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domingo, 18 de septiembre de 2011

Transformando tres cuartos y otras chapucillas

Creo que el título de la entrada ya da bastante miedo de por sí, pero me he decidido a explicarlo para poder alcanzar el punto álgido del acojone. xD

Trataré de hacerme entender... Tenemos dos casas: una en la que vivimos cuatro días a la semana que es nueva pero que no nos pertenece y en la que puedo liarla porque el arreglo del destrozo me saldría casi gratis y sin consecuencias (aaaahhh, ahí te apañes, la casa no es mía, si me la regalas ya la arreglo yo xD) y otra en la que vivimos los otros tres días restantes de semana que sí es nuestra -ejem, de mis padres...- aunque es un poco vieja ya y en la que si la lío, mi madre me matará. Pero no es grave, yo creo que mientras no tire un muro de carga con la taladradora -lo cual no tendría que ser poco probable necesariamente xD-, todavía podría perdonarme en qué, ¿dos o tres décadas? Y no, yo tampoco entiendo eso de vivir tres días en una casa y cuatro en la otra cuando las casas están a una distancia de una hora en coche, pero en fin, es lo que hay, así puedo compaginarme los líos sin necesidad de verlos durante mucho tiempo seguido.

En fin, a lo que iba, comenzaremos por la casa número dos, que al ser más vieja, es la que necesita más arreglos.

Por 5 pesetas la respuesta -yo sigo con mi amor a los años ochenta-, que alguien me diga qué cosas extrañas pueden verse en esta fila de cajones. Tic-tac, tic-tac, tic-tac...


Vale, una pequeña pista, los cuatro primeros estaban en el suelo antes del arreglo. xD Podemos decir que han quedado algo mejor, ¿no? Les faltan tantos trozos por dentro, que me las vi negra para dejarlos más o menos decentes. La barrita "arreglatodo" no está mal, pero un consejo y una advertencia, no la dejéis en vuestra mano más de un minuto o tendréis un dedo extra y... Huele raro, espero que no se ofenda.

Así se quedan hasta que cambiemos la cocina -está en mente- y parece que se abren y cierran bien después de 20 días de secado.

Ahora me toca cambiar los interruptores de la luz de toda la casa y pintar todas las puertas. o_O


Siguiente punto: Quitar todos los tacos de dos habitaciones. Y parecía fácil... Nueve tacos en una y ocho en otra. ¡Bah! A mí que no me engañen, esos tacos venían de serie con las pareces, no había manera de sacarlos.

Tres tacos de la antigua cama nido -ahora cambiada por un tatami, gracias a Dios-; dos de cada lado de la cortina por las dos habitaciones, once; dos más de los "sujetacortinasocomosellamaseesoquehabía", trece y otros cuatro de los cabeceros. Ya tenemos los 17.

Entre el polvillo de sacar los tacos que iba directo a mi nariz y el cansancio, yo aquí ya veía el símbolo de la trilogía de Millennium.
























Veamos ahora un taco prácticamente desintegrado ya en el recogedor -y el joío' seguía dentro por más que tiraba encima de la escalera xD-. Hice esta foto mientras me daba la vuelta y decía "muajuajuajuajua" a sus espaldas. xDD


Bien, ahora para no dejar múltiples agujeros del tamaño del pulgar en las habitaciones, vamos a dejarlo todo mucho más bonito lleno de parches blancos encima de la pintura azul y verde. Precioso todo. Sí, me tocará pintar. No sé cómo quedará el efecto "pared de gotelé, parche liso de Aquaplast" pero... Mi madre me dice que pase de hacer gotelé en los parches y yo que soy muy obediente... La habitación azul pasará a ser gris y la verde, roja, por lo que me tocará dar al menos dos capas. Por supuesto pondré fotos del despiporre, vosotr@s tranquilos xD


Precioso... xD
















Lo mejor de todo era que, según dabas una capa de Aquaplast, el agujero la absorbía (¡chof!) y voilà, ahí estaba el agujero otra vez, ¡qué lindo! xD


Pasemos ahora a la segunda casa. Por suerte o por desgracia, aquí sólo tengo una habitación y a la otra, la de mis padres, no le meto mano siendo nueva a no ser que tenga que arreglar algo -véanse las últimas dos fotos o similares xD-.

La habitación es bonita, pero a decir verdad, no me cabe todo lo que tengo, así que con los arreglos voy a tratar de que se vea un pelín más alegre y que a la vez sea algo práctico. Más adelante veréis cómo le voy dando forma a mis ideas y la voy cagando poco a poco, jajajajajaja.

