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viernes, 23 de diciembre de 2011

Por una Navidad diferente

Tengo fiebre. Yo nunca tengo fiebre. O mejor dicho, yo nunca tenía fiebre, porque esta semana mi pequeño cuerpo ha conseguido que me duelan huesos que no sabía ni que tenía. ¿Sabéis esos típicos dolores que se tienen y que son como pinchazos que recorren las partes más extrañas de tu cuerpo cuando tienes fiebre? Pues bien, esas partes son ahora mismo mis costillas, mi rodilla izquierda y un dedo del pie izquierdo que suelta un dolor que sube hasta la rodilla del mismo lado. Y la espalda. Y el cuello. Pero como digo, yo nunca tengo fiebre. Tenía. Digamos que es como mi regalo de Navidad. Todas las Navidades me pongo mala. Ya paso de preguntarle a la alergóloga si es la arizónica, la lluvia o la lotería de Navidad (con eso de que últimamente ni me acerco por asomo al número y no como antes que siempre acertaba cifras y me ponía tan contenta con 10 euros… Sí, es que encima comparto décimo.) El caso es que me pongo mala. El año pasado me tocó por partida doble. Cuando creía que sólo me iba a poner enferma una vez, con poco me conformo, y encima había sido tan pronto (un poco antes de Nochebuena, por lo que la Nochebuena la pasé en pleno auge), me volví a poner enferma en Nochevieja. Aunque a decir verdad, no me importa. No me importa que sea en estas fechas, no el hecho de estar así que siempre es un incordio. Ya dije que las Navidades y yo nos odiamos mutuamente. O nos ignoramos. O lo que sea. El caso es que para mí son días completamente normales. Bueno, miento, son días peores que los normales porque yo estoy tan tranquila, pero como veo a todo el mundo nervioso, emocionado, felicitando, consumiendo, comiendo durante una semana el cochinillo que queda del día que quedó y que volverá a quedar y que ya no se come ni el perro, me pongo nerviosa. Sí, a esto se le llama empatía, lo que pasa es que la mía es digna de estudio. Están nerviosos, yo me pongo nerviosa. Y claro, siempre hay quien te pregunta:

"¿Y qué vas a hacer?" Nada…
"¿No vas a cenar?" Pues como todos los días…
"Pero algo especial, ¿no?" Lomo y patatas congeladas.
"Venga en serio…" Es mi comida favorita.
"¿Y no vas a salir?" No…
"Digo por la noche" Ni por el día…
"Pero saldrás el 31, ¿no?" No…
"¿Y eso?" No sé, ¿ponen multa si me quedo en casa?
"Todo el mundo sale…"



Sí señores, ahí está la clave. Entradas atrás ya dije que no soy del mundo. O al menos no el mundo que conocemos hoy en día. Quizá si cambia… Pero, ¿a quién queremos engañar? Si nadie cambia un ápice a pesar de que aspectos de su vida hacen daño (y lo peor es que lo saben), ¿va a cambiar el mundo? ¿¡Y por mí!? Si soy una jodida independentista social…

Dejemos algo claro. No quiero un vestido. No me gustan los vestidos, tampoco creo que sea nada extraño. Y los que me gustan, son hippies. No son elegantes, no son largos, no son negros o rojos y no llevan brillantina. No me gusta pasar frío, no me voy a poner en tirantes y a enseñar cacha (en mi caso, clavícula) para… ¿ligar? Precisamente el día de Nochevieja. Sí, vale, ya sé que el refrán dice algo así como "año nuevo, vida nueva", pero yendo como va a mayoría ese día, no creo que sea el mejor para ligar, ya me sale bastante mal en los días denominados como "normales". La gente a la que quiero está en lugares muy variados y, la mayoría, lejanos. Siendo yo de Madrid, ellos están en: Jaén, Murcia, Barcelona, Valencia, México, Estados Unidos e incluso hasta en Filipinas o China. No tenemos el mismo horario, por lo que cuando ellos quisieran estar conmigo en ese día "tan especial", yo debería estar de fiesta. No tenemos las mismas costumbres. A pesar de todo (y de todos) y más aún por estas razones, yo prefiero pasar un día como la Nochevieja y la Navidad colgada de un teléfono o un ordenador antes que salir a pasar frío. Porque en mi día perfecto de Nochevieja no me visualizo con estas personas gastándome 100 euros para entrar en una discoteca. No me veo con desconocidos, me veo con ellos, con los que se quedan colgados al lado del otro lado del teléfono que yo descuelgo o contestan a los mensajes que yo mando. Tampoco nos veo elegantes y comiendo churros uno con la corbata en la frente, la otra con el vestido lleno de cubata y la otra… ¿Y esa otra quién coño es? Yo no la conocía antes de esta noche…

A lo mejor suena deprimente, pero en mi idea de Nochevieja ideal, están las personas a las que quiero, con la ropa que les da la gana llevar y haciendo lo que más nos apetezca en ese momento. ¿Que están enfermitos como yo? Una peli en el sofá, unas palomitas y una manta. Las últimas tres o cuatro Navidades que he pasado con mi familia materna "al completo" las pasé en un hospital. Te ponen langostinos, polvorones, cena especial de Navidad e incluso van los Reyes Magos tengas la edad que tengas. Y te dan regalos… También ponen árboles de Navidad, adornan los pasillos, hacen belenes con gasas e incluso podría ser la Navidad perfecta de no ser por eso, porque estar en un hospital es señal de que algo en la salud de alguien no va bien del todo.

Pero este año denota que mis Navidades van a ser diferentes. No podría asegurar si para bien o para mal, pero siendo yo, mejor esperarse lo segundo. Sigo adelante haciendo mis cutre-cosas para enseñaros. Tengo que poner un par de fotos de dos cosas nuevas que he hecho, aunque una ya la habéis visto todos porque soy una "cagaprisas" y la puse en el Facebook. Pero la otra me está gustado hacerla. Y me está poniendo nerviosa. A partes iguales además. Paso de decir lo de "año nuevo vida nueva" porque dudo que vaya a cambiar tanto como para poder lograr una vida nueva. Bueno, en realidad dudo que vaya a cambiar en general si no es a peor, pero si soy sincera y digo eso, sé de un par o tres que me darían de collejas… Por primera vez y puede que esta vez sí sirva de precedente, debería dejar atrás a muchas cosas y personas. Eso realmente me cuesta mucho, creo que nunca en mi vida lo hice. Eso y seguir las cosas empezadas hasta terminarlas, son cosas que nunca hice. Pero ahora estoy empezando y acabando y creo que debería adaptarlo también a las personas que no me aportan nada. A esas personas que parece que me roben la energía, porque cuanto mejor les va a ellos, peor me va a mí. A esas personas a las que siempre les sale todo perfecto (no me engañáis, aunque debo decir que os lo curráis bien y da el pego). Definitivamente y como última decisión, debo alejar a esas personas criptonita de mi vida…

sábado, 10 de diciembre de 2011

La lista de los Reyes

Sí, la de los visigodos, porque otra cosa...

Y es que ya se acerca... No, el clásico ese que nos tiene a todos desquiciados no (si el caso es que, pase lo que pase, lo único que va a haber son piques -no confundir con Piqué- e insultos, no sé para qué tanta euforia...). Se acerca la Navidad.

Este año había decidido tomármela de forma diferente. Normalmente me la tomo con bastante pasotismo, pero como ella sigue viniendo para joderme un poco más cada año (por otra parte, como el fútbol y mira que este últimamente se está llevando todos los premios gordos, el reintegro y hasta la pedrea), había pensando en darle un toque diferente y artístico al tema para no pensar tanto en lo que es la Navidad y/u otros. O bueno, quizá debería decir lo que es la Navidad en mi familia. Nuevas ideas, ideas diferentes, ideas originales, conceptos que ni siquiera estuvieran unidos con la fecha...

