada vez estoy más convencida de que hay una extraña conspiración para que cada vez que quiero algo, lo traigan. No sé, deben ser espías -¿rusos? O chinos, que hay más xD- que se han dado cuenta de que no salgo mucho y han decidido ponerme todo en bandeja. Me temo que hacen agujeritos en las paredes de mi casa -como los Reyes- y cada vez que se me escapa decir en voz alta algo que me quiero comprar desde hace tiempo, ¡aparece en una de las tiendas de mi pueblo en poco tiempo! Si no, ¿de qué va a haber aquí la camiseta exacta de baseball americano que quería, de mi talla y sólo una? o.O Me hago una cibertarjeta para comprarme por internet los cascos que siempre quise, pero los rojos, no otros, quiero los rojos con este dibujo EXACTO. Vale, 14 euros. Esa semana los encontré en un bazar chino por 5'10 euros… o.O ¿Es o no es una conspiración? De ahora en adelante, me ducharé mirando a todos lados por si acaso.

En fin, a lo que iba, mis brazos tristes… Como ya tengo claro que van a seguir pareciendo el pincho de los pinchos morunos, al menos habría que adornarlos, ¿no? Un euro me costó cada pulsera. Me compré dos. Se me rompieron antes de acabar el verano. Las metí en el joyero (que era una caja en la que venía un cinturón de mi padre hasta que lo cambié por una caja en la que venía una botella de vino para mi padre xD) y ahí se quedaron. Hasta ahora, que va a volver el buen tiempo -¡feliz primavera!- y ya va siendo hora de arreglarlas.

Así que, tengo tres proyectos para más o menos un futuro cercano. El primero es terminar el gran proyecto, el "proyecto B". Ese sólo lo han visto Vicky y Anna y como es sorpresa, no os daré detalles hasta que no esté completamente terminado. Bueno, mejor hasta Septiembre, que si no lo mismo la cago porque los interesados lo vean antes de tiempo…

Segundo proyecto, hacer una mantita de bebé. Digamos que va a servirme como aprendizaje, así que… Si sale bien, será otra sorpresa para los del "proyecto B" y si sale mal, como nadie lo espera, correremos un -es-túpido velo. :P Me voy a atrever con el patchwork, Vicky. Todo a mano. Menos mal que va a ser tamaño baby, porque si no me veo aprendiendo a marchas forzadas cómo coser a máquina en dos fascículos para terminarla a tiempo… 80x100 con cuadrados de 10 centímetros, 12 contando las costuras. Al final he elegido el color azul por votación popular: 5 votos para el azul, 2 para el verde, 1 para el rojo, 1 para el blanco, 1 para el negro, 1 para el amarillo, 1 para el morado y 1 para el naranja (Sergio, vale ya de poner colores :P). Aún me queda decidir el número de telas diferentes a emplear. Si hay muchas, 8 diferentes y así no repito colores en cada fila. Si hay poco donde escoger, buscaré seis que sean bonitas.

Tercer proyecto, lo dicho, arreglar las pulseras y hacer otras nuevas. He ido hoy a los bazares de mi pueblo y, pensando que iba a arrasar con todo, no ha habido mucho donde elegir… He comprado mini cascabeles de colores, dados con letras (no, no puedo formar palabras porque vienen letras muy raras. Pocas vocales…), cuentas de colores y con unos lazos que tenía en casa voy a ver qué sale si no compro algo más. ¿Alguna idea de mis chicas artistas? Si algún chico quiere opinar también le dejo, ¿eh? :P

domingo, 11 de marzo de 2012

Cabecita enmarañada



¿Alguna vez habéis tenido muchas ganas de contarle algo a alguien y habéis tenido que callároslo porque sabíais que le iba a sentar mal aunque fuera algo positivo? Por miedo a su reacción… ¿En alguna ocasión habéis querido compartir algo con alguien con quien no habéis podido hablar? Porque en esos momentos no estaba cerca, estaba ocupado o estabais enfadados… ¿Le habéis contado algo a alguien esperando una reacción y obteniendo otra justamente opuesta? Yendo a comerte el mundo y que te respondan que no diste ni un mísero mordisquito… A veces por este tipo de cosas o ya visto esto, por elección propia, tendemos a callarnos muchas cosas. Esos momentos se pierden para siempre y ya nunca se recuperan y digo esto porque aunque intentes recuperarlos, ya nunca llegarán a ser iguales. Un tiempo para cada cosa y cada cosa a su debido tiempo…

No sé… Se podría decir que tengo muchos amigos, pero al igual que cada cual tiene su propia personalidad, con cada amigo soy más afin en ciertos aspectos y por tanto, no sé si son ellos, soy yo o somos ambos, tendemos a adaptarnos. Esto no consiste en, como mucha gente equivocadamente piensa, cambiar tu personalidad o dejar temas a un lado que no se deban tratar. Todo lo contrario, consiste en conocer más a la otra persona para llegar a conocerte a ti mismo y ver que a veces hay personas que, aunque sea en tan sólo un aspecto u opinión de la vida, son muy similares a ti y que por tanto, igual que se pueden compartir más unos temas, se pueden compartir todos aunque no se piense lo mismo. A eso se le puede empezar a llamar amistad... También existen un par o tres de personas con las que puedo hablar prácticamente de todo, pero supongo que a veces simplemente no es "nuestro día". Últimamente he conocido mucha gente nueva (sí, yo), las menos se quedarán, opino que seguro que ninguna. No es por ser negativa, es parte de la vida. Quizá haya quien me admita en su vida y entonces poco a poco iré recuperando lo que una vez sentí que perdí.

Esta semana tengo la cabecita enmarañada. Supongo que me están pasando demasiadas cosas a la vez y las que no puedo controlar, empiezan a ser como esos fuegos artificiales que quedan en segundo plano cuando hay otros más bonitos y que cuando los quieres apreciar, ya han desaparecido. Tengo muchas cosas que contar pero no escribo a nadie. Tengo muchas cosas que compartir pero simplemente las estoy dejando pasar. Tengo muchas personas en mente a las que contarles muchas cosas, pero para cada cual tengo un tema diferente y lo que de verdad me gustaría, es contarlo todo junto. Pero no puedo, entonces la maraña sería aún mayor y lo que comprende mi amiga "X", sé que no lo va a comprender mi amiga "Y", por lo que yo me quedaré en un punto intermedio de opiniones que será equivalente al que estoy ahora. Hay tres personitas que me han ayudado y me están ayudando. Hay otras a las que sé con seguridad que cuando les cuente algunas cosas lo harán. Y bueno, luego hay otra gente que me mete caña, espero que sin darse cuenta de lo duros que pueden llegar a ser en ese aspecto.

Aún así, he sido valiente y no lo he contado. He aguardado tanto que esa etapa de mi vida ha pasado a un segundo plano. Ahora estoy lesionada y con ibuprofeno. Ya pasará. Tengo ganas de volver a intentarlo todo y que salga bien de una vez. Es lo que me queda. Al menos por primera vez y sin que sirva de precedente, el avanzar no ha sido tan sólo parte de mi memoria, sino de unos hechos.