Las paredes son lisas, de un tono amarillo y tengo el frente con un papel muy chulo gris oscuro con una ojas pequeñitas como doradas. En las fotos no se ve el detalle, pero es bonito.

En la pared de esta foto voy a tratar de hacer un dibujo que vi por internet de un monstruo tocando el violín. Como veis y aunque esté lejos, siempre me acuesto y me despierto mirando a Estados Unidos (parece una versión yanki de "te voy a poner mirando pa' Cuenca xD), con mi Piper Paulie, mi Gizmo, el libro de "Cuentos para pensar" de Jorge Bucay, las llaves del coche -que hay que esconder en mi habitación para que no las pierda mi padre- y mi lámpara aún a medias. Se ve también la pata de Pochita, mi súper osa de peluche.

- Mamá: ¿Cómo la vas a llamar?
- Yo: No sé aún...
- Po' chita (pues Chita...)
- ¿Pochita? xDDDD

Al bebito le iba a poner Potarzán, pero ya va a ser mucho rizar el rizo xD


Y en esta pared, quiero hacer un vinilo raro que a la vez va a ser muy práctico. Yo me entiendo... Ya lo veréis. Voy a comprar unos percheros en Ikea para los cascos -ahí en la silla quedan un poco raros- y voy a intentar hacer otro invento para poder tener también todos los cables colocados y que no estorben y estén por ahí colgando, porque en la foto no se ven muchos, pero... Los dos cascos, el cargador del iPhone, el del P.C., dos cables para el micro, el de la UX2 -una cosa de grabar-, los dos de la mesa de mezclas, el cable del ampli, los altavoces, los cables de internet, del flexo... Por cierto, si alguien sabe qué es ese muñequito que tengo encima del flexo, le agradecería que me lo dijese. ¡Qué monas mis "flagonetas"! :)



Y bueno, este es el agujero/destrozotetirolaparedenunchantiamén que nos hicieron los vecinos con la taladradora. xD Y porque salió mi madre a decirle que nos estaba tirando media pared, que si no nos la deja como un colador. xD Sí, ahora me río, pero me parece que le va a tocar pintar aquí a la doña ¬¬

Nos puso otro parche y a tirar...

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mis queridos años '80



Sí, porque aunque pueda parecerle increíble a alguien que vea mi apariencia física en estos momentos, prácticamente he vivido toda la segunda mitad de la década de los '80 y… No nos engañemos, sin llegar a vivir las dos primeras décadas, creo que los años '50, '70 y '80 han sido las tres mejores épocas en las que se podrían haber vivido. A lo mejor en un futuro vendrán décadas mejores, pero si nos paramos a pensarlo con algo de detenimiento, del reggaeton no creo que pueda salir nada bueno… Por mucho que evolucione, como les gusta decir a Dani y Carles.

Como digo, viví los años '80 y sólo puedo recordar esta época como los mejores años de mi vida. Quizá esté un poco influenciada porque era una niña y, como tal, por aquel entonces era feliz en mi mundo sin tener que poner demasiada atención a los problemas de "los mayores" por eso mismo, porque eran problemas de "los mayores".

Los '80, aún se utilizaban vinilos… Recuerdo tener el tocadiscos en el salón de casa, justo al lado de donde poníamos el árbol por Navidad. Mi madre ponía sus vinilos -que creo, aún conservamos- mientras limpiaba, quizá de ahí me viene el gusto por la música antigua; pero algunos fines de semana, cuando yo estaba en casa jugando o no se podía salir porque hacía mal tiempo, mi madre me ponía el vinilo de los payasos de la tele. Y yo le pedía que lo pusiese una y otra vez, una y otra vez hasta que ella se cansaba y me pedía cambiarlo por otro. Entonces yo le decía que lo poníamos una vez más y luego ya pondríamos otro diferente. Algunas veces me ofrecía a ponerlo yo misma -¿rebobinar un vinilo en un tocadiscos? Suena interesante…- y en ocasiones me lo permitía siempre y cuando tuviera cuidado de colocar bien la aguja.


Pero como todo en esta vida -o después del primer párrafo mejor diremos casi todo- el vinilo evolucionó y entonces llegaron las cintas de cassette. Sí, esas que ahora los modernos consideran retro y adornan algunas camisetas, mochilas, complementos… Seguro que mi casa no era la única en la que algunos radio cassettes iban con pilas y te tocaba rebobinar la cinta con un boli -siempre Bic, que si no, no enganchaba- para no gastar todas las pilas. Recuerdo también mi primer Walkman. La gente trató de loco a Akio Morita -aunque el inventor "real" fue Andreas Pavel- cuando trató de crear un radio cassette portátil para poder escuchar música mientras caminabas por la calle. ¿Quién va a querer escuchar música por la calle? Mi primer Walkman era rojo. Aún lo tengo. Y funciona. Yo era muy pequeña y mis padres, no recuerdo muy bien si por mi cumpleaños, por Reyes o porque sí, decidieron comprarme uno. Un día era muy tarde por la noche cuando mi padre llegó con él. Yo abrí el envoltorio y vi mi Walkman.