Aunque este año por unas cosas y otras al final ha resultado ser uno de los peores años para mí en vísperas de estas grandes fechas, desgana, desilusión, pena, miedo, falta de confianza, de amistad y de todo en general, hice mis planes según lo previsto. Lo previsto, en palabras de mi madre, suele ser: "Eres increible, no sé cómo lo haces". :) En ella fue en quien pensé primero. En cómo "compensarle" esta Navidad a la única persona que queda a mi lado. A ella no le gusta mucho la Navidad. De hecho, cuando a mí aún me gustaba, era la que me recordaba todo lo malo de ella. Al final, supongo que medio por costumbre, medio por caérseme la venda de los ojos y lo que queda del porcentaje, por el mero hecho de crecer, fui aliándome a su mismo pensamiento y ahora es ella quien me recuerda que en esta época también hay cosas buenas. Yo no las veo, pero debe haberlas. Juntas perdimos a gente a la que recordamos y que nos hace falta. Pero eso lo recordamos cada día, no nos hace falta que venga la fiesta del gordo vestido de rojo o los amigos del camello para que nos acordemos. Esa persona que siempre está ahí es mi madre, y aunque sé que no puedo darle nada con lo que poder compensar nada en concreto cuando encima se empeña en que a ella no se le hacen regalos, sé que hay muchas cosas que le gustan. Entre ellas, le gusta mucho la decoración sencilla y original, en este caso, la decoración de Navidad. La fecha es la época perfecta para comprar cosas originales y decorativas (y por suerte y no como en años pasados, no tan evidentes de la época y que brillen hasta dejarte ciego. Mírese el bazar chino más cercano a su casa...)

Siempre le gustaron los árboles originales (el nuestro es negro, pero como diría una gran amiga, sin "brilli-brilli" :P) y, como siempre quiso ella, con todos los adornos del mismo color.


A decir verdad, tampoco tuve mucho trabajo, pero creo que no ha pasado un día en el que no me haya dicho unas 5 ó 6 veces lo mucho que le gusta el árbol de este año. :)

Mi segunda parte del recorrido de ideas fue algo bastante original que me encontré un día cualquiera de los muchos en los que me pongo a navegar cuando me aburro o no hay mucha gente para charlar. Sí, ya sé que no hay mucha gente que aguante despierta hasta las 6 ó 7 de la mañana, pero me hace ilusión cuando esto pasa. Más aún si es por mí.

A decir verdad, una idea similar rondaba por mi cabeza antes de encontrarme justo con la idea concreta (¿el destino?) sólo que por algunas partes cogeaba un poco y por otras superaba lo que vi. Había empezado hacía unos días a elaborarlo todo, pero aún así, (gracias autoestima por conseguir mermarme siempre) decidí hacer llevar a cabo directamente la idea que había encontrado y no la mía. Era de una página que estaba en inglés, idioma con el que no me llevo muy bien, pero resultaba bastante fácil de entender lo que había que hacer aún sin tener instrucciones nada precisas: unas casas iluminadas. Lo peor en mi caso llegaría en la parte de "iluminadas", pero... Mi pueblo mola. La inspiración para hacer este tipo de casas le vino a la persona a quien se las vi fabricadas(no sé si será una chica) de las casas renacentistas del siglo XVI en su país natal, Alemania. Para que no haya confusiones y malos entendidos (aunque no creo que ese blog sea leido por mucha gente), debo decir que la idea, como dije, no es mía y tiene copyright de: dream home decorating. Aún me quedan por hacer un par o tres de ellas más altas y listo, pueblo terminado.


Simplemente las hice, subí las luces del árbol del trastero para ver cómo quedaban iluminadas a falta de leds y a los pocos días encontré en una tienda de al lado de mi pueblo las velas de leds exactas a las que necesitaba. Y encima baratas. Como dije antes, mi pueblo mola.

Pero bueno, soy yo y no iba a parar ahí... Luego comencé a pensar que tres casas sin más... ¡Voy a buscar más ideas! Y claro, quien busca encuentra. Ya que estaba, hice un pueblo. Pensé en que sería muy bonito compartir la idea y hacer algo así con o por alguien, pero como no tengo a nadie cerca, las "hice para vosotros". El día que no hablé con Anna, hice la casita azul y roja. El día que me pasé entero hablando con Nata, hice la negra. Cuando hablé con Zeben, hice la de colores más vivos... Pensé en todos vosotros al hacer cada casita. Cada una es epecial por alguien y no por algo. Digamos que es mi pueblo de gente que no va a estar conmigo en Navidad. ¿O sí...? Me pasé un día entero haciendo el tejado modelo perfecto para ser clonado en diferentes colores. La idea es de un blog llamado: evencleveland. No sé si tendrán también copyright, pero como creo que ellos venden estas casitas, prefiero ponerlo aunque mi idea no sea otra que la que os he contado.

***Haciendo los tejados***


***Casa roja***



***Casa verde y azul***



***Casa negra y azul***



***Casa azul y roja***







Sí, ya sé que parecen las setas de los pitufos. Son tan... ¡Pitufantes! Si tuviera pitufos en miniatura no dudaría un segundo en ponerlos en las casitas, pero... Soy una cutre y sólo tengo figuritas de los Simpson. Al final me estoy medio picando conmigo misma y he comprado un par de farolas que también se iluminan y unos árboles nevaditos. Ahora iba a hacer (idea de mi madre, que al final también le han gustado y se ha aficionado a animarme. Mala idea, si conmigo misma tengo más que suficiente xD) una especie de suelo, carretera, plataforma... ¿Alguna idea? Cuando hice la foto aún no había comprado los leds suficientes para todas (es lo que tiene ser aún niña de paga, que debes esperar a la próxima semana para poder pagarlo todo. Tipo plazos pero el interés consiste en llegar cuando lo han vendido y quedarte sin ello).

Mientras tanto, ayer me entretuve en hacer la lista de los Reyes. Una vez hecha la de mis amigos, quedaba yo. Sí, soy un poco flipada y todas las cosas que puse en mi Facebook (y algunas otras) son las que me compraría si tuviese dinero. Los regalos de los demás son secreto, pero es una tienda tan especial, que seguro que yo también caigo. Y con todo el equipo... Anna, a ver si te animas a dejarte de una vez.

Apuntad, tengo próximos retos en mente. Y dije reto"S".


Bueno, entonces, ¿me acompañáis estas fiestas?

sábado, 26 de noviembre de 2011

Soy rara

Raro, ra. (Del lat. rarus).

1. adj. Que se comporta de un modo inhabitual.
2. adj. Extraordinario, poco común o frecuente.
3. adj. Escaso en su clase o especie.
4. adj. Insigne, sobresaliente o excelente en su línea.
5. adj. Extravagante de genio o de comportamiento y propenso a singularizarse.


Y es así. Aunque... Ya hace un tiempo empiezo a no tener claro si es algo de lo que la sociedad me ha intentado convencer o simplemente de tanto escuchárselo decir a los demás, lo he terminado adoptando como uno de los ragos que me describen. Sea como sea, sigo siendo rara y sigue siendo uno de los principales rasgos que describen mi personalidad -pasaremos por alto la timidez esta vez-.

Supongo que una de las características de mi rareza es que nunca he tenido dónde encasillarme. No soy la típica persona que se espera de esta sociedad. Bueno, de hecho a veces no creo ni pertenecer a la sociedad. A pesar de que, por suerte, el mundo está cambiando y evolucionando -dejemos atrás también ciertos acontecimientos, ejem...- y ahora se pueden ver más tipos de "etiquetas" y "grupos" en los que poner a cada persona como si de soldaditos en el frente se tratara.


Me gusta llevar calzoncillos, pero no creo que nadie pudiese considerarme una "marimacho". Palabra MUY fea, por cierto. Los uso, me gusta el fútbol, siempre jugué, me encanta el Real Madrid, me gustan los videojuegos, amo las motos, siempre voy directa a la ropa de hombre... Pero no creo que una persona que me viese por primera vez me metiese en este grupo.

Hace poco leí un artículo sobre chicas que tocaban la guitarra en el cual decía que era raro la chica que tocase la guitarra y no fuera lesbiana o al menos bisexual. Toco la guitarra. No me considero ni lesbiana ni bisexual. Simplemente me enamoro de una personalidad y, aunque haya gente que continúe sin creer esto, a mí me sucede. Hace menos tiempo aún leí otro artículo más detallado y algo parecido al otro que hablaba sobre chicas que tocaban la guitarra. Decía algo así como que: Si tocas la guitarra clásica (cuerdas de nylon) eres hetero. Si tocas la acústica de cuerdas de metal eres bisexual y si tocas la eléctrica eres lesbiana. Digamos que no lo encontré buscando artículos de la Universidad de Harvard, ¿vale? Dicho artículo viene a confirmar lo que os decía antes: me enamoro de una persona y de su personalidad. Tengo una guitarra clásica, otra acústica y otra eléctrica.

Volviendo otra vez al tema estético... Mezclo estilos. Uso gafas de pasta desde el año '88 (ahora que venga el listo de turno a decirme que soy una moderna cuando las uso antes de que él naciera... En fin...) típicas de modernos. Me gusta todo el estilo de los años '80, mis años, la ropa, la música. Típico de modernos. Visto hippie. Pero también con pantalones anchos. Me gusta la ropa skater y la deportiva. Me encantan las gorras y los gorros. Cada vez tengo una colección más extensa como extenso también es el cabreo de mi madre con tanto trasto. Moderna, hippie, skater, deportiva...

Además y con respecto al look, también sería justo apuntar que: He llevado rastas (las cuales quiero repetirme, aunque un par o tres de nuevo), el pelo azul, rizado, liso, rubio, moreno, castaño (y todo sin tintes, flipante mi pelo camaleónico), mechones rubio pollo (estos sí teñidos), trenzas, trenzas de colores...

Ya sé lo que estáis pensando, "jodida perro-flauta..." Pues sí... También podría encasillárseme en este grupo, pero nunca me gustaron las etiquetas. Por ello siempre me gustó respetar a los demás aunque ellos no sean capaces de respetarme a mí. Al menos así fue hasta este año. Eso fue lo que aprendí de mis padres, que ninguno es diferente por haber nacido en otro lugar, opinar diferente, o acostarse con una persona con la que tú no te acostarías.

"Cuando yo soy la primera rara y la primera diferente, no soy nadie para juzgar a nadie."

martes, 22 de noviembre de 2011

"Te compro una hora" y "Los niños estaban solos"

Hoy tengo una entrada especial para mi amiga Isa. Isa es una de las pocas personas que aguantan lo cansina que puedo llegar a ser y que, aún así, siempre tiene una palabra bonita para decirme por Face o escribirme en el blog.

Gracias Isa.

Espero que te gusten ambos cuentos. Puse dos para que tú, y otras personas que los lean, escojáis el más bonito de los dos. El primero lo encontré en internet buscando cuentos y fábulas que poder dedicarte. El segundo ya lo conocía, es del libro "Cuentos para pensar" de Jorge Bucay, libro que descansa sobre mi mesilla de noche. A veces me da por leer algunos de esos cuentos de manera independiente, dependiendo del día.

Aunque aún nos conocemos "poco", creo que en cierto modo, ambas podemos vernos identificadas con la primera historia. Supongo que tiene su propia moraleja, pero la que yo he visto a sido más o menos: "Álex, si quieres que alguien esté junto a ti, tendrás que empezar a ahorrar y hacer que se hagan cuenta de que quieren estar junto a ti".

En la segunda historia, mi moraleja es más sencilla y breve y puede ser contestada con un simple refrán que todos conocemos: "Quien quiera peces, que se moje el culo". Lo que no hagamos nosotros por nosotros mismos... Y a veces, estamos tan solos que no nos queda otra.


Te compro una hora


Tito era un niño tenía once años. El niño era estudioso, normal y cariñoso con sus padres. Pero el niño le daba vueltas a algo en la cabeza. Su padre trabajaba mucho, ganaba bien y estaba todo el día en sus negocios. El hijo le admiraba porque "tenía un buen puesto".

Cierto día el niño esperó a su padre, sin dormirse, y cuando llegó a casa, le llamó desde la cama:

– Papá –le dijo- ¿cuánto ganas cada hora?
– Hijo, no sé, bastante. Pon, si quieres, seis euros. ¿Por qué?
– Quería saberlo.
– Bueno, duerme.


Al día siguiente, el niño comenzó a pedir dinero a su mamá, a sus tíos, a sus abuelos. En una semana tenía 5 euros. Y al regresar otro día, de noche, su padre, le volvió a llamar el niño:

– Papá, dame un euro que me hace falta para una cosa muy importante...
– ¿Muy importante, muy importante? Tómalo y duerme.
– No, papá, espera. Mira. Tengo seis euros. Tómalos. ¡Te compro una hora! Tengo ganas de estar contigo. De hablar contigo. A veces me siento muy solo. Y tengo envidia de otros chicos que hablan con su padre...

El padre le abrazó.





Los niños estaban solos

Su madre se habia marchado por la mañana temprano y los habia dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de unos pocos pesos.
Desde que el padre habia muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermaba o se ausentaba de la ciudad.
Cuando el novio de la jovencita llamo para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudo demasiado. Despues de todo los niños estaban durmiendo como cada tarde y no se despertarian hasta las cinco.
Apenas escucho la bocina cogió su bolso y descolgó el telefono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en el bolsillo. Ella no queria arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque despues de todo tenia solo seis años y en un descuido podia tropezar y lastimarse. Ademas, pensó, si eso sucediera, ¿como le explicaria a su madre que el niño no la habia encontrado?
Quizás fue un cortocircuito en el televisor encendido o alguna de las luces de la sala, o tal vez una chispa en el hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rapidamente alcanzo la escalera de madera que conducia a los dormitorios.
La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho salto de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.
De todos modos, si lo hubiera conseguido, el y su hermanito de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos.
Pancho grito llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Asi que corrio al telefono que habia en el cuarto (el sabia como marcar el numero de su mama) pero no habia linea.
Pancho se dió cuenta que debia sacar a su hermanito de alli. Intento abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aun debia soltar la malla de alambre que sus padres habian instalado como proteccion.
Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo:
"¿Como pudo ese niño tan pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero?
¿Como pudo cargar al bebe en la mochila?
¿Como pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el arbol?
¿Como pudo salvar su vida y la de su hermano?"

El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta:

-Panchito estaba solo... No tenia a nadie que le dijera que no iba a poder.





Un beso.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Mañana será otro día

Hoy, el día en que he descubierto que la chica guapa es una Choni camuflada y con cara de pan; en que me he dado cuenta de que la que creía una antipatía encubierta es realmente una mala hostia del copón; hoy… Ha sido el día de las señales.

Bueno, realmente ese día comenzó antes de ayer. Llamé por fin a la peluquería para cortarme estas greñas que tengo. El caso es que dije que nunca me volvería a dejar el pelo tan largo porque antes, cuando era pequeña, lo tenía siempre por debajo del trasero. Pero de vez en cuando me dan ticks a la cabeza y una locura transitoria hace que haga cosas muy sorprendentes. ¡Hoy variaré el sabor del chicle! Muerte a la fresa, ¡viva la menta! Uy, pica… En fin, como iba diciendo… Que a veces me da por tomar decisiones estúpidas o sin venir a cuento y decidí que a los 18 años me cortaría por fin el pelo. Así lo hice. Y lo mantenía más o menos en el mismo largo, pero entre las vacaciones, los viajes de una casa a la otra, las cosas que hacer, la pereza que hago para estas cosas y que mi peluquera ha estado enfermita, tengo una coleta de dimensiones épicas. De hecho, cuando llegamos ayer a casa, inmortalicé tal acontecimiento haciéndome una foto con el iPhone para despedirme de ella. Esta mañana, tal y como pronostiqué hace semanas, estaba mala. Sí, lo veía venir, tantos nervios no pueden ser buenos para nadie, pero especialmente a mí me hacen trizas. No pude ir a la peluquería y mi coleta sigue ahí.

He de decir que esa ha sido otra de las señales. El típico día frío, de viento, de mucha lluvia, nublado… ¿Sabéis ese típico día que no te levantarías de la cama ni para comer? Pues no me he levantado de la cama. Ni para comer. Apenas he comido. Ni he cenado, pero eso ya es otra historia. Uno de los viajes relámpago más desaprovechados y desastrosos de mi vida al menos ha servido para que mi madre sí pudiera ir a la peluquería y aprovechásemos el día. Mientras tanto, yo he aprovechado para discutir sobre cosas que no me importan, darme cuenta de que al no importarme se vuelven en mi contra y a quedarme dormida entre mareo, discusión y dolor infernal.

Mientras tanto, mi madre ha venido muy sofocada de la peluquería. Yo sabía que algo raro pasaba, pero estaba como si me hubiesen dado una paliza, así que sólo he podido mirarla con ojitos de: "Mami, m'han matau, ¡defiéndeme!"

- Se ha roto en cristal del coche. Se ha metido para dentro, lo he ido a sacar y se ha reventado.




Luego dice que es mi abuela quien lo suelta siempre todo nada más sucede aunque sea algo que, se supone, no se puede contar... Pero mira, el cristal como yo, otro reventado en la familia… Reventado. Analizando los planes desde la cama, yo lo veía todo muy negro, pero como bien dice Facebook, el negro combina con todo. Así que probaríamos a ir enferma en el coche en un viaje de una hora con apenas grados a 120 km./h. (ya, 120 km./h. Ni en triciclo va mi padre a 120) con una gran tarde de mochila a mis espaldas y con la ventanilla de mi lado abierta.