- ¿Sabes lo que es?
- Para escuchar cintas de música donde quiera.


Nunca había visto ninguno. Nadie que conociese tenía uno, pero yo sabía que servía para eso porque dentro tenía esas dos ruedecitas que me pareció que encajaban con la forma de una cinta de cassette. Me dijeron que debía tratarlo con mucho cuidado -no hacía falta, ya me conocían- porque era muy caro y muy delicado. Sobre todo, había que intentar que no se cayese al suelo. A la mañana siguiente debía ser fin de semana porque yo bajé corriendo a explicarle a mi mejor amiga lo que tenía en casa. Subimos y después de una breve explicación, nos pusimos con la práctica. Nuestra canción favorita era la de palmitas con palmitas -palmitas con palmitas, palmitas con palmitas, dar una vuelta entera, volvamos a empezar-. Le puse los cascos a ella y…. ¿A que no sabéis lo que pasó en el momento de dar una vuelta entera? La falta de costumbre, mi amiga estrenó el Walkman estampándolo contra el suelo. Como habréis leído antes, sobrevivió… Gracias a mi Walkman, prácticamente desde mi nacimiento hasta la actualidad fui y seguramente seguiré siendo fan de Mecano, el mejor grupo de España de los años '80 y para mí, el mejor grupo español de la historia de este país, con todo mi respeto hacia los otros. Es poner una de sus canciones y, oyendo las primeras notas, transportarte automáticamente a aquella década. Automáticamente o literalmente, porque estuve en uno de sus conciertos en el año '89. Una nena que midió 52 centímetros al nacer encima de los hombros de un señor de 1'86… Una vista privilegiada.


Más tarde, nosotras también evolucionamos. ¿Quién de mi época no recuerda a Xuxa? ¡Yo tenía las zapatillas de Xuxa! Y me encantaba su pelo tan liso y tan rubio, pero yo lo tenía más largo aún. Tenía una amiga a la que veía de vez en cuando, que siempre me preguntaba si alguna vez me iba a cortar el pelo. Y yo siempre le tenía que explicar que me lo cortaba a veces, igual que ella, pero que me gustaba más así de largo. Por aquel entonces mis rizos también habían evolucionado -perdón por la repetición de la palabra, pero con el ritmo de la vida todo tiende a… ¿Evolucionar?- y se habían convertido en una melena indomable y lisa a la altura de mi trasero.

Pero volviendo a la más tierna infancia… Mama Chicho me tocaaaaa, me toca cada vez más… Vale, unas décadas después suena bastante porno, pero… Anda que no triunfaban las Mama Chicho entre los hombres de la época. A decir verdad, ahora seguirían triunfando, pero también es cierto que hay gente que no evoluciona… Esto… ¡1, 2, 3, aquí estamos con usted otra vez! Si no conoces a Ruperta -y no, no es tu médica de cabecera- o eres demasiado joven o definitivamente NO has tenido infancia. ¿El juego de la oca quizá? ¿Beso o tortazo? Yo me sé de memoria las músicas de las aperturas de las series y dibujos de televisión que veía en mi infancia.


En el terreno de los dibujos animados y descartando Pocoyo -o Pocoyó-, ¿qué series/dibujos/lo que sea hay especialmente dedicadas a los niños hoy en día? No sería tan descabellado decir que pasan directamente de Pocoyo a Hannah Montana y los Jonas brothers. Lo único que no me gustaba de ver series de dibujos de los '80 era que siempre te tenías que tragar un rato a Leticia Sabater gritando: "¡Con muuuucha maaaarcha!" entre serie y serie. Tengo su autógrafo. Pero era aguantable dada la recompensa final. Yo en mi década, tenía donde elegir. De muy pequeñita, me encantaba ver los Osos amorosos -y al que me llame pastelosa, le doy en toda la cara con uno de los peluches que aún conservo de la serie-, los Fruittis, Fraggle rock, Oliver y Benji -como buena "futbolera" que era-, los Pitufos, los Trotamúsicos -también tengo libros, aunque para leerlos tuve que esperar un poquito más-… Y lo flipaba con las Tortugas ninja y Bola de dragón Z.