Bueno… Mi madre se ha currado la pobre un invento muy chulo. Ha cogido una especie de papel como de material plástico del que se pone debajo de la tarima del suelo para que ajusten bien las baldas de tarima entre ellas y lo ha pegado con celo a la ventanilla por un lado, a las dos puertas de ese lado del coche por el otro y también, para reforzar, lo ha pillado cerrando la puerta con el plástico a presión. Mi madre iba para arquitecta, pero… Sin menospreciar a los pobres asiáticos de los bazares -como diría Silvia, "los chinos" quizá mal bautizados para el resto del mundo-, su pseudo celo podría pasar perfectamente por lazo de raso. Eso no pega y sumado a la velocidad del pie de mi padre en el acelerador y las jodidas curvitas que tan bien me venían para el mareo y la flojera, a menos de un tercio de camino el plástico a petado y ha empezado a salir un chorro de frío que ni en el Dragón Khan cuesta abajo. He corrido el riesgo de morir asfixiada por el segundo abrigo de mi madre -su segunda equitación xD- entre lo que me tapaba ella y lo que me tapaba yo por el biruji. Al rato hemos parado para ver qué leches podíamos hacer y mientras tanto, yo no tenía ganas ni de hablar. Me dolía la tripa, la cabeza, tenía frío y estaba pensando en lo que no tenía que pensar, en las discusiones de esa misma tarde. Entonces mi madre ha sacado del maletero el parasol de la luna delantera del coche para pillarlo con la puerta a ver si funcionaba -invento final, ¿nos os he dicho que mi madre es una artista?- y yo me he quedado en shock. A mi izquierda, en el muro de cemento que separa las dos autopistas, había una frase con letras mayúsculas en spray verde que ponía:

"MAÑANA SERÁ OTRO DÍA"

Sí, podríamos haber parado un metro más adelante donde ya no había mediana u otro por detrás donde, con un árbol, no la habría visto; pero hemos parado justo ahí, justo al lado de esa frase. Y es cierto, mañana será otro día. Lo que pasa es que nadie me ha puesto otra frase al continuación para asegurarme que ese otro día que es mañana, vaya a ser un día mejor.

sábado, 19 de noviembre de 2011

He vuelto a coger la guitarra.

Sí, así es. Suena bien, pero por muy bien que suene, no es algo bueno. He vuelto a coger todos mis bártulos y por primera vez desde hace bastante tengo y también por primera vez desde que tengo el Mac, me he puesto a grabar sonidos con la guitarra. Hacía tanto que no la tocaba que, al poco tiempo, el dolor era insoportable en los dedos, pero a pesar de todo, he seguido tocando. Es… Como una forma masoquista que tengo de empezar de cero. Lo había dejado de hacer porque creía que me iba bien y me despejaba la mente de otras maneras. La verdad es que, cada vez que cojo la guitarra después de mucho tiempo, siento que comienzo de cero. Otra vez. De nuevo. Y una vez más. Y continuo sintiendo que no será la última vez. La realidad es que empecé a tocar en una época de mi vida en la que estaba hundida, supongo que por eso el paralelismo. Mis amigas durante 16 años habían decidido que nuestra amistad no valía nada en tan poco tiempo que yo no fui capaz de darme ni cuenta. Normalmente lo que hago en estos casos es arrastrarme y permitir que me pisen con tal de recuperar lo perdido a pesar de que lo perdido no valga nada. A pesar también de que yo no haya tenido la culpa y a pesar de todo. No me gusta perder lo que tengo hasta esos momentos puesto que "lo tengo" y me gusta cuidarlo, sea bueno o sea contraproducente para mí. Pero en ese momento ni siquiera estaba para pensar en mí, así que supuse que la amistad duradera era un paso y que quizá podrían ser ellas las que por una vez en la vida me ayudasen a mí. Me equivoqué.

Aún así no escarmiento y sigue pasándome. Ahora, supongo que por no confiar en nadie -y además continuo comprobando que con razón aunque me duela- rebajo las edades de pérdida de la amistad. De los 16 a los 6, de los 6 al año, del año…

Más o menos con unos 22-23 años, estaba tan en el fondo en lo que se refiere a mi vida amistosa, nula académica y en la que a la familiar se refiere, pasándola en un hospital -no sé si decir que de visita era "afortunadamente"- que decidí comprarme la guitarra. Tendría una amiga, me haría lesbiana y pasaría de enamorarme de sentimientos a ser una ameba enamorada del sonido que emitía una simple madera. No la había dejado hasta ahora. Supongo que, más que cogerla con fuerza, se podría decir que los demás me habían dejado con fuerza a mí.




He vuelto a coger la guitarra.

Sí, así es. Suena bien, pero...

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cosas que no se recuperan

Últimamente siento un especial interés por los cuentos para niños que hacen pensar a los adultos. O los cuentos para adultos expresados desde la mirada de un niño. O los cuentos con metáfora, infantiles, con moraleja... Bueno, da igual, leedlo. :)


"Una chica estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un aeropuerto y como debía esperar un largo rato decidió comprar un libro y también un paquete de galletitas­.

Se sentó para descansar y poder leer. En el asiento de enfrente se sentó un hombre que abrió una revista y empezó a leerla.

Entre ellos quedaron las galletitas.

Cuando ella tomó la primera, el hombre también tomó una.

Ella se sintió indignada, pero no dijo nada y pensó: "Qué descarado, me dan ganas de darle una bofetada para que nunca más se le olvide".

Cada vez que ella tomaba una galletita, el hombre también tomaba una. Aquello la enfurecía tanto que no conseguía concentrarse en la lectura ni reaccionar.

Cuando apenas quedaba una galletita pensó: "¿Qué hará ahora este abusón?"

Entonces, el hombre dividió la última y dejó una mitad para ella.

¡No! Aquello le pareció demasiado… Se puso a bufar de rabia, le lanzó una mirada asesina, cerró su libro y se dirigió al sector de embarque.

Cuando se sentó en el avión, miró en su bolso y para sorpresa suya… ¡Ahí estaba su paquete de galletitas, intacto!

Sintió una gran vergüenza al percibir cuán equivocada estaba. ¡Había olvidado que sus galletitas estaban guardadas en su bolso! El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso, consternado ni alterado y ya no había tiempo ni posibilidades para explicarlo o pedir disculpas.

Pero sí había tiempo para razonar: ¿Cuántas veces en nuestra vida deberíamos observar mejor? ¿Cuántas cosas no son exactamente como pensamos acerca de las personas?

Y recordó que existen cuatro cosas en la vida que no se recuperan:
Una piedra después de haber sido lanzada.
Una palabra después de haber sido proferida.
Una oportunidad después de haberla perdido.
El tiempo después de haber pasado."

domingo, 13 de noviembre de 2011

Como papel arrugado


Mi carácter impulsivo, cuando era niña, me hacía reventar de cólera a la menor provocación que sufría. La mayor parte de las veces, después de uno de éstos incidentes, me sentía avergonzada y me esforzaba por consolar a quien había dañado tan duramente con mi comportamiento y mis palabras. Una vez de adulta, ya con valores y principios de vida, reventaba en cólera ante la mentira, la intriga, la conspiración, el egoísmo, las ofensas...  

Un día un maestro, que me vio sola y triste en un rincón, me preguntó:
- ¿Qué te ocurre?

Yo le expliqué que alguien me había herido fuertemente y que, cuando me pidió perdón, no le acepté sus disculpas, ya no quería ser su amiga, pero que mi actitud me hacía sentir mal.

Mi maestro me llevó a su despacho, me entregó una hoja de papel liso y me dijo:
– Toma este papel y estrújalo todo lo fuerte que puedas hasta formar una pelota de papel.

– Asombrada, obedecí e hice con la hoja de papel una bola apretada.

– Ahora, estíralo y vuelve a dejarlo como estaba.

Por supuesto, no pude hacerlo. Por más que lo intenté alisar, el papel quedó lleno de arrugas y pliegues.

– El corazón de las personas -me dijo mi maestro-, es como este papel. La impresión que dejan en ellos tras heridas fuertes te queda tan grabada que es difícil volver a dejar el corazón como estaba. Perdonas dejas pasar pero no olvidas.

Desde entonces, cuando lo necesito, arrugo un papel.

Cuentos para crecer

viernes, 28 de octubre de 2011

Terremoto

Hace unos años, vi una película en la tele. Sin más importancia, una simple película de las que ves un Domingo aburrido por la tarde sentada en el sofá con una mantita y que tienes la suerte de no haber visto aún en cualquier otra tarde aburrida de Domingo. En realidad sólo recuerdo una ciudad -estadounidense, esto no lo recuerdo, pero todo el mundo sabe que todas las películas que emiten los Domingos están grabadas en Estados Unidos por Copyright xD- que estaba destrozada por cualquier desastre increíble acontecido; léase ciclón, terremoto, maremoto, tsunami, tornado, etc.; a un niño colgando de una puerta con el vacío a sus pies y un metro que descarrilaba.

La semana pasada, para ser exactos el fin de semana pasado, volvieron a emitir esa misma película en la tele. Como no era Domingo sino Sábado, no la vi.



Hoy soy y el tren que descarrila. O al que hacen descarrilar.

Ahora hay dos opciones: volverlo a encarrilar o dejarlo como está y seguir adelante. Lo malo es que… No sé como termina la película, porque como dije, no la vi el pasado fin de semana. La emitieron un Sábado y eso va en contra de mi visión común de ver pelis aburridas en un día que no sea Domingo. Sólo recuerdo que salía Jennifer Garner, a quien mi madre llama cariñosamente orejillas porque tiene unos pies muy grandes -no, joé, las orejas, creo que estaba claro-. Pero vamos, siendo una peli estadounidense -ya se me ha metido en la cabeza- seguramente terminará con un final escandalosamente bueno y feliz, con algún que otro disgustillo porque si no, ¡vaya tomadura de pelo! y con la estación de Metro completamente repuesta a los pocos meses. Y digo meses porque no eran asiáticos, sino les bastaba con un par de días, ¡eso es organización y progreso!

Por cierto, la película se llamaba: Aftershock: Earthquake in New York, o lo que es lo mismo en España, Terremoto en New York.

Está realizada en Estados Unidos y evidentemente trata sobre un terremoto. Aún no sé cómo termina.

martes, 11 de octubre de 2011

"Neometrosexual"

Después de lo que voy a escribir ahora va a parecer que no es así, pero me encantan esos vídeos que circulan por internet en los que las chicas -y algún que otro chico- hablan sobre sus básicos en cuidado facial. He de reconocer, que no comprendo del todo su acepción exacta de "básicos" con eso de: "…primero me echo un agua termal que hace que el maquillaje se fije mejor, después me pongo la crema hidratante justo antes de echarme la prebase para después darme la base de maquillaje y justo encima, el maquillaje corrector que…" WTF! Espera, espera porque creo que me he perdido. Repite a partir de agua termal. U "…Hoy he salido de compras y me he comprado esta sombra de ojos dorada. Porque tenía otra de otra marca pero esta tiene más matices…" Entonces se dan un poco de ambas en una mano, enfocan a cámara y… ¡Tachán! Soy daltónica. Las veo iguales. Voy a por las otras gafas (gafapasta xD). Nah, siguen siendo iguales. Serán mis gafas… Entre eso y que temo que con mi experiencia con respecto al maquillaje si me comprase una sombra de ojos parecería Drack Lady Gaga de resaca en un Lunes, como que no me animo.

Vamos a exponer la situación. Soy pálida, tengo ojeras, siempre tengo cara de Lunes -aunque no de Lady Gaga. Desafortunadamente-. Con esto nos hacemos una idea de cómo soy- y además la alergia, culpable de todo lo anterior, me obsequia también con unos preciosos picores provocados por alergias varias, por ejemplo, al agua. Pica. Pica mucho. Y una -yo- se aguanta. Se aguanta. Y se rasca. Y eso aún dejando a un lado alguna enfermedad más que tuve que sufrir en mis carnes, nunca mejor dicho. Este año me decidí a probar cosas nuevas por si alguna resultaba ser eficaz y podía dejar de lado el botecito de crema de Polaramine -para las picaduras de mosquito y similares-.

Hoy presento mis ¿básicos?

El primer maquillaje que utilicé en mi vida fue este:

Maquillaje Astor perfect finish powder



Según la dependienta, parecía una crema pero quedaba como efecto polvos. Según mi madre y yo, como si no me hubiese echado nada porque en ocasiones me dejaba más pálida de lo que ya estaba. Justo lo contrario de lo que pretendía. ¿Solución? Comprar uno más oscuro. Con el paso del tiempo y las diferentes pruebas, me pasé a los fluidos y cambié de marca, aunque me quedé con una cosa de Astor que me encanta.

Pintalabios Astor soft sensation



Vi un pintalabios en el neceser de mi madre que me gustó mucho porque, aunque aparentemente era marrón muy oscuro, al dártelo parecía simplemente brillo. Fui a la tienda y le dije a la dependienta -la misma-: "Quiero un color parecido a este". Debío ser la única vez que acertamos a la primera. Bueno, con el Astor y también con este otro:

Pintalabios Russian red de Mac



No sé si será un instinto natural que tengo a la hora de elegir pintalabios (jajajajajaj) o que con este último ya sabía claramente a por lo que iba. En fin, me encantan ambos y los intercambio según el día. Normalmente en plan discreto uso el Astor y en los días en los que me da igual el mundo -¿dónde va una chica de 16 -ejem, 26 en Marzo- con esos morros tan coloraos'?, me llevo el Mac en el bolsillo del pantalón.

***Un apunte, ayer vi en la tele que se llevan las coletas muy tirantes y los labios muy rojos. Ays, si es que voy a la moda y yo sin saberlo…***

Veo que empecé la casa por el tejado, como es costumbre en mí… Primero los toques extras y ahora, lo realmente básico. Veamos… En la tienda me dijeron que, aunque es conveniente que todo el mundo se de una crema hidratante adecuada para su tipo de piel cada día -sí, ya, cada día, a veces se me olvida que he comido y vuelvo a comer, me voy a acordar yo…- o incluso dos veces al día -que sí…- no es realmente necesario si eres joven. Claro, que también me dijo que era recomendable empezar a darse cremas antiarrugas a los 24 y que a mí me faltaban al menos diez años aún cuando supero esta edad por casi dos años xD Bueno, a lo que iba, que me despistáis… Yo por si acaso y aunque había tenido otras cremas muy buenas que me daba cuando me parecía, me decidí a probar algo nuevo, bajé al Mercadona ahora que lo tengo casi al lado de casa y me compré esto:

Fluido hidratante para pieles grasas de Deliplús



Bueno, ¿bonito? y barato, no testan en animales, huele bien y es iol free (sin aceites).

Viendo que la marca parecía estar bien en cuanto a calidad-precio al menos en este producto facial que me había comprado y que tenía más productos oil free me tiré a la piscina -¡eh! Que aún sigo con la paga de 15 euros de mi abuela, para mí comprar tres cosas aunque sean baratas es tirarse a la piscina…- y me compré:

Exfoliante desincrustante pieles grasas de Deliplús (oil free)






















Mascarilla facial para pieles grasas de Deliplús (oil free)



De alérgica que se cuida poco-nada a neometrosexual, debo decir que, parece que no, pero el cambio se nota. Me pica mucho menos la cara, aunque siempre seré alérgica y me seguirá picando. Pero bueno, para eso tengo que dar aún el paso de convertirme en conejillo de Indias de algun@ alergólog@ que se anime a meterme mano… con esto de las alergias, claro.