De hecho, incluso fui capaz de terminar la colección de fichas de esta última serie. Son Goku y Son Gohan fueron míticos hasta que mi madre decidió tirar las fichas con todo el dolor de mi corazón argumentando que "ya era muy mayor para tener cromos". ¿Por qué? Venían cromos en los Bollycao, en las Panteras rosas, en los Bony, en su primo Tigretón -somos Bony y Tigretón, desayuno o merienda, qué más da, Bimbo va…- en los Phoskitos… Y no te veían cromos en el pan con chocolate de pura casualidad. No puedo imaginarme un recreo de pequeña si no había alguien cambiando cromos. ¡Hasta los chicles -de Boomer, por supuesto- tenían pegatinas! Anda que no habré luchado veces por completar el álbum de las Barbies para conseguir la muñeca rubia que tenía el pelo más largo. Pero a mí ya no me engañan, he crecido y sé que hay pegatinas que NO EXISTEN. Así no había manera… Bah, al fin y al cabo, a mí me gustaban mucho más las barriguitas.

Y aún con todo esto, tenías la opción de coger una cinta beta, las de los años '80 que más tarde se convirtieron en VHS y ponerte El libro gordo de Petete, Trapito o alguna peli de Disney. Si alguien es tan amable de indicarme en sencillos pasos cómo pasar una cinta beta a VHS y de VHS a cd o directamente de beta a cd, podré ver por fin cómo una mini Álex de cuatro añitos bailaba La lambada y la Bilirrubina. Las fotos, y aunque sigo siendo fan de las Polaroid de por aquel entonces, no son lo mismo.


Una última opción para los días de lluvia era la Nintendo. Bueno, no, la NES -Nintendo Entertainment System-, que sin dar tanto detalle no suena tan potente. Super Mario Bros y su amiguito Luigi, que tenían que salvar a la princesa y bla, bla, bla…


Pero en realidad, lo que de verdad, de verdad molaba de esta década, era que podías jugar en la calle hasta que anochecía. Entonces tu madre se asomaba a la ventana y te decía que debías subir ya a casa porque era de noche y ya no se veía. "Sí, mamá, hay farolas…" Vale, sí, a veces le pedías que te dejase cinco minutitos más, pero como tú no entendías cómo se miraba la hora, tu madre podía engañarte a su antojo, "cuando esta agujita esté aquí." Hmmmmm, no sé si fiarme. Lo bueno era que tu madre se ponía a hacer otra cosa mientras tanto y con la tontería solía pasar algo más de cinco minutos. Entonces te tocaba subir a casa -y cuando se iba uno, se iban todos- a ducharte y cenar para ir al colegio al día siguiente. Mi abuelo tenía mucha afición por las vueltas ciclistas, así que los camareros nos guardaban las chapas de las cervezas y los refrescos de cuando salíamos a tomar algo por la noche y nosotros nos encargábamos de pegar un papel en la chapa y ponerle el nombre de algún ciclista o futbolista -del Real Madrid, por supuesto- para jugar luego en la arena a las carreras ciclistas o al fútbol. Y claro, de tanto andar raspando los pantalones por el suelo a la altura de las rodillas, a aquello le terminaba saliendo un tomate que todas las madres solucionaban de la misma manera: rodilleras. Ahora ya nadie lleva rodilleras, las madres prefieren comprar unos pantalones nuevos que andar cosiendo o pegando con la plancha las dichosas rodilleras que, o se terminaba despegando o ya te encargabas tú de despegar para volver a recordar aquel agujero tan mono que decoraba tu rodilla. Y luego estaba la versión dos, las coderas, pero esas solían ser propiedad de los más profesionales en la materia de romper la ropa. Por eso cuando era pequeña y mis abuelos pudieron llevarme a ver el Giro que pasaba por su pueblo y vi a Induráin, fui la chica más feliz del mundo. Pasó TAN cerca de mí… La gente al verme -y como nos conocían a mi abuelo y a mí- nos empezó a dejar pasar para que yo lo viese más de cerca y mi abuelo y yo terminamos en primera fila, sentados en las gradas y a pie de meta. Lógico que luego no me quisiera ir a casa otra vez y llamase a mis padres desde el teléfono de góndola de mis abuelos, que prácticamente utilizamos en esa casa hasta hace nada, para decirles que viniesen tarde, que yo no tenía ninguna prisa por irme a casa.