El exfoliante mola. Es blanco con bolitas azules que se te meten en las uñas de los dedos de la mano. Es… Como restregarte la cara con arena de la playa pero pagando como si fueras estúpida xD No soy estúpida, soy madrileña, ¿vale? xD

La mascarilla aún me gusta más. Es blanca y me encanta el efecto Cásper de verme sólo los ojos y la boca de "mi color", que tampoco es que sea mucho más moreno. Sí, me la doy de madrugada, antes de irme a la cama. Como algún día haya que salir corriendo por algo, los de mi edificio lo iban a flipar. O lo mismo me encuentro con más de un@ así y nos ponemos a comentar otras marcas mientras masticamos afanadamente el pepino de los ojos. xD

Hay otra cosa más que me gustaría aclarar. Tengo ojeras, pero también tengo bolsas. La gente no suele distinguir ambos términos y todo el mundo tiene ojeras. Dejémoslo claro, las bolsas suelen ser esos surcos de piel que salen debajo de los ojos. Como piel sobrante con forma de U que no hace nada ahí, tan sólo ese efecto antiestético de arruga como si de una viejecita se tratase. Las ojeras son el color que rodea tu ojo que, cuando es más oscuro que tu piel, se marca más y hace que se vean tus ojos como si te hubieses dado mal la sombra negra o si te acabases de despertar sin haberte desmaquillado la noche anterior. Pueden ser de color negro, marrón, violeta… Y también pueden ser producidas por varias causas como: dormir poco, herencia, alergias -la madre que las…-

Yo había estado utilizando un antiojeras de la marca Comodynes, pero era bastante trabajoso para lo vaga que soy yo para estas cosas. Cuando venía mi profesor de autoescuela a buscarme dos horas antes, me acababa de levantar y se me juntaban mis ojeras naturales con las del madrugón, no me podía poner a darme el antiojeras, esperar a que se secase y luego darme el maquillaje que venía con el antiojeras. Además, es lo de siempre, los antiojeras no tapan las ojeras sin más, necesitas un maquillaje y si te das maquillaje solamente en los ojos siendo muy pálida y no te das nada en la cara, serás la misma mapache que si no te das absolutamente nada. El segundo que me compré fue el famoso roll-on antiojeras con cafeína de Garnier:



Volvemos a lo de antes, era un liquidito como agua espesa pero no quitaba las ojeras.

Fui a la tienda -a otra- y la chica, muy maja ella, muy joven, muy guapa y muy todo, me aconsejó un contorno de ojos que era drenante muy bueno. "¿Cuánto vale?" 176 euros. Vale, mañana vengo, bonita. o_O A ver, que si no te digo mi edad, piensas que estoy en la E.S.O., no lo flipes. Me fui -otra vez- al Mercadona:



Debo decir que este no me ha gustado nada. Es como darte una crema hidratante. Pero para darme eso, ya me doy yo mi crema hidratante normal… Escucho consejos, pronto se me gastará y tengo que buscar más opciones que no impliquen empezar a trabajar para quitarme las bolsas y las ojeras.

Por ahora lo mejor que tengo es:


Antiojeras Forget it de Biotherm


Es caro, pero tapa las ojeras ya que es maquillaje y además parece que cunde bastante. Es lo único que he podido encontrar.


Por último, otra cosa que dijeron el otro día que está de moda y que también se me está agotando y quiero cambiar. La mujer de la tienda -una tercera, soy una chica de mundo xD- me lo debió dar medio seco, porque si no yo no me lo explico…:

Máscara de pestañas hypo gloss de Essence



Antes usaba esas de dos colores con las que primero te maquillas las pestañas de blanco que parece que te ha nevado encima y luego el negro y le hacía aire a mi madre en la cara con las pestañas. Ahora esto me las deja raras. Se me ha metido en la cabeza el Colossal volum express de Maybelline…

domingo, 18 de septiembre de 2011

Transformando tres cuartos y otras chapucillas

Creo que el título de la entrada ya da bastante miedo de por sí, pero me he decidido a explicarlo para poder alcanzar el punto álgido del acojone. xD

Trataré de hacerme entender... Tenemos dos casas: una en la que vivimos cuatro días a la semana que es nueva pero que no nos pertenece y en la que puedo liarla porque el arreglo del destrozo me saldría casi gratis y sin consecuencias (aaaahhh, ahí te apañes, la casa no es mía, si me la regalas ya la arreglo yo xD) y otra en la que vivimos los otros tres días restantes de semana que sí es nuestra -ejem, de mis padres...- aunque es un poco vieja ya y en la que si la lío, mi madre me matará. Pero no es grave, yo creo que mientras no tire un muro de carga con la taladradora -lo cual no tendría que ser poco probable necesariamente xD-, todavía podría perdonarme en qué, ¿dos o tres décadas? Y no, yo tampoco entiendo eso de vivir tres días en una casa y cuatro en la otra cuando las casas están a una distancia de una hora en coche, pero en fin, es lo que hay, así puedo compaginarme los líos sin necesidad de verlos durante mucho tiempo seguido.

En fin, a lo que iba, comenzaremos por la casa número dos, que al ser más vieja, es la que necesita más arreglos.

Por 5 pesetas la respuesta -yo sigo con mi amor a los años ochenta-, que alguien me diga qué cosas extrañas pueden verse en esta fila de cajones. Tic-tac, tic-tac, tic-tac...


Vale, una pequeña pista, los cuatro primeros estaban en el suelo antes del arreglo. xD Podemos decir que han quedado algo mejor, ¿no? Les faltan tantos trozos por dentro, que me las vi negra para dejarlos más o menos decentes. La barrita "arreglatodo" no está mal, pero un consejo y una advertencia, no la dejéis en vuestra mano más de un minuto o tendréis un dedo extra y... Huele raro, espero que no se ofenda.

Así se quedan hasta que cambiemos la cocina -está en mente- y parece que se abren y cierran bien después de 20 días de secado.

Ahora me toca cambiar los interruptores de la luz de toda la casa y pintar todas las puertas. o_O


Siguiente punto: Quitar todos los tacos de dos habitaciones. Y parecía fácil... Nueve tacos en una y ocho en otra. ¡Bah! A mí que no me engañen, esos tacos venían de serie con las pareces, no había manera de sacarlos.

Tres tacos de la antigua cama nido -ahora cambiada por un tatami, gracias a Dios-; dos de cada lado de la cortina por las dos habitaciones, once; dos más de los "sujetacortinasocomosellamaseesoquehabía", trece y otros cuatro de los cabeceros. Ya tenemos los 17.

Entre el polvillo de sacar los tacos que iba directo a mi nariz y el cansancio, yo aquí ya veía el símbolo de la trilogía de Millennium.
























Veamos ahora un taco prácticamente desintegrado ya en el recogedor -y el joío' seguía dentro por más que tiraba encima de la escalera xD-. Hice esta foto mientras me daba la vuelta y decía "muajuajuajuajua" a sus espaldas. xDD


Bien, ahora para no dejar múltiples agujeros del tamaño del pulgar en las habitaciones, vamos a dejarlo todo mucho más bonito lleno de parches blancos encima de la pintura azul y verde. Precioso todo. Sí, me tocará pintar. No sé cómo quedará el efecto "pared de gotelé, parche liso de Aquaplast" pero... Mi madre me dice que pase de hacer gotelé en los parches y yo que soy muy obediente... La habitación azul pasará a ser gris y la verde, roja, por lo que me tocará dar al menos dos capas. Por supuesto pondré fotos del despiporre, vosotr@s tranquilos xD


Precioso... xD
















Lo mejor de todo era que, según dabas una capa de Aquaplast, el agujero la absorbía (¡chof!) y voilà, ahí estaba el agujero otra vez, ¡qué lindo! xD


Pasemos ahora a la segunda casa. Por suerte o por desgracia, aquí sólo tengo una habitación y a la otra, la de mis padres, no le meto mano siendo nueva a no ser que tenga que arreglar algo -véanse las últimas dos fotos o similares xD-.

La habitación es bonita, pero a decir verdad, no me cabe todo lo que tengo, así que con los arreglos voy a tratar de que se vea un pelín más alegre y que a la vez sea algo práctico. Más adelante veréis cómo le voy dando forma a mis ideas y la voy cagando poco a poco, jajajajajaja.

Las paredes son lisas, de un tono amarillo y tengo el frente con un papel muy chulo gris oscuro con una ojas pequeñitas como doradas. En las fotos no se ve el detalle, pero es bonito.

En la pared de esta foto voy a tratar de hacer un dibujo que vi por internet de un monstruo tocando el violín. Como veis y aunque esté lejos, siempre me acuesto y me despierto mirando a Estados Unidos (parece una versión yanki de "te voy a poner mirando pa' Cuenca xD), con mi Piper Paulie, mi Gizmo, el libro de "Cuentos para pensar" de Jorge Bucay, las llaves del coche -que hay que esconder en mi habitación para que no las pierda mi padre- y mi lámpara aún a medias. Se ve también la pata de Pochita, mi súper osa de peluche.

- Mamá: ¿Cómo la vas a llamar?
- Yo: No sé aún...
- Po' chita (pues Chita...)
- ¿Pochita? xDDDD

Al bebito le iba a poner Potarzán, pero ya va a ser mucho rizar el rizo xD


Y en esta pared, quiero hacer un vinilo raro que a la vez va a ser muy práctico. Yo me entiendo... Ya lo veréis. Voy a comprar unos percheros en Ikea para los cascos -ahí en la silla quedan un poco raros- y voy a intentar hacer otro invento para poder tener también todos los cables colocados y que no estorben y estén por ahí colgando, porque en la foto no se ven muchos, pero... Los dos cascos, el cargador del iPhone, el del P.C., dos cables para el micro, el de la UX2 -una cosa de grabar-, los dos de la mesa de mezclas, el cable del ampli, los altavoces, los cables de internet, del flexo... Por cierto, si alguien sabe qué es ese muñequito que tengo encima del flexo, le agradecería que me lo dijese. ¡Qué monas mis "flagonetas"! :)



Y bueno, este es el agujero/destrozotetirolaparedenunchantiamén que nos hicieron los vecinos con la taladradora. xD Y porque salió mi madre a decirle que nos estaba tirando media pared, que si no nos la deja como un colador. xD Sí, ahora me río, pero me parece que le va a tocar pintar aquí a la doña ¬¬

Nos puso otro parche y a tirar...

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mis queridos años '80



Sí, porque aunque pueda parecerle increíble a alguien que vea mi apariencia física en estos momentos, prácticamente he vivido toda la segunda mitad de la década de los '80 y… No nos engañemos, sin llegar a vivir las dos primeras décadas, creo que los años '50, '70 y '80 han sido las tres mejores épocas en las que se podrían haber vivido. A lo mejor en un futuro vendrán décadas mejores, pero si nos paramos a pensarlo con algo de detenimiento, del reggaeton no creo que pueda salir nada bueno… Por mucho que evolucione, como les gusta decir a Dani y Carles.

Como digo, viví los años '80 y sólo puedo recordar esta época como los mejores años de mi vida. Quizá esté un poco influenciada porque era una niña y, como tal, por aquel entonces era feliz en mi mundo sin tener que poner demasiada atención a los problemas de "los mayores" por eso mismo, porque eran problemas de "los mayores".

Los '80, aún se utilizaban vinilos… Recuerdo tener el tocadiscos en el salón de casa, justo al lado de donde poníamos el árbol por Navidad. Mi madre ponía sus vinilos -que creo, aún conservamos- mientras limpiaba, quizá de ahí me viene el gusto por la música antigua; pero algunos fines de semana, cuando yo estaba en casa jugando o no se podía salir porque hacía mal tiempo, mi madre me ponía el vinilo de los payasos de la tele. Y yo le pedía que lo pusiese una y otra vez, una y otra vez hasta que ella se cansaba y me pedía cambiarlo por otro. Entonces yo le decía que lo poníamos una vez más y luego ya pondríamos otro diferente. Algunas veces me ofrecía a ponerlo yo misma -¿rebobinar un vinilo en un tocadiscos? Suena interesante…- y en ocasiones me lo permitía siempre y cuando tuviera cuidado de colocar bien la aguja.


Pero como todo en esta vida -o después del primer párrafo mejor diremos casi todo- el vinilo evolucionó y entonces llegaron las cintas de cassette. Sí, esas que ahora los modernos consideran retro y adornan algunas camisetas, mochilas, complementos… Seguro que mi casa no era la única en la que algunos radio cassettes iban con pilas y te tocaba rebobinar la cinta con un boli -siempre Bic, que si no, no enganchaba- para no gastar todas las pilas. Recuerdo también mi primer Walkman. La gente trató de loco a Akio Morita -aunque el inventor "real" fue Andreas Pavel- cuando trató de crear un radio cassette portátil para poder escuchar música mientras caminabas por la calle. ¿Quién va a querer escuchar música por la calle? Mi primer Walkman era rojo. Aún lo tengo. Y funciona. Yo era muy pequeña y mis padres, no recuerdo muy bien si por mi cumpleaños, por Reyes o porque sí, decidieron comprarme uno. Un día era muy tarde por la noche cuando mi padre llegó con él. Yo abrí el envoltorio y vi mi Walkman.

- ¿Sabes lo que es?
- Para escuchar cintas de música donde quiera.


Nunca había visto ninguno. Nadie que conociese tenía uno, pero yo sabía que servía para eso porque dentro tenía esas dos ruedecitas que me pareció que encajaban con la forma de una cinta de cassette. Me dijeron que debía tratarlo con mucho cuidado -no hacía falta, ya me conocían- porque era muy caro y muy delicado. Sobre todo, había que intentar que no se cayese al suelo. A la mañana siguiente debía ser fin de semana porque yo bajé corriendo a explicarle a mi mejor amiga lo que tenía en casa. Subimos y después de una breve explicación, nos pusimos con la práctica. Nuestra canción favorita era la de palmitas con palmitas -palmitas con palmitas, palmitas con palmitas, dar una vuelta entera, volvamos a empezar-. Le puse los cascos a ella y…. ¿A que no sabéis lo que pasó en el momento de dar una vuelta entera? La falta de costumbre, mi amiga estrenó el Walkman estampándolo contra el suelo. Como habréis leído antes, sobrevivió… Gracias a mi Walkman, prácticamente desde mi nacimiento hasta la actualidad fui y seguramente seguiré siendo fan de Mecano, el mejor grupo de España de los años '80 y para mí, el mejor grupo español de la historia de este país, con todo mi respeto hacia los otros. Es poner una de sus canciones y, oyendo las primeras notas, transportarte automáticamente a aquella década. Automáticamente o literalmente, porque estuve en uno de sus conciertos en el año '89. Una nena que midió 52 centímetros al nacer encima de los hombros de un señor de 1'86… Una vista privilegiada.


Más tarde, nosotras también evolucionamos. ¿Quién de mi época no recuerda a Xuxa? ¡Yo tenía las zapatillas de Xuxa! Y me encantaba su pelo tan liso y tan rubio, pero yo lo tenía más largo aún. Tenía una amiga a la que veía de vez en cuando, que siempre me preguntaba si alguna vez me iba a cortar el pelo. Y yo siempre le tenía que explicar que me lo cortaba a veces, igual que ella, pero que me gustaba más así de largo. Por aquel entonces mis rizos también habían evolucionado -perdón por la repetición de la palabra, pero con el ritmo de la vida todo tiende a… ¿Evolucionar?- y se habían convertido en una melena indomable y lisa a la altura de mi trasero.

Pero volviendo a la más tierna infancia… Mama Chicho me tocaaaaa, me toca cada vez más… Vale, unas décadas después suena bastante porno, pero… Anda que no triunfaban las Mama Chicho entre los hombres de la época. A decir verdad, ahora seguirían triunfando, pero también es cierto que hay gente que no evoluciona… Esto… ¡1, 2, 3, aquí estamos con usted otra vez! Si no conoces a Ruperta -y no, no es tu médica de cabecera- o eres demasiado joven o definitivamente NO has tenido infancia. ¿El juego de la oca quizá? ¿Beso o tortazo? Yo me sé de memoria las músicas de las aperturas de las series y dibujos de televisión que veía en mi infancia.


En el terreno de los dibujos animados y descartando Pocoyo -o Pocoyó-, ¿qué series/dibujos/lo que sea hay especialmente dedicadas a los niños hoy en día? No sería tan descabellado decir que pasan directamente de Pocoyo a Hannah Montana y los Jonas brothers. Lo único que no me gustaba de ver series de dibujos de los '80 era que siempre te tenías que tragar un rato a Leticia Sabater gritando: "¡Con muuuucha maaaarcha!" entre serie y serie. Tengo su autógrafo. Pero era aguantable dada la recompensa final. Yo en mi década, tenía donde elegir. De muy pequeñita, me encantaba ver los Osos amorosos -y al que me llame pastelosa, le doy en toda la cara con uno de los peluches que aún conservo de la serie-, los Fruittis, Fraggle rock, Oliver y Benji -como buena "futbolera" que era-, los Pitufos, los Trotamúsicos -también tengo libros, aunque para leerlos tuve que esperar un poquito más-… Y lo flipaba con las Tortugas ninja y Bola de dragón Z.


De hecho, incluso fui capaz de terminar la colección de fichas de esta última serie. Son Goku y Son Gohan fueron míticos hasta que mi madre decidió tirar las fichas con todo el dolor de mi corazón argumentando que "ya era muy mayor para tener cromos". ¿Por qué? Venían cromos en los Bollycao, en las Panteras rosas, en los Bony, en su primo Tigretón -somos Bony y Tigretón, desayuno o merienda, qué más da, Bimbo va…- en los Phoskitos… Y no te veían cromos en el pan con chocolate de pura casualidad. No puedo imaginarme un recreo de pequeña si no había alguien cambiando cromos. ¡Hasta los chicles -de Boomer, por supuesto- tenían pegatinas! Anda que no habré luchado veces por completar el álbum de las Barbies para conseguir la muñeca rubia que tenía el pelo más largo. Pero a mí ya no me engañan, he crecido y sé que hay pegatinas que NO EXISTEN. Así no había manera… Bah, al fin y al cabo, a mí me gustaban mucho más las barriguitas.