Evidentemente, los juegos con las chicas eran diferentes, con ellas no solía jugar al fútbol o a subirme en los árboles y hacer cabañas -bueno, había con un par que sí, cómo las echo de menos-. Con las chicas siempre podías jugar con tu Nenuco o tu muñeco de Baby Feber -pelirrojo… Nunca me gustó la gente pelirroja hasta que…-. Los Nenuco y los Feber no hacían nada. No llevaban pilas. No hacían pis -bueno, tenían un agujerito y si les bañabas, salía agua, pero era un poco ortopédico. También salían pompas de la boca si le apretabas un brazo- pero eran los mejores muñecos del mundo aún metiéndolos contigo en la bañera y consiguiendo con esto ese pelo estropajoso que ya le quedaría de por vida en la cabeza a tu pobre muñeco. También teníamos los trolls, duendes, lo que fuese, esos que tenían un "brillante" en el ombligo y, se suponía, daban suerte. Estos no es que los conserve, es que van a pasar a formar parte de la decoración de mi futuro estudio de grabación. También teníamos tres pins, que no sé de dónde salieron -y que tengo, sííí- uno con el pelo rubio, otro con el pelo verde y otro con el pelo rosa. En principio el rosa debería haber sido para mí, pero daba mi afición por ese color, el rosa era el de mi madre, el verde el de mi padre y yo tenía el del pelo amarillo. Mi abuela se quedó con mis ponys. My little pony, de Hasbro. Todavía no puedo creerme que tenga tantas cosas de los '80 y en tan buenas condiciones.


Pero aún me queda un clásico para jugar en la calle y este es unisex. ¡La bici! daba igual que no te dejasen salir del patio de tu urbanización, yo era feliz con mi bici BXM que además compartía con mi mejor amiga -la del Walkman- porque a ella no podían comprarle una. Unas cuantas vueltas cada una y le tocaba a la otra que esperaba pacientemente como si fuera lo más épico del mundo. Cuando me iba con mis padres a algún sitio, siempre se la dejaba con la condición de que me la guardase bien en el trastero para que no me la robasen.

De todas maneras, un chicle tan sólo costaba cinco pesetas. A veces en el mismo día podías encontrarte un par de rubias -ejem, una rubia era una moneda de peseta- y eras la persona más feliz del mundo porque eso significaba que tan sólo te faltaban tres pesetas más para poder comparte un chicle. Ahora ya, si tu abuela te daba veinte duros, te daba para comprar una buena bolsa de golosinas yyyyyyyyyy… Para irte a los recreativos. Una partida en la máquina, veinticinco pesetas. La misma moneda con la que te hacías collares pasando una cuerda por el agujero que tenías y que a la semana siguiente como mucho tardar, sacabas para poder echar de nuevo una partida con tus primos en el futbolín o en la máquina de coches, mi favorita. Mi tío era generoso y siempre me daba alguna monedita de más porque sabía que a veces mis primos jugaban ellos solos en el Bubble y tenían para dos partidas cuando yo sólo tenía para una.


A ver, apuntemos si tenemos para todo: Chicles Boomer, una cantimplora que has de beberte antes de que te pille tu padre porque dice que eso es una porquería, un regaliz que me robará la vecina, unas frutas que se comerá mi madre, dos tizas porque una se la comerá mi padre, una nube para mi tía y un chupachup de los que te pintan la lengua de azul o verde. ¿Qué más? Me sobra dinero… ¡Ah! ya sé… Unos caramelos Drácula, unos verdes de melón y un helado Boomy, que hoy voy de sobrada. Estaba claro que la fruta más rica de las tres, era la naranja, la que estaba la última y siempre te acababa dejando un surquito de helado desecho por todo el palo y parte de la mano. Entonces tocaba lamer un poquito y de vez en cuando la naranja. Bueno, no sé, de niño eso resultaba complicado. Y con todo el dinero que sobraba de estos viajes a las tiendas de chuches, a los recreativos y poco más, si eras ahorrador, podrías comparte el tan deseado reloj Casio. Yo tengo dos… Algún desalmado que no sabía lo que hacía se lo quitó y se le cayó por la calle. Estaría jugando al fútbol con él o intentando cambiar de canal -¿es un rumor extendido o realmente se podía hacer eso con un reloj?-. Yo me lo encontré.


Mi infancia, los años '80, los tazos, los colgantes de chupetes, el cubo de Rubik, las zapatillas con luces, la Magic screen -esa pantallita para dibujar con un par de botones a los lados-, los tamagochi, los cuadernos Rubio, las manos de goma que se tiraban y se pegaban en todos lados, los bolis con varios colores dentro del mismo boli, Playmobil, Lego, Pin&Pon, las tabas, el Tragabolas, las canicas, la peonza, las hombreras… Todo murió el día en el que me di cuenta de que no podría recuperar ninguno de los párrafos que he escrito.