Y aún con todo esto, tenías la opción de coger una cinta beta, las de los años '80 que más tarde se convirtieron en VHS y ponerte El libro gordo de Petete, Trapito o alguna peli de Disney. Si alguien es tan amable de indicarme en sencillos pasos cómo pasar una cinta beta a VHS y de VHS a cd o directamente de beta a cd, podré ver por fin cómo una mini Álex de cuatro añitos bailaba La lambada y la Bilirrubina. Las fotos, y aunque sigo siendo fan de las Polaroid de por aquel entonces, no son lo mismo.


Una última opción para los días de lluvia era la Nintendo. Bueno, no, la NES -Nintendo Entertainment System-, que sin dar tanto detalle no suena tan potente. Super Mario Bros y su amiguito Luigi, que tenían que salvar a la princesa y bla, bla, bla…


Pero en realidad, lo que de verdad, de verdad molaba de esta década, era que podías jugar en la calle hasta que anochecía. Entonces tu madre se asomaba a la ventana y te decía que debías subir ya a casa porque era de noche y ya no se veía. "Sí, mamá, hay farolas…" Vale, sí, a veces le pedías que te dejase cinco minutitos más, pero como tú no entendías cómo se miraba la hora, tu madre podía engañarte a su antojo, "cuando esta agujita esté aquí." Hmmmmm, no sé si fiarme. Lo bueno era que tu madre se ponía a hacer otra cosa mientras tanto y con la tontería solía pasar algo más de cinco minutos. Entonces te tocaba subir a casa -y cuando se iba uno, se iban todos- a ducharte y cenar para ir al colegio al día siguiente. Mi abuelo tenía mucha afición por las vueltas ciclistas, así que los camareros nos guardaban las chapas de las cervezas y los refrescos de cuando salíamos a tomar algo por la noche y nosotros nos encargábamos de pegar un papel en la chapa y ponerle el nombre de algún ciclista o futbolista -del Real Madrid, por supuesto- para jugar luego en la arena a las carreras ciclistas o al fútbol. Y claro, de tanto andar raspando los pantalones por el suelo a la altura de las rodillas, a aquello le terminaba saliendo un tomate que todas las madres solucionaban de la misma manera: rodilleras. Ahora ya nadie lleva rodilleras, las madres prefieren comprar unos pantalones nuevos que andar cosiendo o pegando con la plancha las dichosas rodilleras que, o se terminaba despegando o ya te encargabas tú de despegar para volver a recordar aquel agujero tan mono que decoraba tu rodilla. Y luego estaba la versión dos, las coderas, pero esas solían ser propiedad de los más profesionales en la materia de romper la ropa. Por eso cuando era pequeña y mis abuelos pudieron llevarme a ver el Giro que pasaba por su pueblo y vi a Induráin, fui la chica más feliz del mundo. Pasó TAN cerca de mí… La gente al verme -y como nos conocían a mi abuelo y a mí- nos empezó a dejar pasar para que yo lo viese más de cerca y mi abuelo y yo terminamos en primera fila, sentados en las gradas y a pie de meta. Lógico que luego no me quisiera ir a casa otra vez y llamase a mis padres desde el teléfono de góndola de mis abuelos, que prácticamente utilizamos en esa casa hasta hace nada, para decirles que viniesen tarde, que yo no tenía ninguna prisa por irme a casa.


Evidentemente, los juegos con las chicas eran diferentes, con ellas no solía jugar al fútbol o a subirme en los árboles y hacer cabañas -bueno, había con un par que sí, cómo las echo de menos-. Con las chicas siempre podías jugar con tu Nenuco o tu muñeco de Baby Feber -pelirrojo… Nunca me gustó la gente pelirroja hasta que…-. Los Nenuco y los Feber no hacían nada. No llevaban pilas. No hacían pis -bueno, tenían un agujerito y si les bañabas, salía agua, pero era un poco ortopédico. También salían pompas de la boca si le apretabas un brazo- pero eran los mejores muñecos del mundo aún metiéndolos contigo en la bañera y consiguiendo con esto ese pelo estropajoso que ya le quedaría de por vida en la cabeza a tu pobre muñeco. También teníamos los trolls, duendes, lo que fuese, esos que tenían un "brillante" en el ombligo y, se suponía, daban suerte. Estos no es que los conserve, es que van a pasar a formar parte de la decoración de mi futuro estudio de grabación. También teníamos tres pins, que no sé de dónde salieron -y que tengo, sííí- uno con el pelo rubio, otro con el pelo verde y otro con el pelo rosa. En principio el rosa debería haber sido para mí, pero daba mi afición por ese color, el rosa era el de mi madre, el verde el de mi padre y yo tenía el del pelo amarillo. Mi abuela se quedó con mis ponys. My little pony, de Hasbro. Todavía no puedo creerme que tenga tantas cosas de los '80 y en tan buenas condiciones.


Pero aún me queda un clásico para jugar en la calle y este es unisex. ¡La bici! daba igual que no te dejasen salir del patio de tu urbanización, yo era feliz con mi bici BXM que además compartía con mi mejor amiga -la del Walkman- porque a ella no podían comprarle una. Unas cuantas vueltas cada una y le tocaba a la otra que esperaba pacientemente como si fuera lo más épico del mundo. Cuando me iba con mis padres a algún sitio, siempre se la dejaba con la condición de que me la guardase bien en el trastero para que no me la robasen.

De todas maneras, un chicle tan sólo costaba cinco pesetas. A veces en el mismo día podías encontrarte un par de rubias -ejem, una rubia era una moneda de peseta- y eras la persona más feliz del mundo porque eso significaba que tan sólo te faltaban tres pesetas más para poder comparte un chicle. Ahora ya, si tu abuela te daba veinte duros, te daba para comprar una buena bolsa de golosinas yyyyyyyyyy… Para irte a los recreativos. Una partida en la máquina, veinticinco pesetas. La misma moneda con la que te hacías collares pasando una cuerda por el agujero que tenías y que a la semana siguiente como mucho tardar, sacabas para poder echar de nuevo una partida con tus primos en el futbolín o en la máquina de coches, mi favorita. Mi tío era generoso y siempre me daba alguna monedita de más porque sabía que a veces mis primos jugaban ellos solos en el Bubble y tenían para dos partidas cuando yo sólo tenía para una.


A ver, apuntemos si tenemos para todo: Chicles Boomer, una cantimplora que has de beberte antes de que te pille tu padre porque dice que eso es una porquería, un regaliz que me robará la vecina, unas frutas que se comerá mi madre, dos tizas porque una se la comerá mi padre, una nube para mi tía y un chupachup de los que te pintan la lengua de azul o verde. ¿Qué más? Me sobra dinero… ¡Ah! ya sé… Unos caramelos Drácula, unos verdes de melón y un helado Boomy, que hoy voy de sobrada. Estaba claro que la fruta más rica de las tres, era la naranja, la que estaba la última y siempre te acababa dejando un surquito de helado desecho por todo el palo y parte de la mano. Entonces tocaba lamer un poquito y de vez en cuando la naranja. Bueno, no sé, de niño eso resultaba complicado. Y con todo el dinero que sobraba de estos viajes a las tiendas de chuches, a los recreativos y poco más, si eras ahorrador, podrías comparte el tan deseado reloj Casio. Yo tengo dos… Algún desalmado que no sabía lo que hacía se lo quitó y se le cayó por la calle. Estaría jugando al fútbol con él o intentando cambiar de canal -¿es un rumor extendido o realmente se podía hacer eso con un reloj?-. Yo me lo encontré.


Mi infancia, los años '80, los tazos, los colgantes de chupetes, el cubo de Rubik, las zapatillas con luces, la Magic screen -esa pantallita para dibujar con un par de botones a los lados-, los tamagochi, los cuadernos Rubio, las manos de goma que se tiraban y se pegaban en todos lados, los bolis con varios colores dentro del mismo boli, Playmobil, Lego, Pin&Pon, las tabas, el Tragabolas, las canicas, la peonza, las hombreras… Todo murió el día en el que me di cuenta de que no podría recuperar ninguno de los párrafos que he escrito.